‘La reina de los jueves’: una coreografía de la ilusión
La reina de los jueves, película más reciente del experimentado cineasta cubano Orlando Rojas, que obtuviera el Gran Premio como Mejor Documental del Festival de Cine de Miami en 2016, regresa este viernes 30 de junio al MDC’s Tower Theater para su estreno comercial.
El filme, que participara también en los festivales de Guadalajara, Austin y Nueva York, indaga en la accidentada biografía de Rosario Suárez, conocida también por sus admiradores como Charín, quien iniciara su carrera profesional de bailarina a los 15 años –como parte de la primera generación formada por la prestigiosa escuela del Ballet Nacional de Cuba, dirigida por Alicia Alonso– y se convirtiera, tras muchos años de sacrificio, en una leyenda del ballet cubano y universal; puesto que, por razones extraartísticas, fue relegada a bailar fuera del programa oficial de los fines de semana, conquistando el seudónimo de “la reina de los jueves”.
Orlando Rojas nos cuenta un relato de exclusión, desigualdad e injusticia, al tiempo que concibe un fino ensayo sobre la malevolencia de un sistema social que concedió privilegios a unos pocos, haciendo evidentes los desmanes de un poder vertical que aspira a ser eterno, y otros caprichos revolucionarios como el culto a la personalidad y el nepotismo. Esto queda claro en uno de los pasajes del documental cuando Charín confiesa que al ganar la Medalla de Oro en el Festival de Ballet de Varna, la Prima Ballerina Assoluta, le entregó un ramo de rosas, la besó en la mejilla y le susurró con saña al oído, “cuidado, tienen espinas”. De modo que asistimos prácticamente a una función de ballet clásico –valga el guiño paratextual como valor artístico añadido– cuya trama nos habla del enfrentamiento entre el Bien y el Mal, de cisnes blancos y otros negrísimos, de enquinas y celos profesionales, del mundo del arte como campo de batalla.
Ante semejante historia el Nuevo Herald se acercó a Rojas, para conocer los detalles: “Desde que llegué a Miami en el 2003, después de ganar la Beca Guggenheim para hacer una película sobre los artistas cubanos en el exilio, ya venía con la idea de hacer este filme sobre la vida de Charín. En alguna de mis visitas anteriores a festivales de cine acá en los Estados Unidos, antes de decidir exiliarme yo también, había discutido con ella esa posibilidad”, explicó el cineasta. Luego, cuando le preguntamos a qué se debía tanta empatía y si se reconocía en ella como individuo y artista lejos de su tierra, añadió: “Charín y yo nos conocemos desde la adolescencia. Hemos sido muy buenos amigos. Tenemos trayectorias de vida muy semejantes. Sin habernos puesto de acuerdo nunca, hemos estado metidos en las mismas trincheras. Las trincheras de la libertad y la honestidad en la creación artística. Ella en su medio y yo en el mío. Ambos hemos tratado de ser fieles a nosotros mismos, a la manera de concebir la obra artística con la máxima independencia de los poderes políticos y económicos que lo rodean. Esa filosofía nos ha creado adversarios similares y, muchas veces, hemos enfrentado las mismas murallas para lograr nuestros objetivos”, declaró con absoluta confianza el también co-guionista de este biopic junto a Dennis Scholl y Abilio Estévez.
Charín sale del Ballet Nacional de Cuba y funda el Ballet Teatro de La Habana, primera institución creada al margen de la oficialidad revolucionaria, quizás el primer paso en falso que la ubicó en el nicho de la disidencia, como una artista rebelde, inconforme e independiente. Tras la efímera existencia de esa compañía, se fue a España donde le negaron el asilo político, por lo que logra ingresar a los Estados Unidos con una “visa especial para personas con talentos excepcionales”, estableciéndose finalmente en Miami, la capital del exilio cubano.
Aquí funda primero la compañía del Ballet Cubano de Miami, que no duró mucho tiempo. Más tarde, el Rosario Suárez Ballet y, por último la Rosario Suárez Dance Academy, dedicándose a la docencia, lo cual demuestra que es una mujer emprendedora, de fuerza indetenible, una artista que no se cansa de buscar su lugar en el mundo, respaldada por su sólida formación, experiencia, talento y dotes histriónicas, que la llevaron a ser catalogada por la crítica especializada como una de las Giselle más perfectas, y la mejor Coppelia del mundo.
De pronto, deslizo una provocación, ¿entonces se trata de un relato melancólico sobre el fracaso y la frustración? a la que Rojas, responde con agilidad y firmeza: “Todo lo contrario. La película parte de la idea de que hay muchos mercaderes del arte, pero muy pocos artistas. Los triunfos sólo pueden valorarse a partir de los fracasos. Siempre se vuelve a cero, siempre se vuelve a empezar. En esa lucha por la perfección, en esa batalla con los poderes que siempre quieren un arte a su servicio, el artista está condenado a ‘sufrir’. Pero, no hay otra, de esas luchas viene la felicidad. El verdadero tema es la necesidad de la lucha, del esfuerzo para ser un artista verdadero. El talento no es todo, y todas las sociedades suelen ser injustas con el artista más entregado”, expresa Rojas en un derroche de humanidad y sabiduría.
Como artista consciente de su propia obra, comparte también otro de los resortes dramáticos, predominantes en su filmografía: “En la mayoría de mis películas anteriores, casi siempre los protagonistas deben enfrentarse solos al mundo. David lucha por su libertad de decidir frente al grupo (machista) de sus compañeros de aula en Una novia para David (1985); Mirtha se enfrenta a Rosa (el poder del grupo de teatro) y a la consigna oficial de promover sólo a los jóvenes en Papeles secundarios (1989). Hernán se enfrenta a los designios de la abuela y de toda la familia en Las noches de Constantinopla (2001). Harry Belafonte choca contra el racismo en Estados Unidos, al empezar su carrera artística en mi otro largometraje documental A veces miro mi vida (1982), que de alguna manera es el antecedente de La reina… Esa batalla en solitario es también el asunto detrás de la historia de Charín”, afirma el también programador del Tower Theater de la Pequeña Habana.
Después de hablar de su trayectoria y los temas de su cine, se me ocurrió preguntarle si acaso este documental pudiera considerarse como una continuidad de Papeles Secundarios, respecto al dilema de la ética entre profesionales del espectáculo, a lo que contestó sorprendido: “No se me había ocurrido, pero es una buena comparación. Hay quien dice que uno siempre hace la misma película. La única gran diferencia es que Papeles… tenía detrás todo el empaque de una industria que no estaba en declive, mientras que La Reina de los jueves es una obra absolutamente íntima, personal, sin ninguna industria detrás. La otra diferencia es que Papeles… era un latido del cerebro, esta es un latido del corazón”.
Este valioso audiovisual es un documento de valor contrahistórico, que hurga en los entretelones de una institución tan poderosa como el Ballet Nacional de Cuba a cargo de la no por célebre menos tiránica figura de Alicia Alonso. Allí tenemos acceso a la carrera artística de Rosario Suárez (Charín), mediante una entrevista a la artista, imágenes de archivo y videos de ballets como Carmen, Rara Avis y Tarde en la siesta, además de los ya mencionados, que la consagraron como bailarina, sin contar los sucesos del Maleconazo en la Habana de 1994, cuyas imágenes demuestran las tensiones políticas en la isla.
Pero este documental tardó trece años en fraguar, a propósito de lo cual Rojas enumeró varias razones: “Estuve esperando que algo grande surgiera en la vida profesional de Charín, una vez que decidió abandonar el Ballet Nacional de Cuba. Que sucediera en el exilio algo que estuviera a la altura de su genio, su tenacidad y su fuerza. Estuvimos esperando que la película tuviera, digamos, un final feliz. Pero no fue así. No queríamos, ni ella ni yo, que la película fuera un melodrama. Queríamos una comedia. Pero, como dijo antes Juan Rulfo, “no se puede contra lo que no se puede”. La historia tiene a veces leyes incomprensibles. Muchos dijeron de Charín que era como un Barishnikov femenino. Desgraciadamente, la historia, y los seres humanos que a veces la manejan, no le permitieron alcanzar ese relumbre. Ojalá tanta espera sirva algún día para recompensar tanto mérito”. A lo que agregó después: “junto al perfeccionismo, ella basa su comportamiento profesional en una ética muy fuerte. Le es casi intolerable culpar a nadie de las dificultades que le ha tocado vivir. No creo que ella hubiera contado su vida o se hubiera ‘desnudado’ como lo hizo, sino con un amigo. No sólo por ética, sino también por modestia y timidez. Este ‘desnudo de artista’ costó pues, trece años de paciencia. Aunque parezca difícil ahora, no lo fue tanto. Al menos para ella y para mí. Era el tiempo que necesitaban las ideas para cuajar. Estoy seguro de que ambos vamos a recordar este tiempo como un momento muy hermoso y muy profundo. Por lo menos, podemos reclamarle el record a Boyhood (2014) de Richard Linklater. Le ganamos por un año (risas)”.
Por último, explica: “Yo creo que Charín muestra en su filme que nadie es un perdedor cuando ha luchado”, lo cual está en perfecta coherencia con una de las citas del documental, que compara la trayectoria azarosa de Charín con el mito de Sísifo, que fue condenada por los dioses a empujar una roca hasta lo alto de una montaña, desde donde la piedra volvía a caer por su propio peso, cuando dice: “Hay que imaginarse a Sísifo feliz”.
Rubens Riol es historiador del arte, promotor cultural y crítico de cine. Twitter: @Rubens_Riol
‘La reina de los jueves’/‘The Queen of Thursday’s’ se reestrena el viernes 30 de junio, a las 7 p.m., en el MDC’s Tower Theater, 1508 SW 8th St, Miami, FL 33135.
Al finalizar la proyección del viernes 30, habrá un conversatorio donde Rosario Suárez y Orlando Rojas hablarán y responderán a las preguntas del público presente.
Esta historia fue publicada originalmente el 29 de junio de 2017, 10:53 a. m. with the headline "‘La reina de los jueves’: una coreografía de la ilusión."