América Latina

No se trata solo de EEUU: Latinoamérica tiene un problema de migración haitiana

Unos 400 inmigrantes haitianos fueron detenidos el 26 de septiembre de 2021 frente a un cayo deshabitado del sur de las Bahamas después que su velero de madera se hundió parcialmente.
Unos 400 inmigrantes haitianos fueron detenidos el 26 de septiembre de 2021 frente a un cayo deshabitado del sur de las Bahamas después que su velero de madera se hundió parcialmente.

El mismo día en que 509 haitianos aterrizaron esta semana en Haití procedentes de un campamento de migrantes evacuado en Del Río, Texas,, cientos de haitianos indocumentados fueron vistos vadeando las aguas azules y cristalinas de un cayo deshabitado del sur de las Bahamas después que su velero de madera se hundiera.

Creyendo que se dirigían a la Florida, los cerca de 400 inmigrantes fueron finalmente detenidos a lo largo de tres días por las autoridades bahameñas y trasladados desde la cadena de islas Ragged Cay a la isla de Gran Inagua, donde se unieron a otros 500 ciudadanos haitianos detenidos antes.

A pesar de la repatriación de más de 3,400 haitianos desde la frontera sur de Estados Unidos con México y de la limpieza hace una semana de dos campamentos, uno debajo de un puente internacional en Del Río y otro al otro lado del Río Grande en Ciudad Acuña, el problema de la migración haitiana continúa y puede empeorar.

Mientras los cruces de la frontera entre Estados Unidos y México están en sus niveles más altos en 20 años, creando presión política sobre el presidente Joe Biden, también están creando dolores de cabeza para los gobiernos de todas las Américas.

Desde Argentina y Chile en el sur, pasando por toda Centroamérica, hasta Guyana, entre Brasil y Venezuela, los gobiernos latinoamericanos están lidiando con la llegada de migrantes haitianos, ya sea en tránsito por sus naciones o buscando refugio temporal mientras esperan llegar a Estados Unidos.

“Entran en Guyana y no se quedan aquí. Muy pocos salen por los canales por los que vinieron. Estas personas son objeto de contrabando”, dijo en junio Anil Nandlall, fiscal general y ministro de Asuntos Jurídicos de Guyana, después que 10 niños haitianos indocumentados fueron dejados en un hotel por una lancha rápida procedente del vecino Surinam.

En México, a donde el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos (DHS) dijo que regresaron unos 8,000 haitianos tras huir del campamento de Del Río, se calcula que hay entre 30,000 y 35,000 migrantes haitianos. Muchos de ellos, según las autoridades estadounidenses, están esperando a ver cómo evoluciona la política de inmigración de Estados Unidos antes de intentar cruzar ilegalmente, mientras que otros esperan conseguir asilo en México. Esto último es un logro difícil, dado que la mayoría de los migrantes abandonaron Haití y su volátil política hace años, lo que hace difícil alegar temor a la persecución política.

Otros 5,000 migrantes, que se han abierto camino a través de Sudamérica, esperaban el martes para cruzar el río en la frontera entre Colombia y Panamá. La zona, conocida como el Tapón del Darién, tiene 66 millas de densas montañas, pantanos y ríos traicioneros y serpientes venenosas.

Mientras tanto, en Haití, los contrabandistas están empezando a tomar como blanco a quienes están a lo largo de la península del sur que fue devastada por el terremoto de magnitud 7.2 del 14 de agosto.

Los haitianos de las zonas devastadas por el terremoto son llevados de contrabando hacia el norte, dijo Giuseppe Loprete, director de la Organización Internacional para las Migraciones de Naciones Unidas. “Creen que van a la Florida y son interceptados” en el mar.

Unos 400 inmigrantes haitianos fueron detenidos el 26 de septiembre de 2021 frente a un cayo deshabitado del sur de las Bahamas después de que su velero de madera verde y amarillo se hundiera parcialmente.
Unos 400 inmigrantes haitianos fueron detenidos el 26 de septiembre de 2021 frente a un cayo deshabitado del sur de las Bahamas después de que su velero de madera verde y amarillo se hundiera parcialmente. Bahamas Defense Force

Aunque las cifras en las Bahamas son pequeñas comparadas con las de la frontera de Texas, son una señal del problema más amplio, ya que los países de Latinoamérica y el Caribe reportan grandes grupos de haitianos en movimiento o a la espera de trasladarse.

“Estamos observando de cerca todos esos movimientos”, dijo un funcionario del DHS.

El DHS reconoció que le tomó desprevenido la rapidez con la que un gran número de migrantes acabaron bajo el puente internacional de Del Río, que en su punto álgido se acercaba a las 15,000 personas, la mayoría de ellas haitianas. La agencia ha dicho que se está investigando lo que cree que fue una operación de contrabando detrás de la avalancha en la frontera.

Pero si algo subrayó Del Río es que el problema no es únicamente una “crisis fronteriza” de Estados Unidos.

El martes, durante una reunión con el Secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, el Ministro de Asuntos Exteriores dominicano, Roberto Álvarez, planteó la preocupación de su país por la crisis migratoria y por Haití, con el que comparte la isla de La Española. La República Dominicana es a la vez un punto de tránsito para los haitianos que buscan entrar en Latinoamérica para llegar a Estados Unidos y también un destino para aquellos que buscan escapar de las pandillas armadas, los secuestros desenfrenados y el alto desempleo de su país.

“Es un problema regional que debe abordarse”, dijo Álvarez al Miami Herald sobre la crisis migratoria haitiana.

La visita de Álvarez a Washington ocurrió días después que el presidente dominicano Luis Abinader y los presidentes de Panamá y Costa Rica formaran una alianza informal al margen de la Asamblea General de Naciones Unidas la semana pasada en torno a una serie de asuntos, entre ellos la migración de haitianos. Panamá ha dicho que ha tenido 80,000 haitianos en tránsito por el país en lo que va del año.

El subsecretario de Estado, Brian Nichols, y el director del Consejo de Seguridad Nacional, Juan González, viajarán a Haití esta semana con planes de reunirse con grupos de la sociedad civil, el primer ministro Ariel Henry y el ministro de Asuntos Exteriores Claude Joseph. La respuesta a la migración de los haitianos estará entre los temas planteados, dijo un funcionario del Departamento de Estado que declinó discutir los detalles de las discusiones diplomáticas con la República Dominicana.

“Tenemos una responsabilidad compartida con los gobiernos afectados de la región y la comunidad internacional para promover la gestión de la migración”, dijo un funcionario del Departamento de Estado a la Oficina de McClatchy en Washington y al Miami Herald. “Estamos en estrecha comunicación con otros países de la región para abordar los desafíos de la migración irregular”.

El funcionario dijo que la administración está en coordinación estrecha con los gobiernos regionales, como México, Brasil, Chile y la República Dominicana, sobre la crisis en curso, sin dar detalles. Un comunicado del DHS el miércoles indicó que está pidiendo a los países de la región que “aseguren que también estén haciendo su parte para ofrecer protección a las poblaciones vulnerables y recibir a las personas que tenían un estatus legal allí”.

“Lo que está surgiendo de Del Río”, dijo el funcionario del DHS, “es un enfoque regional renovado sobre este tema”.

“Creo que se está viendo que muchos de los gobiernos en la ruta de tránsito comienzan a tratar de coordinar esfuerzos y tratar de averiguar qué hacer con esto”, agregó. “Y eso también incluye, obviamente, las conversaciones con Brasil y Chile. Porque en última instancia, esos fueron los países donde muchos de estos migrantes se asentaron inicialmente y construyeron sus vidas”.

Hasta ahora esa coordinación no parece estar dando frutos.

Louis Herns Marcelin, antropólogo que ha estudiado las tendencias migratorias de Haití y ha seguido de cerca la migración a Sudamérica tras el devastador terremoto de 2010 en Haití, dijo que si bien se esperaba la migración tras el reciente terremoto que dejó miles de muertos y más de 139,000 viviendas destruidas, lo que está ocurriendo no tiene precedentes.

“Normalmente, cuando se van, lo hacen en olas de 500 o mil”, dijo Marcelin, director del programa de Estudios de Salud Global de la Universidad de Miami, que dirige el Instituto Interuniversitario de Investigación y Desarrollo de Haití, que estudia la migración entre Haití, Brasil y Chile. “Es la primera vez que vemos este aumento y entendemos porqué”.

Aunque el atractivo de los empleos en Brasil y Chile, agravado por la agitación política y los desastres naturales en Haití, llevó a muchos a marcharse, el COVID-19, las estrictas políticas de inmigración y el racismo les obligan ahora a huir de los países donde se habían establecido. Mientras tanto, volver a Haití, donde el presidente fue asesinado en julio y las calles de la capital se han convertido en una batalla campal entre las pandillas de secuestradores, no es una opción.

Migrantes haitianos descansan afuera de un refugio mientras esperan su resolución migratoria en Monterrey, México, el 28 de septiembre de 2021. - Casi todos los migrantes, en su mayoría haitianos, que se habían reunido a ambos lados de la frontera entre Estados Unidos y México han abandonado sus campamentos improvisados, poniendo fin a un enfrentamiento que había provocado una importante crisis fronteriza para el gobierno de Biden.
Migrantes haitianos descansan afuera de un refugio mientras esperan su resolución migratoria en Monterrey, México, el 28 de septiembre de 2021. - Casi todos los migrantes, en su mayoría haitianos, que se habían reunido a ambos lados de la frontera entre Estados Unidos y México han abandonado sus campamentos improvisados, poniendo fin a un enfrentamiento que había provocado una importante crisis fronteriza para el gobierno de Biden. JULIO CESAR AGUILAR AFP via Getty Images

Sirianne Petit-Vil, de 38 años, forma parte de los 1,200 haitianos que se calcula que permanecen en Ciudad Acuña, según Médicos sin Fronteras. Viviendo en un albergue para refugiados, llegó a México desde Chile hace tres semanas. Después de pasar cinco días bajo el puente Del Río con su hijo de tres años, se fue, dijo, temiendo ser deportada a Haití.

“Sinceramente, no sé adónde ir”, dijo Petit-Vil, que tiene una hija de 16 años y un hijo de 10 en Haití. “Si pudiera encontrar la posibilidad de quedarme en México y trabajar, lo haría. No puedo decir que volvería a Chile. No es fácil para la gente que no tiene estatus y la situación en Haití es peor”.

Petit-Vil dijo que emigró a Chile en 2016 y que pasó cinco años sin poder conseguir una autorización de trabajo. Cuando llegó el COVID-19, la vida se complicó cuando las autoridades exigieron que la gente fuera a la policía para obtener un documento para desplazarse; un papel que los migrantes no pueden obtener si no tienen residencia legal en el país. “Ir al supermercado era difícil, así que no hace falta que te diga lo de ir a trabajar”, dijo.

Marcelin dijo que la incapacidad de los haitianos para mantenerse a sí mismos o a sus familias es un factor que impulsa la crisis migratoria. En el caso de Chile, una ola de xenofobia y de sentimiento antihaitiano está contribuyendo a expulsar a los haitianos.

“En Brasil, la situación económica no es mucho mejor. Las cosas están empeorando incluso para los brasileños”, dijo. “Hay fuertes motivaciones, fuertes razones estructurales por las que la gente quiere irse de donde está, incluso cuando tiene, por ejemplo, ... algún tipo de documentación”.

EEUU se prepara para otra ola

La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Jen Psaki, dijo el martes a los periodistas que lo ocurrido en Del Río quizás haya servido de elemento disuasorio para otra ola de migrantes haitianos pero afirmó que la administración se está preparando para nuevas llegadas.

“Me gustaría señalar que si bien hay un número de personas que están en el proceso de procedimientos de inmigración, también hay miles de personas que regresaron a través de la frontera cuando se dieron cuenta de que no podían permanecer aquí, y no podían permanecer en el campamento, y no podrían permanecer en Estados Unidos”, dijo Psaki. “Así que hay algunos mecanismos de disuasión que se han puesto en marcha. Obviamente, nuestro Departamento de Seguridad Nacional sigue preparándose para cualquier escenario en el que veamos a migrantes acercarse a la frontera”.

A diferencia de los migrantes que llegan a las Bahamas, los que acabaron tanto en Del Río como en el lado mexicano habían vivido en Brasil, Chile u otros países latinoamericanos durante años antes de llegar a México.

Algunos de los que acabaron en el campamento y en los vuelos de deportación de vuelta a Haití tenían residencia legal en Brasil, mientras que varios migrantes tenían estatus legal en Chile. Sin embargo, en lugar de ser devueltos a esos países, fueron repatriados a Haití.

En México, donde el gobierno ha tratado de llevar a los haitianos lo más lejos posible de la frontera con Estados Unidos después de asaltar los campamentos y ponerlos en los vuelos, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) dice que está “buscando activamente alternativas distintas al retorno a Haití para aquellos que tienen otras opciones”.

“Si los migrantes están dispuestos a regresar, y si los [países] interesados están de acuerdo, la OIM está dispuesta a ofrecer su experiencia a través de su Programa de Retorno Voluntario Asistido para ayudar a estos migrantes”, dijo la agencia después de confirmar que había pedido formalmente a Brasil que recibiera a los haitianos acampados en la frontera entre Estados Unidos y México.

Si bien no es difícil convencer a los que fueron devueltos a Haití y que ya están planeando su regreso a Sudamérica, puede ser más difícil persuadir a quienes se encuentran en México o en ruta hacia la frontera y que aún mantienen la esperanza de llegar a Estados Unidos.

“La idea del viaje era utilizar Brasil o cualquier país de América Latina como una especie de vía de entrada, una especie de espacio de transición para llegar a un lugar mejor, y el lugar mejor sigue siendo Estados Unidos, El Dorado”, dijo Marcelin.

Su equipo de investigación da seguimiento actualmente a un grupo de migrantes que cruzan el Tapón del Darién como parte del centro de Migración, Igualdad y Desarrollo. El grupo ha descubierto que casi todos esos haitianos tienen familiares en República Dominicana, Estados Unidos o Canadá que les envían dinero para ayudar a pagar los gastos imprevistos derivados de su explotación a lo largo del viaje.

“La idea de que no podemos habitar ningún lugar con seguridad, empezando desde nuestro hogar hasta donde sea, ha llevado a un esfuerzo concertado de los haitianos y la diáspora haitiana, sobre todo entre los pobres, para financiar a toda costa esos viajes por muy peligrosos que sean”, dijo Marcelin.

La investigación del equipo ha demostrado que de los haitianos que salen de Haití, el 60% tiene algún tipo de educación universitaria o está matriculado en una universidad. Del resto, cerca del 80% tiene algún tipo de estudios secundarios.

“Es un reto enorme al que enfrentará Haití para su reconstrucción”, dijo Marcelin. “Toda nuestra capacidad ha sido totalmente extraída, succionada por el proceso migratorio. Lo paradójico de todo esto es que tenemos el país más pobre del continente americano, que ... está proporcionando mano de obra barata, en algunos casos, mano de obra barata cualificada a Latinoamérica y financiando una elaborada economía informal en torno a la migración en los países que atraviesan”.

Marcelin dijo que la lección para Estados Unidos en la actual crisis migratoria es que tiene que cambiar su forma de relacionarse con Haití y los haitianos para hacer frente a los desafíos del país.

“Estados Unidos tiene que entender que construir un país de abajo hacia arriba es mejor que reforzar las estructuras opresivas que se han desmoronado con el tiempo, de arriba hacia abajo”, dijo. “Si Estados Unidos invierte en la transformación de la situación de la seguridad y el estado de derecho en Haití, en las organizaciones comunitarias y de la sociedad civil en las zonas rurales, e involucra a las organizaciones juveniles y a los programas dirigidos al emprendimiento económico ... tendrán un efecto de dominó”.

Los haitianos se van, dijo Marcelin, y se niegan a regresar porque no ven ningún futuro para ellos en su país natal.

“La gente no puede imaginar un futuro. La idea de futuro está ligada a la seguridad; la gente tiene que sentirse segura. Tiene que poder invertir y ganarse la vida. Sin estos elementos críticos, siempre mirarán al extranjero”.

Esta historia fue publicada originalmente el 29 de septiembre de 2021, 6:29 p. m. with the headline "No se trata solo de EEUU: Latinoamérica tiene un problema de migración haitiana."

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA