Bolivianos eligen nuevo presidente ante colapso del partido de gobierno
Los bolivianos acudirán a las urnas este domingo en unas elecciones generales que podrían marcar el fin de casi dos décadas de dominio del partido Movimiento al Socialismo (MAS), la otrora imbatible fuerza política fundada por el expresidente Evo Morales.
Considerado durante mucho tiempo una potencia electoral, el MAS enfrenta ahora la amenaza más seria de su historia. Las encuestas muestran al partido fracturado, profundamente impopular y en riesgo de perder no solo la presidencia, sino también su personería jurídica, un desenlace impactante para un movimiento que alguna vez fijo la agenda nacional de Bolivia.
Nueve candidatos compiten por un mandato presidencial de cinco años, pero ninguno ha superado el nivel de 25% en las encuestas más recientes. El bloque más grande de votantes sigue indeciso, lo que sugiere un profundo desencanto con el establishment político.
Las elecciones se desarrollan en medio de una crisis económica cada vez más grave. La inflación está en niveles récord, escasean los dólares y el combustible, y el precio de los bienes básicos se ha disparado. Quien gane heredará una de las situaciones económicas más difíciles que ha enfrentado Bolivia en los últimos años.
Para ganar en primera vuelta, un candidato debe obtener más del 50% de los votos, o al menos el 40% con una ventaja de 10 puntos sobre el segundo más votado. Si nadie alcanza ese umbral, los dos primeros se enfrentarán en una segunda vuelta el 19 de octubre.
Notablemente ausentes en las boletas están dos de las figuras políticas más prominentes de Bolivia: el presidente en funciones, Luis Arce, y su exmentor, Evo Morales. La prolongada disputa entre ambos ha dividido al MAS en facciones enfrentadas, debilitando aún más al partido.
Los principales beneficiarios del declive del MAS son el empresario Samuel Doria Medina, de la alianza Unidad, y el expresidente Jorge “Tuto” Quiroga, que se postula bajo el movimiento Alianza Libre.
Doria Medina, exministro de Planificación, lidera las encuestas desde junio, con Quiroga pisándole los talones. La mayoría de las encuestas muestran apenas un par de puntos porcentuales de diferencia entre ellos, con ambos rondando cerca del 20% de preferencia.
Si las tendencias actuales se mantienen, se espera que ambos avancen a una segunda vuelta, lo que podría allanar el camino para el primer gobierno de derecha en Bolivia en casi 20 años.
“Este escenario requerirá pactos entre distintas fuerzas políticas para garantizar la gobernabilidad en los próximos cinco años”, dijo la analista política Lily Peñaranda en una entrevista con la agencia española EFE. “La política económica tendrá que ser negociada, porque la crisis no permite que el Estado gaste ni un centavo más.”
La frustración del electorado está siendo impulsada por una economía en caída libre. La escasez de dólares ha paralizado las importaciones, las filas por combustible se extienden por cuadras y los precios de los alimentos se han disparado. Los críticos culpan al modelo económico del MAS por agotar las reservas y frenar el crecimiento.
Doria Medina ha propuesto un “ajuste integral”, que incluye recortes al gasto público, aumento de exportaciones de gas, reformas al Banco Central para garantizar su independencia y el desarrollo estratégico de las vastas reservas de litio del país.
La plataforma de Quiroga se centra en reconstruir las reservas internacionales mediante un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, reducir impuestos para atraer inversiones y achicar el tamaño del Estado. También promueve incentivos al crédito bancario para estimular la creación de empleos.
Analistas señalan que los temas centrales de esta reñida elección son el legado económico de izquierda de Bolivia, el futuro de sus instituciones democráticas y la subsistencia de millones de personas que navegan la peor crisis financiera en décadas.
“Esto parece el fin de un ciclo no solo para el MAS, sino para todo un modelo de gobierno”, afirmó la analista política boliviana Verónica Rocha.
El MAS irrumpió en la escena nacional en 2002, cuando Morales quedó segundo con el 20.9% de los votos. Tres años después, ganó la presidencia con el 53.7%, luego amplió su ventaja al 64.2% en 2009 y al 61.3% en 2014.
El control del poder del partido se rompió brevemente en 2019, cuando Morales renunció en medio de acusaciones de fraude y lo que él describió como un “golpe de Estado”. Un gobierno interino liderado por la senadora Jeanine Áñez asumió hasta que Arce devolvió al MAS al poder en 2020 con el 55.1% de los votos.
En su apogeo, el MAS controlaba dos tercios de ambas cámaras del Congreso, aprobando importantes reformas con mínima oposición. Su fortaleza provenía de profundas alianzas con sindicatos, grupos indígenas y comunidades rurales. Esa unidad comenzó a desmoronarse a fines de 2021, cuando Morales y Arce chocaron por el futuro del partido y la candidatura presidencial de 2025. Para este año, la grieta se había convertido en una ruptura total.
Arce ha dicho que no buscará la reelección, lo que despejó el camino para que su exministro de Gobierno, Eduardo del Castillo, se postule como candidato oficial del partido. Morales, quien está impedido de postularse debido a los límites de mandato, ha instado a sus seguidores a votar en blanco, una medida que muchos ven como un intento de socavar al presidente del Senado, Andrónico Rodríguez, quien se postula de forma independiente bajo la alianza Popular.
Del Castillo obtiene poco más del 2% en las encuestas, muy por debajo del umbral del 3% que el MAS necesita para mantener su personería jurídica. Rodríguez también registra cifras bajas, lo que deja a la otrora formidable maquinaria política del MAS en un estado de caos.
Álex Contreras, exvocero de Morales, dijo que la lucha interna ha dejado al MAS “al borde de cerrar un ciclo político” y “deshaciendo simbólicamente” décadas de organización de base.
Marianela Paco, exministra de Comunicación durante el gobierno de Morales, afirmó que la base del partido está “indignada y decepcionada” tanto con la administración de Arce como con el legado de Morales.
“La gente que apoyaba al MAS se ha replegado”, dijo Paco. “Espero una alta abstención en la votación del domingo, mientras esperan una oportunidad para reagruparse en el futuro.”
Este artículo fue complementado con servicios cablegráficos de El Nuevo Herald.