Revista Viernes

Jonás Trueba, retrospectiva de su cine en Miami

Isabelle Stoffel, Luis E. Parés y Renata Antonante en una escena de Los Exiliados Románticos (2015).
Isabelle Stoffel, Luis E. Parés y Renata Antonante en una escena de Los Exiliados Románticos (2015). / Los Ilusos Films

En un momento de esa obra maestra llamada The Third Man (1949), que dirigió Carol Reed y se basó en la novela homónima de Graham Greene, Orson Welles le dice a Joseph Cotten: “En Italia, en treinta años de dominación de los Borgia, hubo guerras, matanzas, asesinatos… pero también Miguel Ángel, Leonardo y el Renacimiento. En Suiza, por el contrario, tuvieron quinientos años de amor, democracia y paz, ¿y cuál fue el resultado? El reloj cucú”. Aunque la tesis de Welles, sin duda, sea una provocación, no deja de tener algo sumamente perspicaz. En los momentos inestables suele irrumpir el mejor arte. El director Jonás Trueba (Madrid, 1981) nació en una España de tiempos difíciles, y su cine, aunque tenga una impronta personal, lo refleja cabalmente.

Son historias de desencuentros, de jóvenes perdidos en una Europa que en plena globalización se cierra, como si fuera la Edad Media, pero con iPhone. El futuro es una moneda esquiva. No queda más que crear y seguir viviendo. Este viernes el Coral Gables Art Cinema inaugura una retrospectiva dedicada al joven cineasta. En el evento, Trueba y el productor Javier Lafuente hablarán sobre los filmes y responderán las preguntas del público.

“Me gusta pensar el cine como un puro registro, de un tiempo, de unas personas, algunos sentimientos, gestos, y también costumbres, calles, bares”, comenta el realizador para el Nuevo Herald. “Es un mundo muy pequeño el mío, pero trato de explorarlo lo mejor posible. Lo que uno tiene más cerca puede ser lo más misterioso. Las películas me sirven para entenderme y para entender lo que me rodea. Hago cine para estar mejor en el mundo; no se me ocurre un trabajo más conectado con la vida. Nuestros personajes, más que personajes, suelen ser derivas de nosotros mismos, son como ensayos de personajes más bien, bocetos, posibilidades... Son europeos y madrileños pero no lo saben bien ni ellos”.

La retrospectiva del cineasta, que es hijo del también realizador Fernando Trueba (y sobrino de David), consta de los filmes Todas las canciones hablan de mí (2010) –su ópera prima y por la que fue nominado a un Goya por Mejor Director Revelación–, Los Ilusos (2013) y Los Exiliados Románticos (2015).

Filmar una historia de amor requiere de una elaboración fina, el justo equilibrio para no caer en lo cursi. Lo mismo sucede cuando ese amor se quiebra en mil pedazos. En Todas las canciones hablan de mí Ramiro (Oriol Vila) trata de olvidar a la que ha sido su novia por seis años –la actriz Barbara Lennie se mete en la piel de Andrea–, pero cada intento es un nuevo error. Trueba sabe filmar las emociones de esos jóvenes mientras la ciudad de Madrid es otro personaje relevante: ambos se conjugan armoniosamente.

“Para mí es importante filmar en mi ciudad, y sobre todo en los espacios que me resultan cercanos. Es una manera de rendirles homenaje y mostrarles gratitud por dejarme estar en ellos”, confiesa.

Los Exiliados Románticos (2015), en cambio, es una road movie que se desarrolla en la campiña francesa. Se sabe que todo viaje, si es bueno, siempre repercute en quien lo emprende. Los tres amigos a bordo de una furgoneta (Francesco Carril, Vito Sanz y Luis E. Parés) tienen innumerables motivos para reflexionar.

“Fue una película rodada en apenas diez días, perdíamos más tiempo intentando encontrar sitios para aparcar las furgonetas o en la gestión de dónde dormir y comer… que en rodar propiamente la película”, informa Trueba. “Así que fue una experiencia muy loca, un poco kamikaze, agotadora por momentos, pero también muy liberadora. Es una película que parece sencilla cuando se ve, pero fue compleja de llevar a cabo. No estuvimos más de dos días en ningún lugar, todo sucedía muy rápido”.

“Es una película absolutamente impulsiva, que nació del impulso de una noche de juerga en Madrid con amigos; de mis ganas de hacer una puesta en escena de las canciones de Tulsa; de la necesidad de hablar de los amores efímeros, esos que no suelen verse en las películas porque parecen casi invisibles. Pero la película es un poco así también: un gesto improbable e incierto, una reivindicación de la brevedad, de la ebriedad, de la amistad, de la alegría, y de lanzarse un poco sin frenos… hacia la carretera y hacia una chica de la que podrías estar enamorado”.

Por momentos, la obra de Trueba mantiene la capacidad de hacerle creer al espectador que está ante el cine de un escritor, ya sea por el tiempo de narración, en los guiños a los libros y las citas literarias. “Para mí el cine es una forma de escritura”, revela. “Últimamente no escribo los guiones como se suele hacer, pero siento que escribo con la cámara, a través de los movimentos y de mis actores. Los libros a veces me han ayudado más a abrir mi cabeza a posibles estructuras de la película así como aspectos formales. También pienso las películas como si fueran canciones o discos. Y últimamente también como pintura, o sobre todo, como cine en estado puro, movimiento, registro puro de movimiento, sentimientos”

El tercer y último filme de la retrospectiva dedicada al realizador, Los Ilusos (2013), es un trabajo filmado en blanco y negro, y en 16mm. Con las actuaciones de Francesco Carril y Aura Garrido, otra vez la ciudad de Trueba es testigo de la educación artística de los jóvenes españoles. “Creo que también es un homenaje a Madrid, lo que pasa es que en Todas las canciones… se ve un Madrid más colorido y luminoso, y Los ilusos es en blanco y negro y más depresivo. Había llegado la crisis a nuestro país y se notaba en cada esquina”.

Siga a Hernán Vera Alvarez @HVeraAlvarez

Esta historia fue publicada originalmente el 25 de agosto de 2016 a las 6:03 p. m. con el titular "Jonás Trueba, retrospectiva de su cine en Miami."

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA