América Latina

Hondureño separado de su hijo en la frontera con Estados Unidos teme 'haberlo perdido todo'

José Cáceres muestra en el teléfono una foto de sus hijos en Yoro, Honduras. Brayan, de 11 años, fue separado de su padre hace dos meses cuando trataron de entrar a Estados Unidos. Cáceres fue deportado a Honduras y Brayan está en un albergue en Maryland.
José Cáceres muestra en el teléfono una foto de sus hijos en Yoro, Honduras. Brayan, de 11 años, fue separado de su padre hace dos meses cuando trataron de entrar a Estados Unidos. Cáceres fue deportado a Honduras y Brayan está en un albergue en Maryland. jwyss@miamiherald.com

Durante los últimos dos meses, José Cáceres ha estado torturado por una pregunta: ¿destruyó su familia al tratar de salvarla?

El 4 de mayo, tras un peligroso viaje de 50 días por Centroamérica y México, Cáceres se presentó en la frontera de Estados Unidos con su hijo Brayan, de 11 años. Planeaba decir a los agentes de inmigración de Estados Unidos que él y su hijo huían de la violencia de las pandillas, del brutal asesinato de la madre de Brayan y la aplastante pobreza, y que por todo eso solicitaban asilo.

En su lugar, a Cáceres, de 31 años, lo esposaron y se lo llevaron, mientras Brayan era llevado a otra parte. Veinte días después, Cáceres fue deportado sin conocer la suerte de su hijo. La abuela del niño, quien vive en Orlando, le dijo que Brayan estaba en un refugio en Maryland.

El miércoles, sentado en el portal de una casa en Yoro, una pequeña localidad agrícola en el centro de Honduras, desde donde salió con destino a Estados Unidos, Cáceres dijo que parecía que le había caído una maldición.

“Lo dejé todo para proteger a mi familia”, dijo. “No solamente lo perdí todo, sino que siento que también los he perdido a ellos”.

Cáceres es uno de 36,580 hondureños deportados este año de Estados Unidos, según la cancillería hondureña, y uno de más de 230 que han sido separados de sus hijos menores bajo la política de "cero tolerancia" del gobierno del presidente Donald Trump, que duró muy poco. La práctica de separar a los indocumentados de sus hijos en la frontera fue suspendida en medio de una ola de protestas y un tribunal federal ordenó el 26 de junio que todos los niños fueron reunificados con sus guardianes en un plazo de 30 días.

José Cáceres en Yoro, Honduras, fue separado de su hijo de 11 años hace dos meses cuando trataron de entrar a Estados Unidos. Cáceres fue deportado a Honduras y su hijo está en un albergue en Maryland.
José Cáceres en Yoro, Honduras, fue separado de su hijo de 11 años hace dos meses cuando trataron de entrar a Estados Unidos. Cáceres fue deportado a Honduras y su hijo está en un albergue en Maryland. Jim Wyss Miami Herald

A diferencia de otros casos recientes de inmigrantes separados de sus hijos en la frontera, Cáceres no quiere que le devuelvan a su hijo, sino que quiere que Brayan sea entregado a su abuela en Orlando. Y aunque las autoridades han dicho que eso es exactamente lo que sucederá, a Cáceres lo acosan los malos pensamientos.

“¿Y si cae en manos de otra persona?”, pregunta. “¿Y si nos lo quitan?”

Desde que regresó a Honduras, Cáceres habla con Brayan por teléfono dos veces a la semana, con autorización del Servicio de Inmigración, pero dice que las conversaciones son tan cortas que nunca le ha preguntado al niño dónde lo tienen.

“Lo único que le pregunto es si está bien, si come bien”, dijo.

Su hijo le ha dicho que está aprendiendo a contar en inglés. Pero lo que más pregunta es cuándo volverá a ver a su familia otra vez.

Según la abuela de Brayan, Rosa Cáceres, el niño comparte un salón en el albergue de Maryland con otros 10 migrantes, de entre 8 y 14 años. La mujer dice que llama todos los días a su nieto pero que a veces no puede comunicarse.

“El niño está deprimido y mi hijo está destruido en Honduras”, dijo Rosa Cáceres desde su casa en Orlando. “No puede encontrar una salida. Está sufriendo y se siente indefenso”.

El gobierno de Honduras —junto con otros países de la región— ha calificado de "inhumana" y "alarmante" la política estadounidense.

“Migrar es un derecho humano”, dijo Nelly Jerez, subsecretaria de Relaciones Exteriores de Honduras. “Pero nuestro gobierno está haciendo todo lo posible para que nuestra gente no tenga que lanzarse a un viaje peligroso y la posibilidad de quedar separados en la frontera”.

Para Cáceres, la idea de huir de Honduras comenzó a desarrollarse hace dos años, cuando a la madre de Brayan la encontraron asesinada en un fosa séptica en San Pedro Sula, una de las ciudades más violentas del mundo. Las autoridades detuvieron a la pareja de la mujer, pero lo liberaron después que el hombre alegó que una pandilla la había matado y lo obligaron a deshacerse del cuerpo.

Cáceres dice que el asesinato abruma a su hijo.

“Él vive con mucho temor”, dijo Cáceres. “¿Tan pequeño y ya no tiene madre? Yo quería que él pudiera pensar en otra cosa”.

Pero según la abuela del menor, la detención ha hecho que el niño se obsesione más con su madre.

“Me dice que cuando apagan las luces, escucha pasos y sabe que es su madre que viene a buscarlo porque no tuvo la oportunidad de despedirse de ella”, dijo Rosa Cáceres. “Yo le digo que su madre es como yo, que solamente quiere lo mejor para él… Pero es un niño y está asustado”.

Aunque el temor fue una de las motivaciones de la decisión de Cáceres de marcharse, la pobreza fue otra. Cáceres trabaja en una pequeña parcela familiar, donde cultiva maíz y frijoles, pero depende de que le den trabajo de peón, en que gana solamente $4 al día.

“Nos íbamos para tratar de encontrar una mejor vida”, dijo. “Aquí apenas podemos sobrevivir, y con toda la criminalidad, aquí no había absolutamente nada para Brayan”.

Cáceres dijo que comenzó a planear la huida cuando leyó sobre la "caravana" de migrantes, un viaje que hacen anualmente cientos de latinoamericanos que tratan de llegar a Estados Unidos a través de México.

El 17 de marzo, Cáceres, su pareja y el niño de 4 años que tienen juntos, Enir, además de Brayan, iniciaron un viaje en que tomaron varios autobuses para reunirse con la caravana en Tapachula, en el sur de México.

A veces viajaban sobre el tristemente célebre tren de carga conocido como “La Bestia”, que atraviesa México. Otras veces alguien los llevaba o sencillamente caminaban.

La caravana de migrantes ofrecía cierto grado de seguridad y reducía significativamente los costos. Los traficantes de personas cobran $7,000 para sacar a alguien de Honduras y llevarlo a la frontera de México con Estados Unidos. Pero la caravana era prácticamente gratuita.

El 28 de abril, el grupo finalmente llegó al punto de inmigración El Chaparral en Tijuana, donde esperaron varios días a que los procesaran. Cáceres dijo que estaba decidido a entrar a Estados Unidos legalmente y presentar su caso a los agentes de inmigración en la frontera. La pareja de Cáceres y el niño más pequeño cruzaron la frontera el 3 de mayo sin que los separaran. Pero cuando él y Brayan trataron de cruzar el día siguiente, los separaron de inmediato sin ninguna explicación.

Cáceres dijo que estuvo solo un día entero en un salón que los inmigrantes llaman "La Hielera", y entonces lo enviaron a un almacén lleno de catres y de personas que esperaban la deportación. El 24 de mayo fue deportado después de firmar un documento que dijo no entendía.

Durante el vuelo de regreso a Honduras, estaba tan preocupado que más tarde le dijo a su madre que había deseado que el avión se estrellara. El hombre sentado a su lado, a quien también habían separado de sus hijos, no paraba de llorar.

José Cáceres en una iglesia en Yoro, Honduras. Cáceres fue separado de su hijo Brayan, de 11 años, hace dos meses cuando trataron de cruzar a Estados Unidos. Cáceres fue deportado y su hijo está en un albergue en Maryland.
José Cáceres en una iglesia en Yoro, Honduras. Cáceres fue separado de su hijo Brayan, de 11 años, hace dos meses cuando trataron de cruzar a Estados Unidos. Cáceres fue deportado y su hijo está en un albergue en Maryland. Jim Wyss Miami Herald

Cáceres se bajó del avión sin un centavo en San Pedro Sula, la ciudad donde mataron a su ex esposa, el lugar desde donde había iniciado el viaje. Dice que a un fotoperiodista en el aeropuerto le dio pena y le regaló dinero suficiente para hacer el viaje de tres horas a Yoro.

El 4 de julio —exactamente dos meses desde la última vez que había visto a su hijo— Cáceres se sentó en el portal de la casa de su hermano y se puso a buscar obsesivamente en su teléfono. Se lamentó de no tener más fotos de Brayan y se preguntó cuándo le podrá tomar otra. Como parte de la deportación, le informaron que no puede visitar Estados Unidos en por lo menos cinco años.

Si la política de "cero tolerancia" de Estados Unidos tenía por fin desalentar a los migrantes de cruzar la frontera, Cáceres dijo que funcionó.

“El sueño americano es horrible”, dijo. “Uno sufre mucho”.

Esta historia fue publicada originalmente el 5 de julio de 2018, 6:18 p. m. with the headline "Hondureño separado de su hijo en la frontera con Estados Unidos teme 'haberlo perdido todo'."

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA