Revista Viernes

Narcos en Netflix: un ‘ménage’ de acentos


El actor brasileño Wagner Moura en su papel de Pablo Escobar en ‘Narcos’ habla un español perfecto pero sin acento paisa.
El actor brasileño Wagner Moura en su papel de Pablo Escobar en ‘Narcos’ habla un español perfecto pero sin acento paisa. Daniel Daza/AP

En Colombia, el acento de cada región tiene el poder de una marca. Si el acento es paisa, se puede asumir que viene de la provincia de Antioquia, de la que Medellín es la capital. También se puede asumir que la persona procede de clase baja, pero si además de esto el paisa es un narco (narcotraficante), hay un gran repertorio de chistes colombianos sobre lo lobo (hortera) que pueden ser los narcos.

El actor brasileño Wagner Moura que hace el papel de Pablo Escobar en la serie Narcos de Netflix tiene todo el aspecto de lobo, pero no suena como un paisa. Suena raro. Podría ser un extranjero, pero el diálogo en español es tan de Medellín y su entrega es tan buena, que se podría considerar que es un paisa que tiene un impedimento en el habla.

En el espacio de comentarios que hay en la página web de la serie, alguien señaló que en la escena donde Escobar entra al Parlamento colombiano como uno de sus miembros, el acento de un paisa hubiera subrayado el dolor de haber sido no sólo desairado sino también expulsado de la casa de gobierno poco después de haberse sentado. En la serie, ese dolor se entrega visualmente: la chaqueta deportiva casual de Escobar y una corbata mal puesta contrastan con los trajes oscuros de los parlamentarios. Escobar resiente a la gran mayoría de esos miembros, y contra esos mismos oligarcas ha arremetido públicamente en varias de sus campañas.

La serie tiene una mezcla de acentos latinoamericanos, lo cual no importa porque lo más peculiar aquí es que la mayor parte de los diálogos están subtitulados al español. Es cierto que Netflix tiene mucho interés en capturar el mercado latino de Estados Unidos y de los países de habla hispana, pero también esto hace que la serie sea más creíble.

Antes de que se hablara de políticas de identidad, cualquier actor asiático podía hacer cualquier papel de un personaje asiático sin que hubiese ninguna repercusión. Hasta actores que no eran asiáticos hicieron papeles como el de Charlie Chan. No olvidemos el giro interesante y hasta cómico que le da Mickey Rooney al papel del fotógrafo japonés en Breakfast at Tiffany’s.

Existían convenciones ya establecidas que veíamos constantemente, como por ejemplo que en las películas de la II Guerra Mundial los alemanes hablaban entre ellos en inglés, pero con acento alemán. Sin embargo, con la globalización esos esquemas fueron desapareciendo poco a poco hasta el punto de que ahora escuchamos actores hablando en español en series como Dexter, realizada en Miami y a la que no le ponen subtítulos. En otras ocasiones –y como comicidad– hemos escuchado el español mal pronunciado y con subtítulos como en la segunda entrega de Bedazzled, o en Casa de mi padre, con Will Ferrell.

Narcos no es una serie cómica, ni tampoco lo son los subtítulos en español. Si no está familiarizado con la diversidad de acentos en español, puede que no note un dejo raro en la pronunciación de Mauro, pero muchos sí lo notan.

En la serie hay algunos actores colombianos y otros que hacen un esfuerzo por sonar colombianos y más o menos lo logran, como lo hizo en Traffic Benicio del Toro. Otros como Ana de la Reguera, simplemente hablan español neutro y otros como Luis Guzmán, ni siquiera lo intentan y mantienen su acento puertorriqueño.

En el medio de toda esta inconsistencia nos damos cuenta de que el guión de Narcos está escrito en español y con las particularidades de un español colombiano y específicamente paisa.

Esto lo vemos en el uso de la segunda persona del singular, vos, común en Colombia y otros países de Latinoamérica; en el uso tan peculiar del usted en el momento preciso entre personas muy cercanas y el despliegue de obscenidades que salpican el español de las calles de Medellín.

Nunca hemos visto una serie de televisión americana como esta, donde se hable la mayor parte del tiempo en español y con tanta autenticidad.

Es por eso que la voz norteamericana del narrador resulta tan contrastante. Algunos argumentan que hay demasiada narración y que la voz del narrador es demasiado americana y medio sosa. No estoy de acuerdo. En primer lugar, no todo el mundo que está siguiendo la serie conoce la historia de las guerras del narco, por lo que resulta útil que alguien medie como comentador en ese intrincado caos y que lo haga a partir del uso de la jerga estadounidense. En segundo lugar, no todos los que siguen la serie son colombianos o latinoamericanos.

El narrador es ultraamericano en todos los sentidos, hasta en el mejor, como en su cinismo cuando habla sobre los militares y los políticos estadounidenses, pero que no le insulten al Tío Sam. Además, cuando trata de pronunciar algunas palabras en español suena tan mal que funciona como balance con el estilo de la serie casi toda en español y con el punto de vista del colombiano que desconfía de los yanquis.

Claro, hubiera sido preferible que Escobar y todos los otros sonaran como colombianos y que los de Medellín sonaran como paisas. Es misterioso el poder que da buscar la veracidad como sea. Como el director de cine silente Erich von Stroheim, que pedía que los lavamanos en los escenarios de sus películas tuviesen tuberías reales aunque en el guion no se abriera ningún grifo. En la ficción debemos de dejar de pensar en lo que no es creíble, pero hay tanta autenticidad en esta serie que esas faltas en el lenguaje son más llamativas.

Al final, Narcos termina manejando muy bien el tira y afloja de la identidad con guion. El televidente latino puede entender el resentimiento de la oligarquía que es dueña de un país, pero también puede simpatizar con el deseo de independencia de la arrogancia imperialista extranjera. Un rasgo que comparten tanto los delincuentes como los policías buenos y los políticos. También se puede reír del humor negro colombiano que tienen los asesinos de sangre fría como los de Our Lady of the Assassins (película cómica y a la vez escalofriante sobre Medellín) que se estrenó en el 2000; de la misma manera en que los americanos se pueden reír del humor de los villanos en Breaking Bad. Un latino también puede entender la impaciencia del narrador con la corrupción en Latinoamérica y su indignación, con razón, cuando amenazan a Estados Unidos. Para este televidente de guion, Narcos funciona con todo y sus faltas lingüísticas.

Efd1143@gmail.com

Esta historia fue publicada originalmente el 24 de septiembre de 2015, 1:24 p. m. with the headline "Narcos en Netflix: un ‘ménage’ de acentos."

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