Revista Viernes

Paloma San Basilio visita Miami en el Día de los Enamorados

Paloma San Basilio.
Paloma San Basilio.

Tras presentar su autobiografía, ad portas de su primera novela y en un momento de cambio en su carrera musical, Paloma San Basilio visitará Miami el Día de los Enamorados, para dar un concierto acompañada con una orquesta sinfónica.

El Nuevo Herald habló con esta reconocida cantante española sobre su carrera musical, su familia y su nuevo proyecto literario.

Viene usted a Miami en días de amor. ¿Qué enamora a Paloma San Basilio?

Muchas cosas, como la reciente gira con los Chicos del Coro de Saint Marc, o esta propuesta sinfónica que surgió el año pasado como idea de uno de mis empresarios. Es algo que me venían diciendo hace mucho, hacer un concierto con gran orquesta. Siempre me pareció una idea estupenda, pero todo a su tiempo. El año pasado, tras siete conciertos en Colombia, decidimos hacerlo en más países. Y aquí estamos, encaramados nuevamente en un escenario, haciendo un trabajo precioso.

La gira sinfónica me parece maravillosa, porque es un formato distinto al habitual. Estamos haciendo muy poquitas presentaciones, pero Miami tenía que estar ahí, en un día para el amor, para la amistad, para la concordia que tanta falta nos hace, para que la violencia desaparezca, y la música es un elemento estupendo para conseguirlo.

Ha dicho en varias oportunidades que está en una época de cambios

Sí, hice una gira de despedida con la que cerré un ciclo en mi vida, y sabía que tenía que cambiar, hacer otras cosas, tomármelo con más tranquilidad, y por eso decidí hacer muy pocas cosas, y muy puntuales. Solo cosas que me enamorasen.

Hablando de cambios, recientemente se cumplieron 40 años de su primer álbum, Sombras (1975). ¿Desde entonces qué ha cambiado?

Todo ha cambiado. Todo fue un camino apasionante en el que casi no veía el tiempo, de lo rápido que pasaba. Descubría nuevos países, que a su vez me descubrían a mí. Aparecían nuevos discos, giras. Y lo mejor es que ha sido una forma de conocer el mundo, comunicarme con la gente, crecer como artista y ser humano. Pero es todo muy rápido. Cuando miras atrás han pasado cuarenta años, que no notas porque no los sientes, no te pesan encima, pero de vez en cuando es sentarte, pensar si es momento de cerrar una etapa y darle paso a otra, donde los tiempos sean otros, y donde tengas tiempo para estar con tu familia, con tu hija, con tus nietos.

Además de su familia y su carrera, ¿qué nuevo amor ha descubierto?

En los últimos tres años me dediqué a escribir una novela que saldrá en mayo, que me ha llevado mucho trabajo y me apasiona.

¿Tiene algo que ver con “La Niña que Bailaba Bajo la Lluvia”?

No. Esa es mi biografía, publicada hace dos años. Fue mi primer contacto con la editorial Penguin Random House. Me pidieron que hiciera una biografía. Yo estaba escribiendo una historia personal y eso mismo publicamos. Hicimos un nuevo acuerdo para una novela, que no tiene nada de autobiográfico, una historia de cuatro décadas ambientada en Cádiz.

Hay escritores que cambian con sus novelas, que dicen ser unos antes y otros después de una novela. ¿Sintió usted esa metamorfosis?

Sí, y es curioso, porque cuando escribes una autobiografía los girones son más fuertes. Estás tú descarnada, desnuda, ante tus emociones y tus pensamientos. Sobre todo si es una biografía sincera. Pero cuando escribes una novela es distinto, porque estás viviendo a través de tus personajes, les das vida propia, pensamiento, emoción, búsqueda y lucha. Es cierto, por lo menos en mi caso, que siempre hay algo de ti cuando estás escribiendo, y de hecho te da pena salirte de esa historia, porque conozco a los personajes, para mí son de carne y hueso.

El prólogo de “La Niña que Bailaba Bajo la Lluvia” es de su hija, Ivana Gómez San Basilio…

Sí, me pareció que se había ganado el derecho de abrir esa historia, para desde ella misma contar lo que pensaba, lo que le había significado tener una madre como yo. Si hay que buscar una víctima de lo que fue mi carrera, es ella. El precio de una carrera exitosa es no poder estar con tu hija, y que ella no pueda tener una madre como todas, y en mi caso el debatirme siempre entre la angustia, la añoranza e intentar estar ahí sin poder. Ivana es el gran objetivo de mi vida. La maternidad le dio a mi vida un giro de 180 grados, y siempre que vuelvo añoro ver sus caras en el aeropuerto, de mi hija y mis nietos.

Volviendo a la música, después de Sombras vino el musical Evita. ¿Cómo lo recuerda?

Evita me permitió dar un salto cualitativo, pasar de ser la chica que cantaba y daba muchos conciertos, no siempre en los lugares más apropiados, al teatro. Ahí sucumbí. Supe que el teatro era lo mío. Cantar, hablar, estar allí. Gracias a Evita pude pisar los escenarios de muchos países del mundo. Ese personaje me abrió puertas, me permitió crecer y cambiar la percepción que la gente tenía de mí. Ya no era la chica que sacaba un disco, sino la que dejaba la vida en un escenario, haciendo hasta 11 funciones a la semana. Estuve a punto de no poder más, sacrifiqué mucho de mi vida personal, pero me permitió darme a conocer de otra forma, y que me vieran con un respeto distinto.

Después de ese régimen de hasta 11 presentaciones en una semana, y tras 40 años de carrera, ¿siente que mantiene la misma voz?

La voz en realidad va cambiando. Hay registros que se pierden y otros que se ganan. Hay que cuidar la tesitura, y es Ivana la que me ha ayudado. En muchos sentidos ella es mi coach. Tu voz tienes que cuidarla mucho, adecuarla y cambiarla, porque también tu musculatura va cambiando. Por eso es muy importante cambiar los temas en tu tesitura, y siempre llevar al concierto un técnico de sonido buenísimo, que es tu seguro de voz.

¿Trata de que los conciertos sean similares, al menos en intención en la interpretación?

Yo siempre tuve muy claro que cada concierto y cada actuación deben ser únicas. Cantar esperando a que se acabe el concierto es un desperdicio. Cuando se está en el escenario tienes una ocasión única de comunicarte con la gente, transgredir las reglas del espacio y el tiempo, y de crecer como persona. Además, estoy en contacto directo con la gente. Incluso eh tardado mucho en incorporarme a las nuevas tecnologías, pero me parecen un vehículo fantástico, para saber qué piensa, qué oye y qué siente la gente.

Y a propósito de lo que oye la gente, ¿qué música oye Paloma San Basilio?

Cuando era adolescente estaba todo el tiempo oyendo música. Dormía en la misma habitación con mi hermana y en las noches me decía “Paloma, por favor, ¿puedes apagar la radio de una buena vez? Pero desde el momento en el que comienzo a cantar hay una necesidad de silencio, paz y calma. Yo uso ese silencio para calmarme, meditar, contemplar el mar. Y luego, cuando necesito de la música, aparece de repente. Casi siempre jazz, con voces femeninas que juegan con las notas. Es una música que inspira creatividad y me ayuda a reconocerme. También oigo mucho la música de Ivana y de cantantes americanos, Carlos Vives y gente que conozco, quiero y admiro. Y cuando viajo, música clásica. Tengo un disco con mis clásicos preferidos y nunca puede faltar.

En conclusión, cuando se va de gira no le pueden faltar un ingeniero de sonido buenísimo y su disco de clásicos favoritos. ¿Algún otro ingrediente que siempre lleve con usted?

El amor: el entusiasmo, la generosidad y todo lo que esa palabra conlleva. El concierto tiene que ser una experiencia casi religiosa, y por eso es tan importante esa disposición, ese respeto por lo que vas a hacer. Por eso siempre lo llevo conmigo.

@juancamilogg

Paloma San Basilio se presentará junto a su orquesta sinfónica el sábado 13 de febrero en el Miami Dade County Auditorium. Más información en: www.boxofficeticketsales.com/paloma-san-basilio-tickets.aspx

  Comentarios