América Latina

Los extraños ‘castillos’ de Quito, testigos de un esplendor que se desvaneció

Los ‘castillos’ de Quito, Ecuador, fueron construidos como viviendas en la década del 1930 y 1940 para la alta sociedad quiteña. El aumento del valor del terreno y los cambios en la ciudad ponen en peligro estas edificaciones.
Los ‘castillos’ de Quito, Ecuador, fueron construidos como viviendas en la década del 1930 y 1940 para la alta sociedad quiteña. El aumento del valor del terreno y los cambios en la ciudad ponen en peligro estas edificaciones. Miami Herald

Durante más de 80 años, Quito ha estado custodiada por una extraña variedad de castillos de estilo un tanto kitsch, llenos de torres y torrecillas, agujas y falsos puentes levadizos, cúpulas moriscas y majestuosas escalinatas.

En una ciudad renombrada a nivel internacional por su arquitectura colonial (su centro histórico ha sido considerado Patrimonio de la Humanidad por las Naciones Unidas desde 1978), los castillos de Quito han sido vistos como excentricidades arquitectónicas sin importancia y monstruosidades de mediados del siglo pasado.

A pesar de estar protegidos por la ciudad, algunos han sido destruidos completamente y otros modificados hasta hacerse irreconocibles. De los 15 castillos que Héctor López, un investigador que tiene un blog sobre la arquitectura de Quito, ha identificado en la ciudad, tal vez cinco retienen gran parte de su encanto original, dijo el mismo.

El ojo de un inmigrante mexicano

Para entender cómo estas fortalezas dignas de Disney acabaron en los altiplanos de Sudamérica hay que conocer la historia de Rubén Vinci, inmigrante mexicano con un ojo para lo fantástico.

Se cree que Vinci llegó a Ecuador a principios del siglo XX y empezó a trabajar en el pueblo sureño de Riobamba. Pero su gran oportunidad llegó en la década de 1930, cuando Carlos Larrea, diplomático ecuatoriano y erudito del medioevo, se acercó a Vinci para que le diseñara una casa que reflejara sus intereses.

El resultado de ese pedido fue un castillo de tres plantas con múltiples torres, un foso y un puente levadizo, rodeados por un jardín al estilo inglés.

En los años que siguieron, Vinci tuvo una buena racha y construyó más de una docena de mansiones palaciegas y castillos para la alta sociedad de Quito.

Pocos recuerdan en la actualidad quién es Vinci, pero “hubo una época en que él era súper famoso”, dijo López. “Llegó a ser condecorado por el Congreso de Ecuador”.

Rómulo Moya Peralta, miembro del Comité Internacional de Críticos de Arquitectura y director de Trama, la revista de arquitectura de Quito, dijo que los edificios de Vinci son una mezcla ecléctica de estilos medievales, neogóticos y neomoriscos.

La residencia del propio Vinci (que ahora es un restaurante) tiene un techo en forma de cúpula de aspecto árabe y muros incrustados de guijarros de río, que se usaban para cubrir los suelos de los patios y por ello a la residencia se le conoce popularmente como Casa del Patio Parado. Otro castillo ese usa como oficina central de una campaña política y está decorado en tonos chillones de naranja y amarillo, lo cual llevó a un turista a especular si habría sido construido por capos de la droga en la década de 1980.

Más allá de si los castillos son de “buen o de mal gusto” de acuerdo con los estándares actuales, representan un momento especial en la historia de Quito, dijo Moya. “Esos castillos son obras arquitectónicas únicas y excepcionales y merecen ser protegidas”, agregó.

Pero incluso durante su período de esplendor, hubo ciertas críticas, dijo Angélica Arias, directora del Instituto Metropolitano de Patrimonio de Quito, el cual protege los edificios históricos de Ecuador.

“Tenían mucha ornamentación”, dijo de las residencias, “y en cierto momento la gente empezó a quejarse de que parecía como si Quito estuviera llenándose de tortas”. En otras palabras, casas recargadas y vulgares.

Castillos en territorio enemigo

Pero los castillos fueron construidos de forma no intencional en territorio enemigo. Con los años, el barrio Mariscal Sucre, donde está la mayoría de los castillos, se convirtió en el nuevo centro comercial de Quito.

Muchos de los castillos residenciales fueron convertidos a la carrera en oficinas, hoteles y restaurantes. Sus jardines, antes vastos, se convirtieron en codiciadas propiedades inmobiliarias para ser vendidas o urbanizadas, de modo que algunos de los castillos quedaron empotrados en otros edificios, como si estuvieran siendo sepultados por la ciudad.

En 1984, Quito concedió protección arquitectónica a muchos de los castillos, pero las fuerzas económicas eran demasiado fuertes, dijo Arias. En un barrio cuya zonificación es para edificios de muchos pisos, los castillos fueron vistos como una carga.

“Las personas propietarias de esas residencias se sintieron como si fuerancastigadas”, dijo. “Ellos tenían que conformarse con, digamos, una casa de dos pisos, mientras que su vecino podía construir un edificio de diez o 12 pisos”.

Los propietarios buscaron lagunas jurídicas, y a veces destruyeron los edificios en mitad de la noche. Al menos cuatro de los edificios de Vinci fueron demolidos por completo y reemplazados por edificios de oficinas, dijo López.

Castillo arrinconado

Y los que han sido salvados a menudo reflejan las tensiones económicas de la ciudad.

En el 2013, un grupo urbanizadora compró el Castillo Larrea –la obra maestra original de Vinci con el foso y el puente levadizo– y construyó a su lado un rascacielos de 16 pisos que eclipsó el castillo, antes imponente.

Arias dijo que los urbanizadores siguieron la ley al pie de la letra (la planta baja del complejo de oficinas es de cristal de modo que el edificio se puede ver desde la calle) pero admite que la “esencia” del castillo se ha perdido.

López, el periodista, dijo que la ciudad cometió un error al no reconocer que los alrededores de los castillos son también parte de su encanto arquitectónico.

“En el Castillo Larrea los jardines ya no existen, el puente levadizo ya no existe”, dijo. “Es una enorme pérdida para la ciudad".

Al frente de Larrea, al otro lado de la calle, está uno de los castillos mejor conservados de Quito. Una escalinata asciende entre las estatuas de dos leones, atraviesa un ornamentado pórtico y entra a la tienda por departamentos "Rickie".

José Cueva compró el edificio en 1979, pero dijo que nunca tuvo la intención de preservarlo.

“Soy un comerciante”, explicó Cueva en un fin de semana reciente. "Para mí, todo está a la venta, excepto mi esposa y mis hijos".

Pero, con el paso de los años, después de haber visto un castillo tras otro derribados por las fuerzas gemelas del ridículo y el valor de las propiedades inmobiliarias, él ha ido desarrollando un sentimiento protector. Cuando recientemente una compañía le ofreció "mucho dinero" para convertir el edificio en una gasolinera, consideró que su deber cívico era rechazarlo.

"Yo soy quiteño, y recuerdo cómo esta era una de las partes más bonitas de la ciudad", dijo. "Yo no quiero ser del problema".

Es demasiado pronto para decir que los castillos podrán sobrevivir este asalto frontal, pero al menos están recibiendo un mayor reconocimiento.

Arias dijo que el municipio de Quito está pasando revista a sus planes de preservación y tratando de encontrar maneras de brindar incentivos a los propietarios de castillos "para que estos no los vean como una carga".

Y López empezó recientemente a ofrecer giras del barrio Mariscal Sucre, donde la obra de Vinci juega un papel estelar.

"Nuestra primera gira fue en diciembre", dijo. "Fue un éxito total".

Esta historia fue publicada originalmente el 8 de marzo de 2017, 3:30 p. m. with the headline "Los extraños ‘castillos’ de Quito, testigos de un esplendor que se desvaneció."

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