Abandonados y separados: la peligrosa situación de los niños haitianos
Especialistas en protección infantil lanzan una pregunta tras otra a la vez que ofrecen descripciones de calles y nombres de ciudades en su búsqueda de pistas, mientras el niño se sienta callado en una mesa de juegos.
Poco cooperador y aparentemente evasivo, el niño, que dice llamarse Jefferson Joseph, descansa la cabeza entre sus puños cerrados. Después de unos segundos, abre los puños y entonces dice su apellido y su edad. Pero durante los minutos siguientes, el menor de seis años da una larga y confusa lista de apodos de su padre, y el nombre de una ciudad que ninguno de los trabajadores ha escuchado nunca.
“¿Cómo se llama tu papá?”, le pregunta Michelot Difficile. “¿Tonton? ¿Tonton qué?”
Difficile trabaja en la frontera entre Haití y República Dominicana con la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), que ayuda al Instituto de Bienestar Social e Investigaciones de Haití (IBESR) a reunir niños abandonados y separados con sus familiares. La agencia de la ONU también monitorea el tráfico de personas a lo largo de la frontera.
Este día, Difficile no está seguro de si el niño no le dice la verdad a propósito, porque los traficantes muchas veces los enseñan a hacerlo, o si de verdad no puede recordar de dónde es. El niño fue recogido en julio en el mercado de la ciudad fronteriza haitiana de Ouanaminthe, y llevado por el IBESR a un albergue temporal ubicado al final de un serpenteante camino de tierra.
“No habla”, dijo Judith Surlin, la trabajadora social que dirige el albergue, operado por la orden religiosa Soeurs Saint Jean. “Nadie ha venido a preguntar por él”.
La estancia de Jefferson en el albergue debía ser temporal, por un máximo de 15 días. Pero ya lleva aquí seis meses, mucho más que cualquiera de los 20 niños a cargo de Sturlin. La mayoría de los niños, dijo ella, fueron abandonados por sus padres y dos quedaron separados de sus padres después que los deportaran de la República Dominicana como parte de un esfuerzo continuado por repatriar a haitianos indocumentados y dominicanos de ascendencia haitiana que perdieron la ciudadanía de forma retroactiva después de un fallo judicial del 2013 en Santo Domingo.
En un país donde miles de niños son víctimas del tráfico de personas todos los años, la situación de los niños haitianos a lo largo de esta porosa frontera es de un gran peligro. Por una parte están los niños de la calle, que no tienen adónde ir después de huir del abuso o de ser abandonados por sus padres. También están los que han sido deportados a Haití sin sus padres, como Roberto, de 6 años, quien fue enviado al otro lado del puente por las autoridades dominicanas. Algunos son sencillamente víctimas del tráfico de personas, como la niña de 15 años sentada cerca de Jefferson, quien dijo que su cuñado fue arrestado por la policía haitiana después de que intentó cruzar a la República Dominicana con ella.
Todos fueron llevados al albergue, donde esperan que alguien venga a reclamarlos. Algunas veces vienen los padres, dijo Sturlin. Pero otras, no, y los menores se quedan en un limbo y, a final, los trasladan a instalaciones residenciales a largo plazo, como un orfanato, hasta que cumplan 18 años.
“Los padres ahora son diferentes”, dijo Sturlin. “En el pasado, las cosas no eran así. Los padres vivían en situaciones difíciles, pero se las arreglaban y cuidaban a sus hijos lo mejor posible. Eso no sucede hoy. Sencillamente los abandonan”.
Apoyado por la UNICEF y Canadá, el albergue temporal es de muchas maneras un salvavidas. Los niños tienen alimentos, duermen en literas en dormitorios separados, rosado el de las niñas y azul el de los varones. Afuera hay un jardín y un campo grande para jugar. Pero los especialistas en protección infantil reconocen que el albergue, que tiene capacidad para solamente 30 menores, no alivia mucho la desesperada situación de los niños haitianos.
Sin embargo, su alegre fachada con murales de tamaño natural de niños y las palabras en creole “Todos los niños deben vivir con sus familias”, destaca la magnitud de la lucha diaria que enfrentan los trabajadores de bienestar infantil al tratar de proteger a los más vulnerables, especialmente a lo largo de una de sus fronteras con más movimiento.
“El trabajo que hacemos aquí no es fácil”, dijo Surlin. “Estos niños crecieron en las calles... Hay niños que vienen aquí que son víctimas de la violencia sexual”.
Los esfuerzos por proteger mejor a los niños haitianos aumentaron después de que un grupo de misioneros estadounidenses fueran acusados de secuestrar a 33 menores y de tratar de sacarlos del país a raíz del devastador terremoto del 12 de enero del 2010. El arresto de los misioneros, que generó titulares internacionales, destacó el abrumado sistema de bienestar infantil y la vulnerabilidad de los menores, miles de los cuales son obligados a realizar labores domésticas o los abandonan en las calles o en orfanatos no regulados.
Con su abrumado sistema de bienestar infantil bajo la mirada internacional, las autoridades haitianas prometieron hacer más por proteger a los niños. El año pasado, la agencia de bienestar infantil lanzó un programa de acogida y en mayo el país finalmente cumplió totalmente la Convención de Adopción de La Haya, que norma las adopciones internacionales.
“Reconocemos sus esfuerzos por combatir el tráfico”, dijo Robin Diallo, encargada de negocios interina de la embajada de Estados Unidos en Puerto Príncipe. “Pero todavía queda mucho por hacer”.
El tráfico de personas, especialmente el de niños, a lo largo de la porosa frontera con la República Dominicana sigue siendo una gran preocupación, tanto que los actores de origen haitiano Garcelle Beauvais y Jimmy Jean-Louis se unieron recientemente para producir y protagonizar una película, Lalo’s House, sobre el tráfico de menores en Haití.
“Mientras más personas sepan lo que sucede, más se preocuparán por la situación”, dijo Jean-Louis desde el set de filmación en Los Ángeles. “Mientras más lo expongamos, menos lo harán. Hay que detener eso de una manera progresiva y creo que Lalo’s House va a aumentar la conciencia y el sentimiento de culpa”.
En su informe de Tráfico de Personas del 2017, en la parte sobre Haití, el Departamento de Estado señaló que el país “había aumentado ligeramente sus esfuerzos por evitar el tráfico”. También destacó varios esfuerzos, como conseguir tres sentencias durante el período del informe.
Pero en momentos que todavía hay miles de niños haitianos en situación de servidumbre doméstica y “un número significativo” de niños que huyen de sus amos o de familias abusivas para quedarse a vivir en las calles, el gobierno necesita hacer más, indica el informe.
Algo que se suma a las preocupaciones, dicen autoridades de la OIM, quienes antes que se acabaran los fondos este año vigilaban de cerca los cuatro cruces fronterizos entre Haití y la República Dominicana para detectar cualquier señal de tráfico humano, son las deportaciones de haitianos desde la República Dominicana, que no han parado. Además de los miles de adultos que han sido repatriados, también hay miles de niños que han sido devueltos a Haití sin sus padres, que según la agencia de las Naciones Unidas es una violación de los tratados entre los dos gobiernos.
“Las cifras hablan por sí mismas”, dijo Olivier Tenes, jefe de operaciones de la OIM en el noreste de Haití. “En septiembre repatriaron a 156 menores”.
En total, 4,167 niños supuestamente no acompañados y separados fueron devueltos a Haití desde República Dominicana entre junio en septiembre, según la información de la agencia.
Recientemente, trabajadores de protección infantil de la IOM y el IBESR se apostaron en el puente que une a los dos países buscando niños que viajaran sin sus padres y los que se dirigían ilegalmente a Dajabón, en República Dominicana.
Mientras los peatones se abrían paso en medio del caótico movimiento, trabajadores con camisetas identificables de servicios de protección infantil, y otros camuflados en ropas normales, monitoreaban el movimiento. Entonces un trabajador del IBESR observó una pareja caminando con dos niños en medio de la multitud.
Les hicieron señas para que se detuvieran y llegaran a un lugar donde un especialista en protección infantil estaba sentado con una libreta, mientras Difficile, el funcionario de la IOM, vigilaba la situación. El trabajador pidió a los adultos documentos para determinar si los niños viajaban con ellos legalmente o eran víctimas del tráfico de personas.
Los dos niños, de 8 y 6 años, se agarraron de las piernas de su padre a cierta distancia de la mujer. Cuando un trabajador le hizo preguntas a uno de los niños, el menor reconoció sin darse cuenta de que la mujer no era su madre y el nombre que dio no era el que estaba en el certificado de nacimiento falso que habían entregado.
“Esta prevención es muy importante”, dijo Tenes. “Tenemos miles de menores deportados desde la República Dominicana porque no tienen papeles, la labor aquí es prevenir y evitar eso impidiendo que crucen la frontera ilegalmente”.
Diallo, la diplomática estadounidense, aprueba de buena gana que la agencia de bienestar infantil de Haití se haya aliado no solo con entidades internacionales sino también con la Policía Nacional Haitiana y su brigada especializada en niños “para dificultar el cruce de la frontera”.
También señaló que Estados Unidos apoya la nueva unidad de la policía fronteriza, que cuenta con todo el respaldo del jefe policial Michel-Ange Gédéon, quien viajará a Ouanaminthe el miércoles para lanzar la unidad, que contará incluso con drones e inicialmente unos 100 agentes para combatir el tráfico en esta zona fronteriza.
“Creemos que la Policía Nacional Haitiana va a mejorar la seguridad en la frontera”, dijo Diallo. “Los haitianos están tomando esto muy en serio”.
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Esta historia fue publicada originalmente el 26 de diciembre de 2017, 11:57 a. m. with the headline "Abandonados y separados: la peligrosa situación de los niños haitianos."