Revista Viernes

Cauley Square, una lección de amor y optimismo

Frances Varela el sábado 23 de septiembre, luego de las labores de limpieza en Cauley Square.
Frances Varela el sábado 23 de septiembre, luego de las labores de limpieza en Cauley Square. Especial/el Nuevo Herald

Cauley Square es una pequeña villa, parte del viejo sur de la Florida. Se encuentra dentro de diez hectáreas de exuberantes jardines tropicales, follaje, restaurantes, plantas y flores, aves, fuentes, esculturas, galerías de arte, patios privados y un laberinto de tiendas de antigüedades y especialidades. Es un pueblo nostálgico que en el 2018 su edificio cumple 100 años, por lo que se espera una fiesta en grande.

Tres días después del paso del ciclón Irma por la Florida, fui a visitar el complejo cultural que se encuentra situado en las afueras de la ciudad, pensé con pánico que había desaparecido con la debacle, pero encontré una historia hermosa de tesón y perseverancia, mientras la mayoría se quejaba constantemente de los problemas.

Cauley Square es una especie de oasis dentro del tormentoso, agitado y súper transitado Miami, donde también los conciertos en vivo de jazz ya son antológicos. Es un centro donde todos los que lo conocen regresan y llevan a sus amigos foráneos en búsqueda de la paz espiritual y del buen trato del que se caracteriza. Allí estaba Frances Varela, la mujer hondureña que en el 2001 vio el potencial del lugar y que ha dejado en él todo su dinero y esfuerzo para hacer el “respiro” del que hablo. Estaba con unos obreros, sudada, quemada por el sol, dando órdenes y trabajando como una más. “Me ha venido a echar una mano quienes trabajaron conmigo desde los veinte años, es un club de amigos que siempre está dispuesto a ayudarme, los hijos de los amigos anteriores que ahora están retirados, eso no se compra ni con todo el dinero del mundo. Nunca he recibido nada del gobierno, pero Dios, que es lo más grande, siempre provee y manda gente nueva”, me dice agitada y muy nerviosa por el panorama alrededor, los árboles caídos eran el mayor caos.

“Lo más importante es que las tiendas abran lo antes posible porque son las que dan de comer a las familias que trabajan aquí, tengo que sacrificarme por los inquilinos y creo que en tres semanas va a ser posible”.

Este pasado sábado 23, una semana después de esos comentarios, Cauley Square estaba abierto al público, las personas entraban y salían del Te Room, una señora daba un baño a su mascota en la tienda especializada y en Children’s Gallery, Carlos Franco, el artista-maestro daba clases a una de las alumnas. “Cuando vine el día después del huracán esto estaba destruido, los árboles se habían caído y el 20% de ellos estaban literalmente en el suelo y otro cuarenta por ciento había perdido las ramas, las hojas, se veía un caos, sin embargo dentro de las casas no estaba tan mal. Una rama grande de un árbol había hecho un hueco en el techo de la galería y por ahí se coló el agua, me dañó una parte del piso, unas cuantas pinturas en papel, unas veinte en formato pequeño a mediano, nada grande, pero dañó también un par de pinturas de acrílico y ropa que también vendemos aquí, tuvimos que botar algunas cosas, pero si lo ponemos en comparación con lo que pudo haber pasado, fue muy poco. Nosotros estábamos asustados, aterrorizados, porque no sólo podía dañar la galería, sino también la casa y hasta matarnos; pero yo ya estoy abierto, dando clases, exponiendo y vendiendo. Invito a la población a que venga a Cauley Scuare, a Children’s Gallery y a las otras tiendas, esperamos por el público”, dice Carlos con la alegría de haber sobrevivido lo peor.

“Todos los inquilinos estaban preocupados pensando que el negocio no iba a abrir en mucho tiempo” continúa contando Frances, “traté de darles seguridad y ellos se pusieron también a recoger los escombros en los contornos de sus tiendas, ha sido una ayuda invaluable, juntos nosotros mismos hemos podido sacar el lugar adelante. A mí la ciudad ni me ha visitado, ni lo necesito tampoco gracias a Dios; en el sistema antiguo, en la ‘Old School’, si tienes un negocio tienes que afrontar todos los problemas, y así lo hice gracias a la ayuda de los amigos e inquilinos; la electricidad y plomería está funcionando perfecta, los jardines voy poco a poco, jardín por jardín, ya fui a buscar 7000 plantas nuevas. Las personas vienen asombradas a ver si es posible realizar sus reservaciones para bodas, pero sólo hemos cancelado una que fue cuando estaba el huracán en su apogeo, todas las fiestas se van a hacer en el horario y fecha con que se programó”.

Varela se opuso a que los árboles caídos fueran arrastrados a la basura, árboles de 200 años que levantó con grúas, la mayoría de ellos, y los resembró; hoy pueden verse los retoños verdes, la naturaleza es sabia y cuando se le trata bien, ella agradece por tanto amor.

“Le quiero decir al pueblo que no se olviden de nosotros, no se olviden de este cuadrito porque esto es historia, que vengan a vernos y disfruten las ofertas, les estamos agradecidos por el cariño que siempre nos han tenido y eso es precisamente lo que nos impulsa a todos en Cauley Square a salir de los daños y entrar en la normalidad. Gracias también al Nuevo Herald por acordarse de mí, de nosotros, son los únicos que han venido, ni el County, ni el Comunity News Paper, nadie se ha acordado de Cauley Square, pero tenemos siempre gente que nos quiere”. Y termina diciendo “Todo lo que está pasando en el mundo es porque estamos desamorados, si nos unimos con un poco de amor, transformaremos todo para bien”.

Esta historia fue publicada originalmente el 28 de septiembre de 2017, 11:20 a. m. with the headline "Cauley Square, una lección de amor y optimismo."

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