Revista Viernes

‘Beauty and the Beast’, grandioso remake

Dan Stevens y Emma Watson en una escena de ‘Beauty and the Beast’ (2017).
Dan Stevens y Emma Watson en una escena de ‘Beauty and the Beast’ (2017). Imagen de cortesía

Grandioso, iluminado, espectacular es el centenario cuento que Disney devuelve a la vida con actores e imágenes reales. Olvídese de las versiones que ha visto: el remake musical que hoy nos trae Bill Condon es simplemente la fábula de La Bella y la Bestia.

He aquí la leyenda romántica que rompe poco antes de ocurrir el hechizo, con el engreído príncipe Adam en medio de un baile palaciego de vistosa coreografía. Más allá, en la pequeña aldea, todo es música, gracia, ritmo y color, y al centro la tierna relación de Belle (Emma Watson) y su padre Maurice (Kevin Kline) —incluso se nos abrirá una ventanita al dramático pasado de esta familia.

Los bailes y canciones al tono del musical de Broadway —con banda sonora de Alan Menken—, las galanterías de las mujeres en torno al presumido Gastón (Luke Evans), y su inseparable Le fou (Josh Gad) devoto de pasión por su héroe, quien solo se gusta a sí mismo, colorean la vida pueblerina en primavera. Pero hay un eterno invierno atravesando el bosque, en el palacio de la bestia que muere por falta de amor, donde una rosa en una campana de cristal se deshoja y marchita lentamente.

Los personajes encantados del palacio: el distinguido candelabro Lumière; el reloj de chimenea Din Don; Madame de Garderobe, el armario; la señora tetera, la dama de blanco plumaje, Plumette —que nos guarda al final una pequeña sorpresa—; y Cadenza, un clavicordio desdentado que aporta el filme, todos están realmente encantados por la imaginación.

La gran secuencia musical de Be our Guest, el clímax con la pelea de la Bestia y Gastón entre los picos de las torres y pasadizos aéreos del castillo y un brillante broche final donde aparece Emma Thompson, son pasajes fascinantes. Aquí no hay “escenas gay” sino un encantador sentido del humor que fluye naturalmente, como el de la señora armario en son de guerra estridente, con sus cintas multicolores, transmutando a dos rústicos aldeanos en emperifolladas damas de salón al tiempo que les grita: “¡sean libres!”. Y si hay una transgresión es la del viejo cuento de hadas sacado del cajón polvoriento y puesto a volar por las alturas de la libertad creativa y el espectáculo.

El filme se estrena en los cines del circuito comercial.

@pilarinayuso

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