Revista Viernes

Palo Alto, retazos de vidas adolescentes

James Franco no solo es carismático actor, director y productor, también escribe, y de su colección de relatos reunidos en el libro Palo Alto Stories (2010) –que lleva el nombre de la ciudad californiana donde nació–, la directora Gia Coppola –con la sangre de los Coppola– ha escogido este motivo para su ópera prima. El filme habla de historias de primera juventud, con sus “chicas que buscan el amor, y chicos que buscan problemas”, temprana etapa en la vida en la que se sufre y se ama de una forma intensa y fugaz como lo es la propia adolescencia.

La historia abre con dos amigos de la escuela secundaria (interpretados por Nat Wolff y Jack Kilmer). Uno es el problemático y anárquico Fred, otro es el dulce y virtuoso Teddy, poco tienen que ver y sin embargo los ata un vínculo fuerte, la necesidad de apoyarse uno en el otro, para formar ese extraño dúo de contrarios que con precisión nos muestra la escena que da comienzo al filme. Las muchachas también forman caracteres contrastantes. April (interpretada por la muy prometedora Emma Roberts) es la virgen del grupito: seria, introvertida, sensible; Emily (Zoe Levin), en cambio, es la típica muchacha bonita, rubia, alegremente despreocupada, que se entrega a todos los chicos con una oculta pero desesperada necesidad de agradar. También figura Val Kilmer en el reparto. Y está el propio Franco como el entrenador de fútbol, Mr. B., que tiene a su alumna April de

babysitter para su hijo. Es a ella a quien escoge para seducir, con el atractivo que ofrece el hombre adulto y maduro para la virginal jovencita.

No hay exactamente una historia de clásico desarrollo, conflicto, clímax y desenlace. El argumento del filme se compone –como los cuentos en que se basa– de retazos de vidas de sus protagonistas. Es una mirada –genuina y sin manipular, aunque enfocada en un determinado grupo de jóvenes– a sus estruendosas fiestas, con cigarrillos, alcohol y drogas; a su precocidad sexual, a sus arranques de violencia, a su necesidad de amor, a sus vacíos afectivos. Es como una ventana abierta por la que nos asomamos a sus vidas, que ellos asumen con una especie de angustiosa melancolía, en esa etapa de transición adolescente en la que nada es demasiado serio como para que dure hasta

mañana. • 

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