“La ventaja logística de Miami puede ser un espejismo para los compradores”, según experta
La posición geográfica de Florida es indiscutiblemente privilegiada para el comercio internacional. Sin embargo, la infraestructura aeroportuaria y marítima puede convertirse en un arma de doble filo para los negocios que no calculan con rigor los riesgos de la cadena de suministro.
Así lo advierte Adriana Virginia Lobo, CEO de Alsea Trading Group LLC y especialista en abastecimiento global, con más de 22 años de experiencia en firmas multinacionales como Nestlé, AB InBev y Colgate-Palmolive.
“Aquí, en Miami, tenemos una ventaja logística que muchas empresas en otras partes del país envidian: PortMiami y el MIA nos dan acceso directo y rápido a proveedores de toda América Latina y el Caribe”, señala Lobo, vicepresidenta del capítulo ISM South Florida (Institute for Supply Management) y cofundadora de la plataforma SaaS TailSourcing.
En su análisis sobre los desafíos estructurales que enfrentan las pequeñas y medianas empresas (SMB) al ingresar al mercado de la importación y la negociación internacional, la experta admite que en Florida existe una tendencia a confundir la agilidad operativa con la simplicidad comercial.
“Esa misma facilidad puede ser un espejismo”, alerta la especialista. “Muchas SMB de nuestra región asumen que, como mover la mercancía es sencillo, importar es sencillo. Y no lo es. La logística es la parte visible; el verdadero diferencial está en cómo gestionamos la relación con el proveedor que está detrás de esa mercancía”.
Para Lobo, las empresas locales suelen cometer errores críticos derivados de esta proximidad. Por ejemplo, confundir cercanía geográfica con solidez comercial, deficiencias en la calificación del proveedor y concentración del riesgo.
“Que un proveedor esté a pocas horas de vuelo no garantiza que el contrato resguarde a la operación ante retrasos o fluctuaciones de precios. La abundancia de ofertas en un hub como Miami induce a elegir por rapidez o precio inicial, omitiendo auditorías de estabilidad financiera y operativa. Y además, la comodidad del acceso directo lleva a los negocios a depender de uno o dos proveedores de la misma zona, lo que elimina la resiliencia ante eventuales crisis”, explica.
La especialista subraya que esa misma cercanía, bien aprovechada, deja de ser un espejismo para convertirse en una ventaja real. El escenario actual se encuentra en plena transformación: cada vez más empresas estadounidenses están trasladando sus fuentes de abastecimiento desde Asia hacia América Latina, un fenómeno conocido como nearshoring y consolidado en informes comerciales recientes.
“Países como México, República Dominicana, El Salvador y Guatemala están atrayendo esa manufactura, especialmente textil. Para una SMB en Florida, que hace bien su tarea, eso cambia las reglas: contar con un proveedor a pocas horas de distancia significa pedidos mínimos más bajos, plazos de entrega más cortos y la posibilidad de visitar la fábrica y resolver un problema en persona. Son ventajas que un negocio pequeño no tiene cuando su proveedor está al otro lado del mundo”, explica.
Frente a este panorama, la ejecutiva —colombiana de origen y radicada en Miami— insiste en que la estrategia de compras es una competencia interna que no se debe tercerizar.
Para estructurar un proceso de importación sostenible, sugiere un esquema riguroso para establecer especificaciones, volúmenes y estándares de calidad antes de buscar cotizaciones; evaluar un mínimo de tres candidatos por categoría bajo criterios de cumplimiento normativo y salud financiera; blindar el acuerdo mediante penalidades explícitas por incumplimiento y límites a la indexación de precios; integrar aranceles, logística e imprevistos, en lugar de evaluar únicamente el precio unitario de factura; y diversificar orígenes para sostener una alternativa calificada activa.
“Importar no es comprar barato afuera; sino construir una cadena de abastecimiento que aguante cuando algo salga mal. Y algo, tarde o temprano, sale mal”, asegura Lobo, para quien la gestión de riesgos en procurement deja de ser un aspecto técnico para convertirse en pilar de la sostenibilidad financiera en un mercado global volátil.