América Latina

El Rey Midas en la democracia: Mario Vargas Llosa y las elecciones del Perú

En América Latina existe una tradición poco discutida, pero no por ello carente de importancia: a través de los años, los grandes escritores han jugado con las fronteras de la política y coqueteado con el llamado del poder.

Tomando este hecho como un patrón, podemos explicar la relación cercana de Gabriel García Márquez con Fidel Castro, las labores diplomáticas de Pablo Neruda con el gobierno chileno, e inclusive la presidencia de Rómulo Gallegos en Venezuela.

De entre estos, García Márquez fue el que mejor exploró la interacción de las letras con las leyes. Sus opiniones quedaron plasmadas en un discurso honrando los setenta años del poeta Belisario Betancur, quien para aquellas fechas había sido ya ministro, senador y presidente de su natal Colombia. Reflexionando sobre sus interacciones, el Nobel comentó que el presidente “no fue en realidad un gobernante que amaba la poesía sino un poeta a quien el destino le impuso la penitencia del poder”.

Esta penitencia se ha vuelto menos común en los últimos años. Ya es raro pensar siquiera que un escritor de renombre consideraría entrar en los fangos de la política. Pero de la vieja camada del boom latinoamericano persiste un autor con el tesón de sus colegas y un vicio por la vida publica que ha dominado el panorama político de su nación. Se trata del también Premio Nobel, Mario Vargas Llosa, de Perú, quien se posiciona como uno de los intelectuales más importantes en el mundo hispanohablante.

El Candidato del Boom

La democracia del Perú se ha enfrentado a dictadores autoimpuestos y populistas empedernidos desde finales del siglo pasado. Pero ante todas las vicisitudes, se aprecia la presencia constante de Mario Vargas Llosa.

La historia del Nobel en la política comienza en 1990 cuando, usando su fama como novelista, compite por la presidencia del Perú en esperas de contrarrestar los intentos de nacionalización del entonces presidente Alan García. El sistema peruano cuenta con dos elecciones, tratando de obtener siempre una mayoría absoluta. En la primera elección suele competir una gran variedad de candidatos, de los cuales se selecciona a los dos más populares para una segunda ronda en caso de que ninguno obtenga una mayoría simple.

En la primera vuelta del 90, Vargas Llosa dominó con un 34% de los votos a comparación del 25% del segundo favorito Alberto Fujimori. Pero la historia tenia otros planes para la siguiente ronda. El así llamado “tsunami” Fujimori azotó el país derrotando a Vargas Llosa el 11 de Junio de 1990.

Lo que siguió fue un gobierno autocrático, donde Fujimori disolvió el congreso nacional y se mantuvo en el poder por una década entera. En estos años, Vargas Llosa escribiría una de sus novelas más famosas examinando el personalismo en otra forma: la dictadura de Rafael Trujillo en la República Dominicana. En ella, el autor incluye una frase breve que muestra la desilusión política ante gobiernos de tendencias autoritarias:

“Bueno, la política es eso, abrirse camino entre cadáveres”.

El Rey Midas

La democracia regresaría al Perú en 2001 y con ella vino un nuevo papel para Vargas Llosa. El paso de las elecciones haría del novelista en uno de los analistas políticos más acertados no solo en su nación, sino en la región entera.

El patrón es muy claro. Desde la salida de Fujimori, Vargas Llosa ha tenido las manos del rey Midas; todo candidato que elige termina en la Casa de Pizarro.

Su racha comienza en el 2001, cuando el escritor anuncia que apoyaría a Alejandro Toledo en la segunda vuelta de las elecciones contra el expresidente Alan García — el mismo que inspiró su campaña por el ejecutivo en 1990. El apoyo de Vargas Llosa se mantuvo aún cuando su propio hijo, Álvaro Vargas Llosa, rompió filas para apoyar una campaña nacional a favor del voto en blanco. Dicho y hecho, la mano de Midas fue acertada y Toledo triunfaría en los comicios electorales, creando la nueva penitencia política de Vargas Llosa como analista.

El patrón se vuelve aún más interesante en 2006, cuando Alan García compite nuevamente por la presidencia contra Ollanta Humala, quien se perfiló como un populista opuesto a las corporaciones transnacionales causando grandes dudas para el panorama internacional. Ante una elección tan difícil, Vargas Llosa hizo lo impensable y se declaró a favor de García, a quien criticó severamente cuando entró en el “camino entre cadáveres” dieciséis años atrás. Nuevamente, el novelista tuvo razón y García llegó a la presidencia por segunda vez.

En el 2006, Vargas Llosa aprendió una de las lecciones más crueles de la política que lo acompañaría en elecciones por venir: cuando menos se le espera, siempre puede llegar alguien peor.

Así lo vería en 2011, cuando el populista Ollanta Humala a quien criticó en la contienda contra García del 2006, compitió contra Keiko Fujimori, hija de su primer rival en la política, Alberto Fujimori. Sin pensarlo mucho, el Nobel dio su apoyo a Humala para evitar una nueva versión de la autocracia de 1990. Por tercera vez consecutiva, tuvo la razón y Humala ganaría la contienda.

La incertidumbre que trae consigo el apellido Fujimori guiaría al escritor en 2016 cuando apoyó a Pedro Pablo Kuczynski en su campaña presidencial. Para la segunda vuelta, Vargas Llosa inclusive advirtió que la llegada de Keiko al poder sería una catástrofe al presentar un “tipo de reivindicación a la dictadura”. Como ya era de esperarse, el presentimiento del Nobel fue correcto una vez más y Kuczynski ganaría las elecciones.

El desafío del presente

Los últimos años han puesto al rey Midas contra las cuerdas y las próximas semanas podrán romper de una vez por todas su racha de aciertos.

Así como pasó con Humala y García, Vargas Llosa vio la llegada de un candidato que se oponía aún más a sus opiniones que la hija de su rival: el izquierdista Pedro Castillo.

Castillo, un maestro rural que ha pedido la nacionalización de varias empresas y ha sido catalogado de comunista, se perfiló como uno de los políticos más populares en la primera vuelta de la elección junto con Keiko Fujimori.

Ante el posible triunfo de la izquierda, Vargas Llosa abandonó sus rencores nuevamente para apoyar a Keiko en contra del “totalitarismo” que opina llegará con una presidencia de Pedro Castillo.

La segunda vuelta de elecciones ha sido caótica para Perú. Con las urnas contadas hasta la fecha, Castillo lidera las elecciones con menos de 1% de votos a su favor. Esto ha causado que la derecha de Fujimori declarara un fraude en la contienda y demandase el recuento de miles de actas que considera fueron tergiversadas para apoyar a Castillo.

Aunque la racha de Vargas Llosa esté en riesgo, sigue siendo un ejemplo de la penitencia política de los literatos en la región. En los últimos 30 años el escritor se ha abierto paso entre los cuerpos muertos de la política como muy pocos lo han logrado. Betancur y Gallegos quizá llegaran más lejos en la pirámide del poder, pero Vargas Llosa lleva consigo otro logro digno de ser destacado: la resiliencia y persistencia sin jamás ocupar un cargo formal.

Esta historia fue publicada originalmente el 20 de junio de 2021, 11:36 a. m. with the headline "El Rey Midas en la democracia: Mario Vargas Llosa y las elecciones del Perú."

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