EEUU trasladó 222 presos políticos de Nicaragua a Washington. Ahora su futuro es incierto
Juan Lorenzo Holmann llegó al hotel Westin, cerca del Aeropuerto Internacional Dulles en Washington, vestido exactamente con la misma ropa que llevaba puesta dos años antes cuando cruzó las puertas del hotel por primera vez. Era la ropa que sus carceleros le habían entregado el día que salió de su celda en la prisión nicaragüense y abordó un vuelo para salir del país. La camisa y los pantalones le quedaban mucho mejor ahora que ese día. Desde entonces, Holmann ha recuperado gran parte del peso que perdió durante los 545 días que pasó en El Nuevo Chipote, una prisión en la capital de Nicaragua tristemente célebre por ser un lugar de tortura.
Decenas de ex presos políticos nicaragüenses esperaban el sábado para recibir a Holmann en el vestíbulo del hotel. Todos ellos habían sido pasajeros a bordo del mismo vuelo, resultado de una liberación de prisioneros negociada por Estados Unidos. El 9 de febrero de 2023, las autoridades nicaragüenses transportaron a 222 disidentes directamente desde sus cárceles o arresto domiciliario a un avión fletado por el gobierno estadounidense, que los llevó a Dulles.
El grupo fue alojado durante dos días en el cercano hotel Westin y se les concedió un período de parole humanitario, lo que les permitió permanecer legalmente en el país durante dos años. Regresar a Nicaragua no era una opción. Después de que el avión despegó, el gobierno nicaragüense revocó la ciudadanía de todos los prisioneros liberados que estaban a bordo.
Holmann, director del periódico más importante de Nicaragua, La Prensa, dijo que su ropa era lo único que le quedaba de su vida en Nicaragua. “Incluso esto”, dijo Holmann, señalando lo que inicialmente parecía ser una bufanda roja arrojada sobre su hombro, “es la manta que tomé del avión”. Todos los bienes y propiedades pertenecientes a los presos políticos fueron confiscados por el gobierno nicaragüense después de su expulsión. “Vestirse con esto es recordar y protestar por todas las injusticias que sufrimos”, recordó Holmann. El pasaporte nicaragüense que le dieron cuando subió al avión ya no es válido; Holmann y los demás no son ciudadanos de ninguna nación.
El sábado, 60 de los exiliados nicaragüenses regresaron al hotel Westin para celebrar el segundo aniversario de su liberación y conmemorar el último día de su libertad condicional humanitaria. Pero una nube de incertidumbre se cernía sobre la reunión. Las etiquetas con los nombres que estaban en la mesa de facturación no fueron recogidas y los asientos en las mesas de la cena estaban vacíos. Muchos de los “compañeros de vuelo”, como algunos se llaman entre sí, habían decidido quedarse en casa; algunos cancelaron sus pasajes de avión en los últimos días, por temor a que los detuvieran o los deportaran.
El parole humanitario del grupo expirará tres semanas después de que el nuevo gobierno del presidente Donald Trump asumió el cargo, quien prometió tomar enérgicas medidas contra lo que llamó una emergencia nacional en la frontera sur y llevar a cabo deportaciones masivas de inmigrantes no autorizados en Estados Unidos. Ahora incluso estos ex prisioneros, liberados directamente por el gobierno estadounidense anterior, no saben qué futuro les esperan aquí, destacando lo caótico e incierto que es este momento para las personas en los EEUU que huyen de la persecución.
Un año después que Holmann comenzó a trabajar de director de La Prensa, fue arrestado y sentenciado a nueve años de prisión por traición, entre otros cargos. A bordo del avión, se sorprendió al ver a uno de los choferes del periódico, Carlos Lam, cuyo trabajo era transportar a los periodistas de un lugar a otro.
En el Westin, Lam abrazó a su antiguo jefe y los dos se rieron de cómo Lam había recibido una sentencia aún más dura que la del director del periódico: cinco años por traición y otros cinco por publicar “noticias falsas”, a pesar de que Lam nunca había trabajado como periodista.
Los amigos reunidos posaron para selfies y se rieron, comparándo las fotos tomadas en el hotel a las que se hicieron dos años antes, cuando lucían las mismas sonrisas, pero en rostros demacrados.
El embajador de Estados Unidos, Kevin Sullivan, se tomó una foto tras otra con los prisioneros cuya liberación ayudó a coordinar en 2023 como entonces embajador en Nicaragua. “Para cualquiera de nosotros que participamos en esto, tener un grupo tan grande y diverso de personas que fueron encarceladas y ayudarles a recuperar su libertad es algo que siempre recordaremos”, dijo Sullivan.
Pero para algunos, los años transcurridos desde entonces no han sido fáciles. Medardo Mairena, un ganadero que ayudó a organizar a los campesinos rurales contra el proyecto del canal interoceánico, dice que ha enfrentado el racismo y la discriminación mientras lucha por encontrar trabajo.
En el vestíbulo, alguien envuelto en una bandera nicaragüense entró y gritó: “¡Que viva Nicaragua libre!”, mientras todos respondían: “¡Que viva!”, para gran sorpresa y confusión del personal y otros clientes del hotel del aeropuerto.
Desde que el gobierno del presidente Daniel Ortega reprimió violentamente un levantamiento civil en 2018, se estima que 850,000 nicaragüenses han huido del país.
Aunque aproximadamente 225,000 de ellos se dirigieron inicialmente, y aún lo siguen haciendo, a la vecina Costa Rica, cientos de miles también han intentado llegar a Estados Unidos. Eso incluye unos 96,000 que obtuvieron un parole humanitario en virtud de un programa que creó el entonces presidente Joe Biden para permitir que inmigrantes de Nicaragua y otros países previamente evaluados ingresen a Estados Unidos con un patrocinador.
Sin embargo, Trump prometió una reforma radical del sistema de inmigración de Estados Unidos. En una serie de órdenes ejecutivas y medidas administrativas, ha congelado de hecho el sistema de asilo en la frontera; ha suspendido el reasentamiento de refugiados; ha puesto fin a las protecciones contra la deportación para algunas personas que ya se encuentran en Estados Unidos y ha puesto fin a los programas de parole humanitario para inmigrantes de Cuba, Haití, Venezuela y Nicaragua.
Los nicaragüenses que ingresaron al país a través del programa de parole humanitario pero no solicitaron asilo corren el riesgo de ser deportados cuando finalice su parole, y eso incluye al menos a algunos de los compañeros de vuelo. No todos iniciaron el proceso de solicitud de asilo, dijo Juan Sebastián Chamorro, quien declaró su intención de postularse a la presidencia antes de las elecciones de Nicaragua de 2021 y rápidamente se convirtió en el cuarto candidato potencial en ser arrestado.
Algunas personas no comprendieron el proceso y la mayoría no acudió a un abogado de inmigración. “¿Por qué? ¡Porque es caro!”, dijo, señalando que cuando el gobierno nicaragüense les revocó la ciudadanía, también confiscó sus propiedades y activos. Algunos de los 221 nicaragüenses quedaron completamente desamparados. Uno de los ex prisioneros es ciudadano estadounidense.
“Me preocupan los de nuestro grupo que no tienen casos de asilo y ahora no tienen protección”, añadió Chamorro. “Pero me preocupan aún más que llegaron aquí con parole humanitario y no pudieron pagar un abogado y ahora corren peligro de ser deportados”.
De los más de 90,000 nicaragüenses que están en Estados Unidos en libertad condicional humanitaria, solo alrededor de un tercio ha comenzado a buscar soluciones legales a largo plazo, según Manuel Orozco, director del Programa de Migración, Remesas y Desarrollo del Diálogo Interamericano, un grupo de expertos de Washington DC. Según datos del censo de Estados Unidos, en 2021 Florida albergaba a más de un tercio de los nicaragüenses que vivían en Estados Unidos, y Miami-Dade tenía la mayor concentración. Solo el tribunal de inmigración de Miami tiene un atraso de más de 31,000 casos nicaragüenses.
Durante la campaña, Trump prometió que “el primer día lanzaré el mayor programa de deportación de delincuentes en la historia de Estados Unidos”. Es probable que los inmigrantes no autorizados sin antecedentes penales también sean atrapados en las acciones de cumplimiento de la ley; “menos de la mitad de las aproximadamente 8,200 personas arrestadas entre el 20 de enero y el 2 de febrero hasta ahora tienen antecedentes penales”, según una revisión de datos del gobierno realizada por ProPublica y The Texas Tribune.
Los expertos dicen que sería legalmente difícil, si no imposible, deportar a alguien con una solicitud de asilo pendiente, como muchos de los exiliados nicaragüenses. Pero el gobierno de Trump podría, como lo hizo durante su primer mandato, limitar los criterios bajo los cuales los jueces de inmigración pueden otorgar asilo, dice Andrew Seele, presidente del Migration Policy Institute.
Y si bien este grupo probablemente tenga casos sólidos, Jordi Amaral, un experto en inmigración, dijo que la “dura realidad es que un caso de asilo exitoso no depende solo de los hechos del caso, sino también de quién es el juez y dónde se lleva el caso”.
Quienes tienen casos de asilo en trámite todavía temen que los puedan detener o incluso deportar en medio del caos. “Siento que estoy en el limbo”, dijo Lam, el ex conductor. “Todo lo que tengo son algunos papeles, ni siquiera una fecha de audiencia para mi caso de asilo”.
Y es difícil pensar en otra detención. “Nuestro grupo, estos ex prisioneros, son personas que fueron interrogadas y torturadas durante años”, dijo Félix Madariaga, quien fue arrestado el mismo día que su compañero candidato Chamorro después de declarar su intención de postularse a la presidencia. “Lo último que quieren es que el ICE los detenga en un aeropuerto y los arroje de nuevo a una sala de interrogatorios; les aterroriza”.
“Incertidumbre” era la palabra que estaba en boca de todos en la reunión.
“Una buena parte de los 222 se mostraron preocupados por las detenciones que ocurrían en todas partes y algunos abogados les aconsejaban que evitaran viajar”, dijo Chamorro. “Eso demuestra el nivel de ansiedad que hay, que después de todo lo que hemos sufrido –prisión, destierro, eliminación de nuestra ciudadanía, exilio, separación familiar, a eso se suma la incertidumbre de que llegamos con parole humanitario”.
A medianoche su libertad condicional humanitaria expiró cuando el barman intentó guardar todo y el ecléctico grupo de amigos trató cortésmente de comprarse una cerveza más y recordar el momento en que se dieron cuenta que realmente se iban.
Uno de ellos había grabado un video desde el interior del avión mientras despegaba, y un grupo se reunió alrededor del bar para verlo una vez más. En él, los rayos del sol naciente entran por las ventanas y se desplazan por la cabina mientras el avión se inclina hacia un lado, girando hacia el norte. Los pasajeros, que habían sido prisioneros unos minutos antes, comienzan a gritar espontáneamente sus ciudades y departamentos de origen: “¡Estelí!”, “¡Carazo!”, “¡La Costa Atlántica!”, mientras los 222 exclaman jubilosos “¡que viva!” a cada uno.
“El recuerdo es una bebida dulce pero amarga”, dijo Chamorro, sosteniendo un vaso de whisky. “Sabía que volvería a ver a mi esposa y a mi hija, pero también sabía que estaba mirando hacia el lago de Managua y la ciudad, que sería la última vez que las vería en mucho tiempo”.
Esta historia fue publicada originalmente el 11 de febrero de 2025, 11:23 a. m. with the headline "EEUU trasladó 222 presos políticos de Nicaragua a Washington. Ahora su futuro es incierto."