‘The Revenant’, salvajemente bello
Alejandro G. Iñárritu vuelve a sorprendernos con uno de los filmes más potentes del 2015. Tras Birdman y sus cuatro Oscar, la nueva entrega del director mexicano está lejos de la divertida y alocada finura del “hombre pájaro” que volaba sobre Nueva York. Esto es un oeste, o preoeste, de principios del XIX, helado y brutal.
La historia del personaje histórico Hugh Glass, que a la vez bebe de la novela de Michael Punke, transcurre en exteriores, bosques nevados, montañas rocosas, ríos congelados, despeñaderos, embellecidos por la fotografía de Emmanuel Lubezki (Gravity; Birdman). Bajo el rudo invierno, hombres blancos cazadores de pieles, traficantes franceses y una tribu de indígenas pugnan en estos inhóspitos parajes de la América profunda.
Glass, el guía de los tramperos (Leonardo DiCaprio, magnífico en un rol de extrema dureza), sufre el brutal ataque de un oso gigante; se trata de una escena colosal, de alto calibre dramático, la de esta lucha a muerte de hombre y bestia. Moribundo, queda al cuidado de su hijo mestizo, otro hombre (Will Poulter) y el traicionero John Fitzgerald (Tom Hardy, que renace también aquí, en la piel de su atroz personaje).
Esto es una encarnizada lucha entre el bien y el mal. La maldad de un ser terrenal contra la voluntad de un héroe de dimensiones épicas, iluminado por el espíritu de los suyos, resucitado por la sed de venganza. Sobreviviente en su entorno salvaje y sangriento, Glass es como un gigante herido, golpeado en cuerpo y alma por fuerzas colosales, un renacido que se eleva a la vida, aún arrastrándose. No es la fibra emocional lo que sacude este filme, sino el intelecto, con su tremenda garra dramática y su violencia imbuida de belleza.
Esta historia fue publicada originalmente el 7 de enero de 2016, 6:46 a. m. with the headline "‘The Revenant’, salvajemente bello."