Revista Viernes

Jealousy, una historia familiar de los Garrel

Lo que antes fue insuficiencia técnica, hoy se usa por puro gusto estético. Se trata del blanco y negro al que tantos cineastas contemporáneos regresan. La imagen es crucial para el espíritu del filme del director galo Philippe Garrel, quien en La jalousie trabaja la composición, elabora los encuadres, con una fotografía –del belga Willy Kurant, quien filmó con Jean-Luc Godard, Orson Welles y otros grandes– que se mantiene a discreta distancia de los personajes, para crear el lenguaje visual de su drama de amor.

En el filme, que remite a las pequeñas historias existenciales de la Nueva Ola francesa, un joven padre de familia y actor de teatro de barrio ha abandonado hogar y mujer –aunque nunca a su pequeña hija– para convivir con una bella actriz sin empleo, en un oscuro cuchitril rentado. El, a quien los compañeros de tablas llaman “nuestro joven Werther”, ama a su nueva pareja total y “definitivamente”, y es de los que son capaces de morir por amor. Pero los misterios de la felicidad ajena son inescrutables.

Garrel vuelve a acudir a sus dos hijos actores y les deja nombre real para protagonizar esta sensible historia que pudo haber vivido su padre, el comediante Maurice Garrel, a quien el filme homenajea. En la piel de Louis, está el divino seductor Louis Garrel, con un papel que recuerda al que tuvo en A Burning Hot Summer, junto a Monica Bellucci. Esther Garrel es también en el filme su hermana menor Esther, que funciona como una especie de neutralizador emocional. La nueva amante Claudia es Anna Mouglalis, en tanto que Rebecca Convenant interpreta a la ex mujer.

La cinta, que habla del lado sufrido y trágico del amor, es un poco melancólica y taciturna, con una historia, escrita por Garrel y su equipo de guionistas, que pierde por momentos ligereza, lo que suele ocurrir cuando la perfección que buscan muchas cabezas domina sobre la espontaneidad de la escritura. Pero el filme está compuesto de pequeños pasajes llenos de finura y matices dramáticos: los encuentros y paseos de la pareja, la hermosa relación del padre y su hija, la conversación con el anciano amigo. Lo mejor es, tal vez, la escena de una familia que come cacahuetes sentada en el banco de un parque, y la fuerza emotiva que trasmite ese momento, dulce y sencillo. • 

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