Rusia apuesta por Miami y Nueva York con elegancia
Cuando era niño y crecía en la palaciega ciudad de San Petersburgo, Vladislav Doronin visitó el Hermitage con su madre. Aunque el museo es quizás más conocidos por sus pinturas impresionistas, las obras que más llegaron a Doronin fueron las de la vanguardia rusa. Ahora su gusto por esas audaces formas y colores se ha ampliado a una amplia pasión por lo visual que abarca la arquitectura, el diseño y el arte contemporáneo al tiempo que ha creado un imperio de bienes raíces centrado en Moscú, y ahora en Miami y Nueva York.
Después de un tiempo como corredor de bienes básicos en la firma de Marc Rich en Suiza, Doronin regresó a Rusia en 1993, llevando con él la experiencia de arquitectos reconocidos internacionalmente a sus proyectos de oficinas, tiendas minoristas y viviendas. En los años transcurridos desde entonces, su firma rusa, Capital Group, ha desarrollado más de 70 proyectos con más de 75 millones de pies cuadrados, y ha trabajado con arquitectos como SOM (anteriormente Skidmore, Owings & Merrill), el francés Jacques Grange, el español Ricardo Bofill Taller de Arquitectura y el italiano Massimo Iosa Ghini. En el 2014, la edición de la revista Forbes en ruso calificó a Doronin como uno de los “Reyes de los Bienes Raíces en Rusia”. En tiempos de elecciones, con frecuencia se referían a él como “el Donald Trump ruso”, una referencia exclusiva a los bienes raíces; su portavoz dice que el magnate no tiene aspiraciones políticas. Con frecuencia dicen que es multimillonario, aunque no está en la lista de las personas más ricas de la revista Forbes.
La casa donde vive en Moscú –que califica de su “mayor lujo”– fue diseñada por la ya fallecida arquitecta Zaha Hadid, ganadora del Premio Pritzker, cuyo último edificio de apartamentos, el 1000 Museum, se levanta ahora cerca del Pérez Art Museum Miami. Los dos se conocieron hace una década cuando Doronin la contrató para planear un edificio de condominios de 800,000 pies cuadrados en Moscú, que finalmente no se concretó por falta de autorización del gobierno. Para entonces, dice, se habían hecho amigos.
“Yo quería colaborar con ella”, dice él. Los dos se conocieron en el vecindario de lujo Mayfair de Londres, Doronin explica que lo que estaba buscando. “No quiero ver a ningún vecino”, aunque los que viven a lo largo de la llamada “calle del zar” en una zona boscosa en las afueras de Moscú no eran exactamente proletarios. “Lo que quiero ver es el cielo azul por encima de los árboles. Ella lo diseñó literalmente sobre la mesa.
‘¿Te gusta?’, me preguntó. Y yo me enamoré del diseño”.
El resultado es una casa de 40,000 pies cuadrados, mucho mayor que una dacha normal. Es la única residencia privada diseñada por Hadid antes de su inesperada muerte reciente de un infarto. (Hadid había diseñado otras residencias para clientes privados, pero todavía no se han construido). “Me entristece mucho”, dice Doronin del fallecimiento. “Ella llegó a ser una amiga cercana, cenábamos juntos, ella venía a mi casa. … falleció muy joven. Era un genio”.
Para Missoni Baia, el proyecto de condominios de Doronin, un edificio de lujo de 57 pisos frente al mar en Edgewater, Miami, Hadid le había recomendado a Hami Rashid, del estudio neoyorquino Asymptote Architecture. Esta escultura habitable, dice Rashid, invoca el espíritu minimalista de Josef Albers, Donald Judd, Sol Lewitt y Jesús Rafael Soto. La casa italiana de moda Missoni define el entorno interior en su primera colaboración en un proyecto de bienes raíces.
La primera firma de Doronin en Estados Unidos, OKO, también ha anunciado una torre residencial de lujo de 47 pisos en Biscayne Bay y la 25 Road, que diseñará Adrian Smith + Gordon Gill Architecture, la firma que hizo la enorme Jeddah Tower en Arabia Saudita. Doronin también tiene propiedades en Brickell Avenue, resultado de una alianza anterior con el urbanizador miamense Ugo Columbo, y dice que busca activamente más terrenos en Miami. Doronin comenzó a venir a la ciudad en los años 1990, y en el 2008 compró una casa en Star Island. Cuando era más joven, dijo, “mi sueño era construir algo en Miami. Me encanta Nueva York, y Miami está cerca, para ir los fines de semana. Tiene un clima y una atmósfera diferentes.
“He visto cómo ha crecido Miami en los últimos 10 años. Miami se ha convertido en una ciudad de actividad permanente, con importancia internacional”, dice, recitando estadísticas del tráfico en el aeropuerto. “La ciudad está creciendo con un desarrollo cultural alentador, con Art Basel y diseño interior”. Y entonces están los restaurantes: Milos, Casa Tua, Zuma. “Lo que es importante para mí es la buena vida. Buen tiempo y una vida feliz. También creo que, en general, Estados Unidos es un país seguro. Seguro para los niños, con hospitales y escuelas”.
Doronin también tiene residencias en Londres y Nueva York, con espacio suficiente para los exquisitos muebles que colecciona, de Gio Ponti, Jean Prouvé, Le Courbusier, Charlotte Perriand, George Nakashima, Mies van der Rohe. En su lista de deseos tiene ahora a Isamu Noguchi.
“Me gusta el diseño de interiores, me gusta estar en casa, el ambiente casero, cocinar y estar con la familia”, dice Doronin, que tiene un hijo. El magnate tiene un chef italiano y otro japonés, pero a veces cocina él mismo. “Me encanta la comida italiana, a veces cocino pasta”. Es difícil imaginar a este hombre apuesto de 54 años, cortando ajos. Pero sí se le puede imaginar cocinando pescado, naturalmente.
Con cuatro residencias, Doronin tiene espacio suficiente para su colección de arte. Junto con la adquisición de los maestros rusos vanguardistas Kazimir Malevich y El Lissitzky, Doronin colecciona obras de gigantes más contemporáneos: Jean-Michel Basquiat, Ed Ruscha, Richard Prince, Urs Fischer, Julian Schnabel, Anish Kapoor y Frank Stella. Y alienta a los artistas rusos jóvenes, así como proyectos culturales, a través de su Fundación Capital Group, creada en el 2009. También ha financiado la restauración de iglesias y sinagogas históricas en Moscú, proyectos de investigación del cáncer, programas para mujeres y niños desaventajados, y la preservación de tigres en entornos naturales, actividades que le ganaron un lugar en un artículo de la revista Forbes en ruso sobre empresarios que han mejorado la vida en Moscú.
Para dar forma a su colección de arte, Doronin trabaja con asesores —se dice que entre ellos está el galerista neoyorquino Tony Shafrazi— pero en materia de muebles y obras de arte, las decisiones de compra las toma él. “Es como un Fabergé”, dice, refiriéndose al joyero de la casa real rusa. “Otros me dicen si un Fabergé es genuino o no, entonces yo decido si me gusta. No lo compro sólo por el nombre y la inversión, sino por gusto personal también”.
Recientemente, Doronin ha centrado su atención en la fotografía. En su colección hay una amplia muestra de fotos en blanco y negro del fallecido actor y cineasta Dennis Hopper. Doronin ha prestado la colección a la Royal Academy de Londres para una retrospectiva. “Creo que [Hopper] muestra al Estados Unidos real”, y señala en específico la serie de imágenes de Hopper del funeral del presidente John F. Kennedy. “Él era parte de este movimiento que representó al Estados Unidos de ese período. Fue un vanguardista de su época”.
Para Doronin, Miami es una ganga relativa en materia de bienes raíces. Crear condominios de lujo similares a los que construye en Miami cuesta tres veces más en Nueva York y Londres. Y eso, señala, se traduce en precios más favorables para los compradores en una ciudad a la que vienen a conocer y a desear.
“Miami se ha convertido en una ciudad muy internacional”, dice Doronin. Para él, su sueño juvenil de tener una presencia en el trópico se ha hecho realidad.
Esta historia fue publicada originalmente el 19 de enero de 2017, 3:58 p. m. with the headline "Rusia apuesta por Miami y Nueva York con elegancia."