‘No pido ayuda, pido que me dejen trabajar’. Dueño de Cubaocho teme la quiebra si no abre
Roberto Ramos, el dueño de Cubaocho Museum & Performing Arts Center, recuerda aquellos tiempos en que los turistas europeos le decían que habían venido directo del aeropuerto porque alguien les había contado que ese era el lugar que tenían que conocer en la Pequeña Habana.
Eso era antes de la pandemia. Ahora lo único que Ramos acumula son deudas, pérdidas de hasta medio millón de dólares y mucha preocupación de que si no puede abrir su negocio, va a tener que cerrarlo para siempre.
“Yo tenía un lugar muy público, con mucha publicidad internacional. Y ahora estoy endeudado, en quiebra y por eso estoy gritando antes de morir”, dijo Ramos, cuyo centro de entretenimiento en la Calle Ocho y la avenida 14 fue uno de los primeros lugares que cerró cuando él vio el peligro de la pandemia.
“Quise proteger a los empleados y a mi familia”, dijo Ramos, indicando que aun así la mayoría, incluidos su esposa y él, contrajeron el Covid-19 cuando ya estaban en cuarentena.
El espacio de Ramos en la Calle Ocho combina servicio de bebidas y shows musicales en un entorno de galería, donde se exhibe una importante muestra de obras de arte cubano que forman parte de su colección.
La semana pasada el alcalde de Miami-Dade, Carlos Giménez, dijo en una emisora de radio que los bares no tendrían permiso para abrir hasta que existiera una vacuna. Eso caldeó aún más los ánimos entre los propietarios de centros nocturnos que llevan tanto tiempo cerrados como Ramos e inundados de pérdidas.
Algunos de ellos participaron en una protesta pacífica el lunes en Wynwood, en la que exigieron la apertura de bares y discotecas.
Ramos señaló que en La Pequeña Habana ya muchos negocios han quebrado.
“Si seguimos con la idea de Giménez, de que va a esperar la vacuna, van a cerrar todos”, dijo Ramos.
“No pido ayuda, estoy pidiendo que me dejen trabajar”, añadió Ramos, que tiene que afrontar un alquiler mensual de $13,000 y que no ha llegado a un acuerdo de pago con la dueña del lugar porque ni siquiera ha podido hablar con ella.
Ramos planea abrir Cubaocho este viernes como restaurante pero mantendrá la barra cerrada.
“Si la palabra clave es ‘croqueta frita’, voy a venderlas”, dijo Ramos, indicando que ya había puesto en orden su licencia para vender comida y que también puede funcionar como museo, lo que ya está permitido en el condado Miami-Dade.
El miércoles, Giménez dijo que los bares podrán abrir en dos semanas, incluyendo los strip clubs. Pero con algunas restricciones: solo se podrá servir en las mesas y no en las barras, y no se podrá bailar.
Los bares de Miami abrirán pronto
Este lunes Miami-Dade entró en la segunda fase de reapertura por primera vez desde que la Florida empezó a cerrar la economía en marzo. La segunda fase permite abrir los bares a un 50 por ciento de su capacidad, según el plan del estado.
Pero cuando se anunció la medida el viernes, Giménez le dio las gracias al gobernador por la “flexibilidad” y aclaró que no pensaba abrir ni los bares ni las discotecas pronto.
El martes, Giménez cambió el tono tan drástico de la semana pasada y dijo que “algunos” bares podrían abrir pronto durante una reunión especial de la junta de comisionados del condado.
Los bares solo podrán servir a clientes que estén sentados en las mesas, “sin diferencia a los restaurantes”, dijo el alcalde.
Por su parte, el alcalde de Miami, Francis Suárez, se alegró de escuchar a Giménez rechazar la idea de que los bares y clubes nocturnos podrían estar cerrados hasta que haya una vacuna contra el COVID-19.
“No creo que vincularlo a la vacuna sea la forma correcta. Eso no está bajo su control. No se sabe si eso será en un mes o en un año”, dijo el martes al Miami Herald.
Suárez dijo que ha estado discutiendo ideas con los dueños de negocios, como enfocarse en el servicio de mesa y limitar las horas de operación y la capacidad.
“Podría significar tener un bar que funcione como un restaurante”, dijo.
Empleados de bares, muy afectados
Ramos contó que se decidió a expresar su desacuerdo con la medida de mantener los bares cerrados pensando también en sus empleados, en especial los músicos y artistas, que son los que dan un toque diferente a Cubaocho, y que están muy afectados.
“Yo soy la voz de ellos, llevo seis meses escuchando: ‘¿Ahora qué vamos a hacer?’, van a morirse de hambre, de estrés?”, dijo Ramos, contando que tanto él como su esposa buscaron trabajos para poder mantenerse durante la pandemia.
“Estuve de ayudante de cocina y mi esposa trabajando desde la casa ayudando a desempleados”, comentó.
El empresario recibió $40,000 de un préstamo federal del Programa de Protección de Pago (PPP) para pagar el salario de sus trabajadores.
“Duró 15 días y lo repartí entre los 35 empleados, sobre todo entre los más necesitados”, dijo Ramos, explicando que no recibió mucho más porque la mayoría de sus empleados no son fijos.
“Quiero abrir y quiero que no me cierren porque si no quiebro”, concluyó Ramos.
Esta historia fue publicada originalmente el 15 de septiembre de 2020, 5:41 p. m. with the headline "‘No pido ayuda, pido que me dejen trabajar’. Dueño de Cubaocho teme la quiebra si no abre."