Cómo la demanda de oro en Estados Unidos envenena a los niños en la Amazonia
La recién nacida apenas acababa de dar su primer grito cuando investigadores de la Universidad Duke la sacaron de la sala de partos y comenzaron a recoger muestras de uñas y saliva.
Los investigadores esperan que Sofía y recién nacidos como ella puedan ofrecer pistas sobre cómo la desenfrenada extracción ilegal de oro en esta región del sureste de Perú está afectando a personas que nunca han puesto el pie en una mina, e incluso, como este caso, a los que acaban de nacer.
En esta región de la Amazonia peruana hay entre 30,000 y 50,000 mineros de oro, muchos de ellos ilegales, que se apresuran a satisfacer la demanda mundial de lingotes, joyas y componentes para teléfonos móviles. Buena parte del oro que se produce en lugares como Puerto Maldonado se exporta a Estados Unidos, donde existe poca conciencia sobre las consecuencias de salud de la extracción indebida del metal.
Los mineros usan mercurio, una sustancia tóxica, para separar el oro del mineral de donde se extrae. Pero este proceso tiene un subproducto peligroso. Según Artisanal Gold Council, una organización sin fines de lucro canadiense que trabaja con mineros locales para reducir la contaminación, todos los años unas 90 toneladas de mercurio terminan en el aire, los ríos y arroyos de la región peruana de Madre de Dios, donde con frecuencia afecta a comunidades incluso alejadas de las minas.
“Sabemos que la exposición al mercurio no se concentra solamente en las zonas mineras, sino que también está en zonas muy alejadas”, dijo Ernesto Ortiz, quien supervisa un estudio sobre el efecto del mercurio en mujeres embarazadas y sus hijos en Perú con la ayuda del Duke Global Health Institute. “Y está causando problemas a largo plazo que son irreversibles. Eso condena a los niños para toda la vida”.
Los efectos del mercurio sobre la salud –como el metal líquido mismo– son difíciles de identificar. Lo que la mayoría conocemos como mercurio en los termómetros, es el mercurio elemental, que aunque peligroso para la salud, el cuerpo no absorbe con facilidad.
Una vez que el mercurio se usa y se desecha en un río, por ejemplo, bacterias naturales lo convierten en metilmercurio, una poderosa neurotoxina que provoca todo tipo de problemas en el sistema nervioso, particularmente en los niños pequeños.
Cuando los peces se tragan sedimento contaminado en los ríos, y después son engullidos por otros peces más grandes, la presencia del metilmercurio se magnifica en la cadena de alimentación en dosis peligrosamente elevadas en peces como la mota punteada, parte de la dieta de muchos habitantes de zonas rurales.
Como resultado, comunidades ubicadas a la orilla de ríos y con aspecto idílico a veces tienen una mayor exposición al mercurio que poblados donde hay minas, en parte porque los mineros a veces tienen acceso a otras fuentes de proteína, como pollo y carne de res.
Luis Fernández, director ejecutivo del Centro de Innovación Científica en la Amazonia, de la Universidad Wake Forest, dijo que los estudios muestran que las comunidades indígenas rurales en esta parte de Perú tienen aproximadamente tres veces más mercurio en el sistema que personas de la ciudad no nativas. Y los niños de estas villas tienen un nivel de mercurio en el cuerpo 3.5 veces más alto que el promedio.
Aunque la deforestación, los pesticidas y la quema de basura también liberan mercurio al aire, el principal culpable en esta región es la minería de oro, explicó Fernández. Y las mujeres embarazadas son particularmente vulnerables.
El metilmercurio “puede llegar al feto, y como el sistema nervioso se está desarrollando, sufre las consecuencias”, dijo. “Los daños cognitivos y neurológicos son permanentes, de manera que tienen discapacidades el resto de la vida”.
La desconexión entre las minas y las víctimas de esa minería ha convertido en un reto comunicar los peligros de la exposición al mercurio.
Muchos en la industria de la minería que han estado expuestos a la forma menos tóxica del mercurio durante generaciones se muestran abiertamente hostiles a la idea de que este metal líquido, clave para los mineros del oro, es un problema.
En comunidades mineras en toda Sudamérica, muchos creen que las advertencias de salud y las normas más estrictas son parte de una confabulación para eliminar las pequeñas operaciones de minería y favorecer a los grandes conglomerados multinacionales que tienen los recursos para usar tecnología de punta.
Luis Otsuka, gobernador de la región Madre de Dios y minero de oro, dice que cree que las preocupaciones y las reglas sobre el mercurio son exageradas para beneficiar a las “mafias” ambientalistas a costa de la gente que vive en la comunidad.
Otsuka dice que los grupos de conservación, respaldados por Estados Unidos y Europa, han mantenido esta parte de Perú en medio de una pobreza abyecta en nombre de proteger el ambiente.
“Vienen aquí y nos dicen que no podemos tocar un árbol o comer pescado porque ellos no lo permiten”, dijo refieriéndose a los grupos ambientalistas, que ha tratado de sacar de la zona. “Ellos son los que deben morir de hambre, no la gente de estas comunidades”.
Que Otsuka, uno de los hombres más destacados de la región, sospeche del activismo contra el mercurio es una señal de las dificultades para crear alarma sobre el tema.
Uno de los retos es que los efectos de la contaminación con mercurio son a largo plazo y no pueden verse a simple vista, dijo Juan Loja, de la Asociación para la Conservación de la Cuenca Amazónica (ACCA).
Es difícil explicar a una comunidad que, sin la presencia del mercurio, sus hijos pudieran haber crecido más inteligentes y menos agresivos, o quizás tendrían mayor autocontrol, dijo.
“Sabemos de muchas comunidades donde los niños no pueden prestar atención y estudios han mostrado que ha habido exposición al mercurio”, dijo. “Pero hasta que tengamos efectos visibles sobre la salud, siempre habrá mercurio en Madre de Dios”.
Pero incluso así, ha aumentado la conciencia sobre el problema. Perú ha ratificado el Convenio de Minamata sobre el Mercurio de la ONU, un tratado mundial que obliga a los países signatarios a limitar el uso del mercurio, y en el 2016 el Ministerio de Salud Pública declaró un estado de emergencia en 11 municipalidades de Madre de Dios debido a la contaminación con mercurio. Además, el alcalde de Puerto Maldonado, desafiando al gobernador, prohibió las tiendas que compraban oro sin refinar y contaminaban el aire con vapores de mercurio.
Pero escondidas en una zona comercial de Puerto Maldonado hay tiendas clandestinas que siguen comprando oro mezclado con mercurio, llamado retorta, y queman el exceso de mercurio con antorchas.
Freddy, quien no nos dio su apellido, porque estaba haciendo algo ilegal, demostró el proceso sin usar una máscara protectora ni equipo de ventilación. Aunque no está convencido de los peligros del mercurio para la salud, dice que está dispuesto a dejar el comercio de oro ilegal si pudiera encontrar otra manera de ganarse la vida.
“Nadie en su sano juicio quiere trabajar en una mina o cortar árboles o tener que manipular mercurio”, dijo. Pero se quejó de que el gobierno le ha fallado a esta región al no ofrecer otras formas de ganarse la vida.
La ACCA, el grupo ambientalista, y otros han estado promoviendo iniciativas de pequeñas empresas para alejar a los mineros de esa actividad. Pero es difícil convencerlos.
Un fin de semana reciente, Nemesio Barrientos, de 64 años, estaba alimentando a algunos de los 3,000 peces que cría en una laguna artificial, como parte de un proyecto respaldado por la ACCA.
Con campamentos ilegales de minera en tres lados de su propiedad, Barrientos dijo que su negocio es como el “patito feo” de la zona.
Barrientos está orgulloso de que tiene una operación que no afecta el ambiente y que ofrece peces sin contaminación con mercurio a la comunidad, pero habla de sus vecinos con un toque de envidia.
“Los que tenemos operaciones legales tenemos que pagar impuestos y someternos a inspecciones, tenemos que pasar por muchas cosas”, dijo. “Si usted es un minero ilegal, no paga impuestos. ¿Por qué el gobierno me presiona a mí, pero no a los demás?”
Aunque las fuerzas de seguridad a veces entran a las minas ilegales, las autoridades no han podido –o no han estado dispuestas– a impedir que la minería llegue a los parques nacionales y otras áreas sensibles.
Pero Duke quizás pueda impulsar ese esfuerzo. Si todo sale como está planeado, en algún momento del 2019 los investigadores podrán sacar conclusiones adicionales sobre el legado del mercurio a largo plazo en la región y cómo factores como la desnutrición y la anemia pueden magnificar sus efectos tóxicos.
Demostrar esa relación será clave para obligar a los políticos a tomar en serio la minería ilegal de oro, dijo Ortiz.
“Esperamos mostrar pruebas más convincentes” sobre las consecuencias para la salud, dijo. “Pero cambiarle la mente a los políticos es un reto enorme”.
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Esta historia fue publicada originalmente el 5 de febrero de 2018, 3:32 p. m. with the headline "Cómo la demanda de oro en Estados Unidos envenena a los niños en la Amazonia."