Trifulca en el Congreso marca inauguración de primera mujer presidente en Honduras
Xiomara Castro, esposa del depuesto presidente hondureño Manuel Zelaya, fue juramentada el jueves como la nueva jefa de estado del país centroamericano en medio de un polémico entorno político que se vio acentuado dos días antes cuando diputados se agarraron a golpes dentro del Congreso.
Castro, quien se convirtió esta semana en la primera mujer presidente en la historia del país, ganó las elecciones de noviembre con un amplio margen de votos a su favor pese a temores de algunos sectores por los vínculos de su esposo con los regímenes autoritarios de Cuba y Venezuela.
La juramentación de Castro podría conducir a un giro hacia la izquierda de la política exterior de Honduras en los próximos meses, pero por el momento los mayores problemas que aguardan a la nueva mandataria tienen que ver con su relación con los sectores dentro del país, en especial dentro del Congreso.
Castro asume la presidencia en medio de una aguda disputa entre legisladores que no se ponen de acuerdo sobre quién encabezará el Congreso, poder del Estado que ahora cuenta con dos organigramas de autoridades diferentes que no se reconocen entre sí y que funcionan como si se trataran de dos legislaturas distintas.
De hecho, Castro recibió la banda presidencial de manos de la persona que ella reconoce como presidente del Congreso, Luis Redondo, mientras que las autoridades de la otra facción del Congreso sostuvieron otra sesión por separado.
La ceremonia del jueves fue presenciada por la vicepresidenta estadounidense Kamala Harris, quien viajó a Honduras para la ocasión y espera conseguir en el nuevo gobierno a un aliado en los esfuerzos de Washington por enfrentar la crisis migratoria.
Pero la nueva presidenta también asumió el poder rodeada por representantes de líderes de la izquierda latinoamericana, incluyendo a la vicepresidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner, el vicepresidente cubano Salvador Valdés Mesa y representantes de Venezuela.
Castro aprovechó la presencia internacional para declarar que el país entra en una nueva etapa en la que no habrá espacio para el narcotráfico, en una aparente referencia a los escándalos que sacudieron a las administraciones anteriores.
“La refundación de Honduras comienza por el restablecimiento al respeto del ser humano, la inviolabilidad de la vida, la seguridad de los ciudadanos, no más escuadrones de la muerte, no más silencio ante los feminicidios, no más sicariato, no más narcotráfico ni crimen organizado”, declaró Castro en su discurso de inauguración.
“Estamos comprometidos con nuestra propuesta del socialismo democrático, a sentar las bases de combate frontal a la corrupción, para que estos hechos que nos han avergonzado jamás vuelvan a repetirse”.
Castro, de 62 años, fue la primera dama durante la presidencia de su esposo, la cual fue interrumpida en el 2009 en medio de una crisis constitucional que condujo a un golpe militar.
A pocas horas antes de su toma de posesión, Castro anunció por Twitter que en su nuevo gabinete habrá dos mujeres y que su hijo, Héctor Zelaya, será su secretario privado, mientras que el sobrino de su esposo, José Manuel Zelaya, será su secretario de Defensa.
Castro ganó la presidencia con amplio margen debido en gran parte a los escándalos que sacudieron a los gobiernos del ahora ex presidente Juan Orlando Hernández, y los de su antecesor, Porfirio Lobo.
El partido político al que pertenece, el Nacional de Honduras, es una organización que “en diferentes niveles tiene serias acusaciones de corrupción con vínculos al narcotráfico”, dijo en una reciente entrevista Carin Zissis, editora en Jefe de la página de información del Council of the Americas. “El propio presidente [Hernández] ha sido nombrado en casos judiciales [en Estados Unidos] involucrando grandes operaciones de narcotráfico”.
De hecho, Hernández ha sido nombrado públicamente como un co-conspirador en un caso de narcotráfico en un tribunal estadounidense, que resultó en la condena de su hermano Tony.
El predecesor en la presidencia de Hernández, Porfirio Lobo, también del Partido Nacional, ha sido implicado en casos de narcotráfico y lavado de dinero.
La pugna en el Congreso comenzó a gestarse la semana pasada, cuando el ministro del Interior de Hernandez, Héctor Leonel Ayala, presidió la reunión inicial del nuevo cuerpo legislativo y no permitió que el partido de Castro, Libertad y Refundación, definiera a quien asumiría la jefatura de la asamblea.
Posteriormente, cuando unos 20 diputados disidentes de Libertad y Refundación optaron el martes por respaldar la postulación de otro diputado a la presidencia del congreso, la sede del poder legislativo se convirtió en el escenario de una intensa discusión que terminó a golpes.
El analista político y exdiputado Efraín Díaz Arrivillaga, en declaraciones a la Associated Press, dijo que la maniobra en el Congreso busca debilitar el poder Legislativo, dividir al Partido Libre y hacerle el camino difícil a la presidenta Castro.
“En todo esto está detrás no solo el Partido Nacional [oficialista] y el Partido Liberal, sino parte de los poderes económicos importantes en Honduras que han sido beneficiados por los gobiernos anteriores”, expresó.
Arrivillaga considera que todavía hay oportunidad de buscar el diálogo para tratar de armonizar esa situación interna y buscar una tercera opción para la presidencia del Congreso Nacional en beneficio de los intereses de Honduras.
“Claro, estamos contra reloj, pero yo soy de la opinión que dada esta situación, lo que se tiene que garantizar es una gobernabilidad mínima para que doña Xiomara pueda impulsar su plan de gobierno”, dijol “De otra manera será complicada para ella.”
Este artículo fue complementado con los servicios cablegráficos de el Nuevo Herald.
Esta historia fue publicada originalmente el 27 de enero de 2022, 4:26 p. m..