Revista Viernes

‘Tarde para la ira’, contenida e implacable venganza

Ruth Díaz y Antonio de la Torre en una escena de ‘Tarde para la ira’ (2016).
Ruth Díaz y Antonio de la Torre en una escena de ‘Tarde para la ira’ (2016). Imagen de cortesía

El premio Goya, 2017, llamado en inglés The Fury of a Pacient Man, se lo llevó la ópera prima del actor Raúl Arévalo (Los amantes pasajeros), que escribe junto a David Pulido. Cine negro, con ecos de los años 1970, en 16 milímetros, es un thriller con triángulo amoroso, inmerso en marginal ambiente costumbrista, que encierra una venganza contenida e implacable.

La cámara va nerviosa, de un lado a otro, en busca de los rostros de los personajes. Estos son los amigos que se reúnen en el madrileño bar de Juanjo (Raúl Jiménez) y la hermana Ana (Ruth Díaz), cuyo novio Curro (Luis Callejo), cumple cárcel por participar en el atraco a una joyería. Está también José (Antonio de la Torre), un outsider, al que el dueño del bar le ha tomado afecto. Las psicologías de los personajes, y un magnífico secundario (Manolo Solo), emergen, se desdoblan; la línea entre el bien y el mal, el bueno y el villano, se desdibuja. Lo que prevalece es la furia de un hombre; la fría revancha calculada, lenta pero aplastante.

El filme comienza bien, como un thriller (con el intenso plano secuencia del robo que no vemos, desde el punto de vista de un auto) y termina mejor, con la cadencia de un Western. Primero nos ubica, luego nos agarra y nos arrastra enérgicamente por un argumento tenso, centrado y eficaz, con actores que se pierden en la piel de sus personajes.

El filme se estrena en MDC Tower Theater.

@pilarinayuso

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