27 años de la invasión que acabó con Noriega, ‘el hombre fuerte de Panamá’
En la madrugada del 20 de diciembre de 1989, Manuel Antonio Noriega despertó del sueño de perpetuarse en el poder y seguir siendo “el hombre fuerte de Panamá”, para más nunca volver a ser considerado como tal.
Este martes, al cumplirse 27 años de la operación estadounidense “causa justa”, es un ex dictador presidiario con penas cumplidas, aunque reducidas, en la Institución Correccional Federal en Miami, Florida (de 40 años de sentencia purgó 20 años) y en París, Francia (de siete años pagó un año). Hoy es convicto octogenario en la propia nación que lo vio nacer y que no ha cerrado del todo las heridas de un régimen sangriento y de una invasión foránea, condenado por homicidio y crímenes de lesa humanidad, por lo que no se le concede el beneficio de casa por cárcel y continúa en el Centro Penitenciario Renacer, desde el 11 de diciembre de 2011.
Noriega nunca se imaginó que llevaría el número 38699-079 de la Agencia Federal de Prisiones de Estados Unidos, culpable de ocho cargos de tráfico de drogas, crimen organizado y lavado de dinero, ni que a su residencia en Panamá entrarían intempestivamente los soldados para mostrar sus intimidades.
Su vivienda hablaba claramente de la personalidad de uno de los autores de las muertes de la dictadura castrense panameña, contabilizadas por la Comisión de la Verdad de Panamá en 70 personas asesinadas y 40 desaparecidas. Quien en su haber fue señalado también por escándalos sexuales, contaba en su escritorio material fotográfico que poco halagan el respeto a la mujer, pero nada comparable a los cientos de armas de guerra que poseía, a su altar de brujería y a retratos que evidenciaban el perfil de sus ídolos, incluyendo uno de Adolfo Hitler.
Llegó a controlar un país a punta de dominio castrense e intriga, no por su carisma o respaldo popular expresado en elecciones.
Pasó de ser jefe de inteligencia y el enlace de la CIA, así como el “gángster” del dictador Omar Torrijos, como algunos testigos dicen que el mismo líder golpista lo llamaba, para convertirse –tras la misteriosa muerte de Torrijos en un accidente aéreo– en el principal factor de control militar de la población.
Fue represor e instaurador de un narcoestado aliado del fallecido capo Pablo Escobar Gaviria, ayudándolo a transportar cocaína del Cártel de Medellín a Estados Unidos, durante los años de su dictadura militar en el istmo, entre 1983 y 1989. El propio sicario principal del ultimado cabecilla del tráfico de drogas, el ex presidiario neogranadino Jhon Jairo Velásquez Vásquez alias "Popeye", llama “Perro” al ex mandatario, por sus códigos de conducta.
Noriega había creado un grupo especial de bravucones o de criminales, llamados ‘Batallones de la Dignidad’, que tenían todo menos dignidad. Los utilizaba como su grupo personal para golpear personas que se oponían al régimen
Michael C. Polt
Consejero de Asuntos Políticos de la Embajada de Estados Unidos en PanamáEsa madrugada del 20 de diciembre, la estrepitosa movilización de 26,000 oficiales estadounidenses le diría al “hombre fuerte de Panamá” que se le acabó el tiempo para ordenar ejecuciones extrajudiciales, así como el disfrute de una fortuna en la cual se contabilizan depósitos y bienes millonarios, como lo evidencia los lujos que le fueron confiscados por lavado de dinero en Francia, por los cuales Panamá solicitó la repatriación de más de $33 millones.
Hasta la noche previa, Noriega se sentía rebelde contra el mundo y contra la nación que pondría fin a su égida, pues para ese momento había recién acabado con una conspiración para sacarlo del trono de las fuerzas militares panameñas, perpetrando la que luego sería llamada “la masacre de Albrook”.
En esa matanza había dejado claro su “estilo”, que consistía en no solo dar muerte a los enemigos que habían intentado alzarse en su contra el 2 de octubre de 1989. Al mayor Moisés Giroldi, quien estaba al mando del grupo de desobedientes, y a los otros 10 oficiales, los atormentaron con castigos físicos antes de ejecutarlos por órdenes suyas. El pecado de Giroldi, dirían analistas, fue darle tiempo para hacer unas cuantas llamadas y darle paso al contragolpe. No obstante, su acción dejaría resquebrajamientos en las lealtades militares al tirano.
El retumbar de las detonaciones con las cuales fueron destruidos, en cuestión de horas, cuarteles claves de su poderío militar, en aquel diciembre de 1989, posiblemente hizo recordar a Noriega sus irrespetos a los procesos electorales en Panamá, así como sus escaramuzas contra políticos elegidos por el pueblo.
Los ‘Batallones de la Dignidad’
“En mayo de 1989, cuando las elecciones fueron robadas por Noriega haciendo trampa y robándose las cajas con los votos, la oposición salió a las calles de Panamá para protestar contra su régimen. Yo estaba en el teléfono con uno de los asesores de la oposición panameña, mientras ellos se manifestaban en la Ciudad de Panamá”, dijo en exclusiva a el Nuevo Herald el embajador Michael C. Polt, para entonces Consejero de Asuntos Políticos de la Embajada de Estados Unidos en Panamá .
“Él me iba diciendo, mientras caminaba, lo que iba sucediendo. Se encontraron con los policías y militares de Noriega en el camino y estos trataban de detenerlos. En el curso de la conversación, hubo uno de los peores momentos que he tenido en mi carrera diplomática. Yo estaba en el teléfono y fui testigo a través del auricular de cuando uno de los guardaespaldas de los opositores fue tiroteado y asesinado. Podía escuchar los tiros, las reacciones, podía escuchar a un hombre básicamente muriendo del otro lado del teléfono, a causa de la interacción con el régimen de Noriega”.
El embajador Polt fue testigo del clima de tensión que se vivía en el istmo. En un régimen que no permitía libertad de expresión, llegó a reinar una cleptocracia –conocida como el gobierno de los ladrones–, capaz de crear terror con el especial uso impune de grupos paramilitares, creados y concebidos por Manuel Antonio Noriega para golpear y atentar contra la gente panameña en función de sus apetitos.
“Noriega había creado un grupo especial de bravucones o de criminales, llamados ‘Batallones de la Dignidad’, que tenían todo menos dignidad. Los utilizaba como su grupo personal para golpear personas que se oponían al régimen. Así que había nerviosismo en Panamá y la oposición estaba ansiosa por buscar la manera de ayudar al pueblo panameño y por buscar la manera de que Estados Unidos también los ayudara a retomar el control de la democracia en Panamá”, comenta Polt.
Giroldi le habría advertido a Noriega que el golpe se debía a la crisis económica que asolaba a Panamá y la presión internacional por sus delitos. Según analistas, la respuesta a no haberlo ultimado fueron “las maneras” de Noriega, que incluían torturas previas para llevar el ejemplo de terror a los mandos medios y filas bajas, con dolor a la extrema potencia antes de las ejecuciones.
Cuando él estaba en el poder en Panamá, era un hombre fuerte y agresivo. Pero cuando fue arrestado y traído bajo custodia a Estados Unidos, se volvió más humilde
Frank Rubino
abogado de NoriegaDenunciantes de estas “maneras” son los familiares del médico y guerrillero Hugo Spadafora, asesinado por el régimen de Noriega en 1985. Había sido viceministro de Salud en la época de Torrijos, denunció los lazos de Noriega con el narcotráfico. Viajó para ser activista en naciones latinoamericanas y regresaba a Panamá, pero fue interceptado en la frontera con Costa Rica, donde se le vio vivo por última vez. Hallaron su cuerpo, con las costillas fracturadas y lesiones en los genitales, pero nunca fue encontrada su cabeza.
“La chispa inmediata que llevó a iniciar acciones contra Noriega fue el incidente con militares norteamericanos que iban a una cena en la ciudad y fueron interceptados en un punto de control de la milicia de Noriega y en el curso de la interacción en el punto de control, uno de los oficiales norteamericanos fue herido de gravedad y luego muere a causa de esa herida, a mano de un soldado panameño”, comenta Polt.
“Se suma a esto los niveles de conflictos a lo largo de todo el territorio panameño. Como parte del tratado del Canal de Panamá, los militares americanos tenían derecho y el deber de transitar libremente por todo el territorio panameño para proteger la integridad del Canal y durante ese tiempo las fuerzas de Noriega ponían a prueba ese derecho de las fuerzas americanas. Y recuerdo una oportunidad, un episodio aterrador, dado que todavía teníamos familias americanas con niños en las bases militares y también en la comunidad diplomática, que un autobús de niños americanos estuvo en medio de un enfrentamiento entre los militares de Noriega y las fuerzas estadounidenses y aunque nada sucedió, los niños resultaron ilesos, era una situación que ningún niño debe experimentar, sea panameño, americano, ninguno”.
Es difícil vislumbrar qué pasaría por la cabeza del tirano Noriega cuando comenzó a escuchar el rock “heavy metal” que le colocaron a todo volumen las fuerzas estadounidenses que habían rodeado la Nunciatura Apostólica de Panamá. Allí se había escondido el 24 de diciembre. El estruendo sonar de guitarras y demás, propios del género musical, alcanzó su cometido de obstinación el 3 de enero de 1990. En compañía del Nuncio Sebastián Laboa, el dictador se aproximó a la entrada de la edificación y se entregó a los soldados norteamericanos. Vestía de general del Ejército, sería uno de los últimos en hacerlo, pues el principal legado del período de terror vivido por Panamá fue la eliminación del Ejército del país, medida que alcanzó rango constitucional en 1994.
Juicios y perdones
Aún la defensa del gobernante depuesto refiere irregularidades. “El juicio en Estados Unidos tenía sus motivaciones políticas por el presidente [George] Bush, porque el presidente Bush salió en televisión nacional diciendo que Noriega era culpable”, declaró a El Nuevo Herald el abogado Frank Rubino, quien representó al panameño y quien aún guarda contacto con el ex mandatario. “Y no fue un juicio justo, por las motivaciones políticas. La evidencia en su contra fue totalmente comprada y pagada por el gobierno de los Estados Unidos. Ellos tomaron criminales convictos por crímenes muchos más perniciosos que los de Noriega y les dieron acuerdos para que testificaran en su contra. Creo que fue escandaloso que el gobierno de Estados Unidos hiciera tratos con estos grandes criminales, en algunos casos con libertad plena, a cambio de su testimonio contra Noriega”.
“Cuando él estaba en el poder en Panamá, era un hombre fuerte y agresivo. Pero cuando fue arrestado y traído bajo custodia a Estados Unidos, se volvió más humilde”, comenta Rubino. Posiblemente, esa “humildad” lo llevó a pedir perdón, de manera pública, desde su sitio de reclusión en Panamá: “Pido perdón a toda persona que se sienta ofendida, afectada, perjudicada o humillada por mis acciones o de mis superiores en el cumplimiento de órdenes o de la de mis subalternos dentro del estatus de responsabilidad de mi Gobierno civil y militar”, dijo a la televisora Telemetro.
“La decisión de que si puede o debe ser perdonado depende del pueblo panameño. No es lo que le hizo a Estados Unidos, o la interacción que tuvo con nosotros, aunque también tenemos causas en su contra, pero sus crímenes son contra el pueblo panameño, el mayor daño que hizo fue contra el pueblo panameño. Sí, también hubo norteamericanos que fueron heridos y asesinados durante la intervención que hicimos para sacarlo del Gobierno, pero sus crímenes fueron mayormente contra el pueblo panameño y ellos son los que tendrán que decidir si pueden encontrar la manera de seguir adelante y dejar que el pasado sea el pasado. Observé una entrevista a su retorno a Panamá, él era un hombre mayor en decadencia, un criminal que había salido de la cárcel”, indicó Polt.
Este año, Panamá abrió una Comisión de la Verdad para exigir a Washington que reconozca las pérdidas humanas consecuencia de la Operación Causa Justa, que habría dejado, según el informe del grupo estadounidense Médicos por los Derechos Humanos, al menos 302 civiles muertos y hasta 3,000 heridos. El istmo no ha cerrado sus heridas.
Mientras tanto, según el abogado Rubino, Noriega sigue defendiendo su inocencia. “Cuando el jurado lo encontró culpable él no estaba feliz y yo tampoco. Él no acepta su culpabilidad, él no cree que haya sido culpable”.
Siga a León Hernández en Twitter en @El_Leon
Esta historia fue publicada originalmente el 19 de diciembre de 2016, 1:00 p. m. with the headline "27 años de la invasión que acabó con Noriega, ‘el hombre fuerte de Panamá’."