El Papa pide en Quito ‘Libertad sin personalismos’
En un apasionado sermón con matices políticos, el papa Francisco hizo el martes un llamado a esta nación andina a que se una para ayudar a crear una utopía inclusiva en la que nadie sea excluido.
La homilía de 18 minutos de duración tuvo lugar frente a cientos de miles de personas en el enorme Parque Bicentenario, donde radicaba el antiguo aeropuerto internacional de Quito.
Francisco, que dedicó su homilía a la evangelización para unir a los pueblos, aseguró que “aquel grito de libertad prorrumpido hace poco más de 200 años no le faltó convicción ni fuerza, pero la historia nos cuenta que solo fue contundente cuando dejó de lado los personalismos”.
Para el Papa, entonces hubo “afán de liderazgos únicos” y “falta de comprensión de otros procesos libertarios con características distintas, pero no por eso antagónicas”.
Refiriéndose al nombre del parque, el cual conmemora el 200 aniversario de la independencia de Ecuador, el pontífice dijo que esa lucha histórica nació de la conciencia de la falta de libertades, de estar siendo exprimidos, saqueados, ‘sometidos a conveniencias circunstanciales de los poderosos de turno’ (Evangelii gaudium 213)”.
Esas palabras provocaron suficientes aplausos como para que el Papa tuviera que hacer una pausa. En medio de la multitud estaba el presidente Rafael Correa con su esposa. Enfrentado a semanas de protestas, el presidente había sugerido que él no asistiria a la misa para evitar que las protestas arruinaran el evento.
Aunque Correa ha llamado a un diálogo nacional para calmar las protestas, sus críticos afirman que están siendo silenciados. Y ellos lo han acusado a él y a su partido Alianza País de acaparar el poder para perpetuar su gobierno.
“La unión que pide Jesús no es uniformidad sino la ‘multiforme armonía que atrae’ (Evangelii gaudium 117). La inmensa riqueza de lo variado, de lo múltiple”, dijo Francisco, agregando que la imagen de Jesús durante la Última Cena “nos aleja de tentaciones de propuestas unicistas más cercanas a dictaduras, a ideologías, a sectarismos”.
El sermón fue una especie de prueba de Rorschach, y muchas personas sacaron mensajes diferentes del mismo.
María Luisa Jiménez, maestra de escuela retirada de 72 años, dijo que las palabras de Francisco sobre la justicia social reafirman las medidas de la administración actual. Y ella dijo que su mensaje de unidad se dirigía a aquellos que se oponen a Correa, carismático socialista que lleva ocho años en el cargo.
“El quiere que todos los ecuatorianos estén unidos a pesar de nuestras diferencias políticas”, dijo del Papa. “Yo tengo la esperanza de que eso pasa, pero no creo que la élite esté nunca de acuerdo con hacerlo”, agregó, haciéndose eco de un adjetivo que Correa usa a menudo para describir a la oposición.
Para otros, no hubo lecciones políticas en el sermón.
“Fue sólo un mensaje de paz y amor para todos”, dijo Nancy Báez, de 39 años. “La atmósfera fue espectacular”.
La muy esperada ceremonia atrajo a una enorme muchedumbre de todo el país y la región. Muchos acamparon de un día para otro en el lugar a pesar de la lluvia y las granizadas ocasionales, cantando canciones que podían escucharse en muchos lugares de la capital.
La ceremonia fue asimismo una muestra de la diversidad étnica de Ecuador. Los Colorados o Tsáchila, con el cabello teñido de anaranjado, se mezclaron en el público con Kichwas desnudos de la cintura para arriba y adornados con collares de cuentas. Los quiteños llevaban sombreros de panamá de ala ancha (los cuales son originarios de este país a pesar de su nombre).
También había diversidad en el altar. Uno de los textos bíblicos fue leído en kichwa –lengua emparentada con el quechua, pero distinta– y Francisco vistió una sotana blanca con bordados de oro hecha por monjas de la ciudad sureña de Cuenca, cubierta con un mantón blanco y negro.
Por la tarde, hablando ante la Universidad Católica de Quito, Francisco regresó a dos de sus temas favoritos: cuidar de la Tierra y ayudar a los pobres.
Debido a que el hombre y la naturaleza están unidos, dijo el Papa, no se puede resolver los males sociales sin proteger el planeta.
“Entre los pobres más abandonados y maltratados que hay hoy día en el mundo está nuestra oprimida y devastada Tierra”, dijo.
Él retó asimismo a los presentes –y a los medios de prensa– a reestructurar sus prioridades.
“Un pobre que muere de frío y de hambre hoy no es noticia”, dijo. “Pero si las bolsas de las principales capitales del mundo bajan dos o tres puntos ¡se arma el gran escándalo mundial!”
En la noche del martes, Francisco tenía fijado un encuentro con miembros de grupos de sociedad civil antes de hacer un recorrido en privado de la Iglesia de la Compañía, una iglesia jesuita de la era colonial que es famosa por su nave central laminada en oro.
La llegada de Francisco marca la primera visita papal a este país en 30 años, y la nación ha expresado su gratitud con calles atestadas, plazas abarrotadas y parques atiborrados de personas con la esperanza de echar una ojeada al papa argentino.
Johana Fernández, de 27 años, se abrió paso el lunes por la noche a través de la multitud para que su hija de cinco años pudiera ver a Francisco en el palacio presidencial. El papa salió finalmente a un balcón y saludó con la mano a la muchedumbre.
“Fue algo muy hermoso”, dijo ella entre lágrimas. “El no dijo nada, pero yo pude sentir que él estaba dándonos su bendición”.
El miércoles, Francisco continuará su gira sudamericana en Bolivia antes de dirigirse a Paraguay. El Vaticano dijo que él escogió esos países porque se encuentran en la “periferia” de los centros de poder de América Latina. Además, ellos están entre los países más pobres de la región.
“Y qué lindo sería”, dijo Francisco al cerrar la ceremonia del martes”, que todos pudieran admirar cómo nos cuidamos unos a otros”.
Esta nota se complementó con información brindada por la Agencia France Presse
Esta historia fue publicada originalmente el 7 de julio de 2015, 10:14 p. m. with the headline "El Papa pide en Quito ‘Libertad sin personalismos’."