América Latina

El crimen organizado y las dictaduras convergen en América Latina, según foro

Panelistas en el foro “Democracia y crimen organizado en América Latina” celebrado el jueves en Washington D.C.
Panelistas en el foro “Democracia y crimen organizado en América Latina” celebrado el jueves en Washington D.C. Interamerican Institute for Democracy

Expertos y ex mandatarios advirtieron que el crimen organizado, el narcotráfico y el autoritarismo están convergiendo en una amenaza sin precedentes para la democracia en toda América Latina, durante un foro de alto nivel celebrado en Washington D.C.

El evento, titulado “Democracia y Crimen Organizado en América Latina”, reunió el jueves a académicos, diplomáticos y figuras políticas bajo los auspicios del Instituto Interamericano para la Democracia, la Universidad Internacional de la Florida (FIU), la Universidad Austral y Infobae.

Desde el inicio, el tono fue grave. “El crimen organizado en la región, incluidos los vínculos globales con los que está conectado, es la mayor amenaza —más allá de la República Popular China— para la seguridad y la prosperidad de Estados Unidos”, afirmó el profesor Evan Ellis, investigador del Instituto de Estudios Estratégicos del Colegio de Guerra del Ejército estadounidense.

Ante una sala llena, cerca del Capitolio, Ellis explicó que lo que alguna vez fue un problema regional se ha transformado en una crisis hemisférica, alimentando la inestabilidad, la corrupción y el autoritarismo.

“El crimen organizado en la región”, advirtió, “trae drogas que matan a más estadounidenses que prácticamente cualquier otra causa no médica”, al tiempo que explota a los migrantes y “erosiona las instituciones democráticas en toda América Latina”.

Un hemisferio “inundado de cocaína”

Ellis describió un continente “inundado de cocaína”, señalando el aumento de los cultivos de coca en Colombia, y operaciones de tranporte y procesamiento en Venezuela y Perú. Estas economías ilícitas, dijo, alimentan ciclos de “violencia, minería ilegal, trata de personas y migración masiva” que están desestabilizando naciones enteras.

Identificó un nexo de poder criminal que se extiende desde el Cártel Jalisco Nueva Generación en México hasta el Primeiro Comando da Capital (PCC) en Brasil y el Tren de Aragua en Venezuela. Estas organizaciones, afirmó, han aprovechado la debilidad estatal y la corrupción para construir redes transnacionales que trafican drogas, lavan miles de millones y se infiltran en los sistemas políticos.

“Estados Unidos no puede ver estos desarrollos como algo distante”, advirtió Ellis. “La crisis económica y el fracaso institucional abren la puerta a la captura del poder por populistas antiestadounidenses”, citando como ejemplos a Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Bolivia, países cuyos gobiernos han restringido la cooperación judicial y creado “refugios seguros para criminales”.

Ellis también llamó la atención sobre el papel creciente de China en la economía ilícita regional. “La República Popular China es la principal fuente de precursores químicos para el fentanilo y otras drogas sintéticas”, explicó. “Sus bancos y empresas se utilizan para el lavado de dinero, creando nuevos desafíos para las unidades de inteligencia financiera”. Pidió una respuesta coordinada que incluya tratados de extradición, transparencia financiera y la negación de refugios seguros a las organizaciones criminales. “Es vital no permitir que los regímenes sigan sirviendo como santuarios para grupos delictivos”, concluyó.

“O actuamos, o seremos testigos de la muerte de la democracia”

El foro pasó luego del análisis académico al terreno político y personal, cuando el ex presidente de Ecuador Jamil Mahuad y la ex embajadora en EEUU Ivonne Baki describieron cómo el crimen organizado ha penetrado su propio país. “La pesadilla de Ecuador comenzó cuando Rafael Correa eliminó los requisitos de visa y abrió las fronteras”, dijo Baki. “Le dio al narcotráfico vía libre.”

Baki señaló que el gobierno del presidente Daniel Noboa ha mostrado disposición a cooperar con Estados Unidos y socios internacionales, pero advirtió que el desafío es urgente. “Los narcos están organizados, y nosotros no”, alertó. “Si no actuamos rápido y juntos, será demasiado tarde.”

Mahuad describió la transformación de Ecuador, de ser un país relativamente pacífico a uno de los más violentos de la región, con redes criminales que convirtieron los puertos costeros en corredores de exportación de cocaína. “El noventa por ciento de la cocaína del mundo se produce en Colombia, Bolivia y Perú”, dijo. “Ecuador se ha convertido en el punto estratégico de salida.”

Afirmó que los gobiernos sucesivos subestimaron la amenaza al tratar el narcotráfico como un problema social y no como una emergencia de seguridad nacional. El resultado, añadió, fue un Estado debilitado “negociando con los traficantes” en lugar de enfrentarlos.

Su conclusión fue tajante: “O somos testigos de la crónica de la muerte de la democracia en América Latina”, advirtió Mahuad, “o creemos que las generaciones condenadas a cien años de soledad todavía tienen una oportunidad en esta tierra.”

La encrucijada boliviana

Para Eduardo Gamarra, profesor de ciencias políticas en FIU, Bolivia ejemplifica cómo el crimen organizado puede entrelazarse con el poder político hasta volverse indistinguibles.

“Durante dos décadas, Bolivia ha sido gobernada por un régimen narco-competitivo”, dijo Gamarra, en referencia al gobierno del ex presidente Evo Morales y su Movimiento al Socialismo (MAS). “La línea entre el Estado y el mundo criminal ha desaparecido.”

Desde la región del Chapare —históricamente el corazón del cultivo de coca— hasta el polo empresarial de Santa Cruz, que describió como “un refugio seguro para organizaciones ilícitas”, Bolivia se ha convertido en “un nodo central del comercio mundial de cocaína”, afirmó. “Donde el Estado está ausente, manda el crimen organizado.”

Sin embargo, Gamarra también vio señales de cambio. Con el MAS debilitado y dos candidatos de centro derecha compitiendo en una segunda vuelta presidencial, dijo que Bolivia se encuentra “en una encrucijada histórica”.

“El próximo gobierno tiene la gran responsabilidad de combatir este flagelo de la mano con las instituciones internacionales”, señaló. “La estructura autoritaria está muriendo, pero la red del narcotráfico sigue viva. Bolivia debe actuar primero: reemplazar dos décadas de narco-política con liderazgo soberano.”

Crisis regional, consecuencias compartidas

Los análisis de Ellis y Gamarra reflejaron un consenso más amplio entre los participantes: la fusión entre crimen organizado y política representa una nueva fase de inestabilidad en América Latina.

Los ponentes describieron una región donde el Estado de derecho se erosiona, las instituciones son capturadas por intereses criminales y las economías ilícitas sostienen tanto a líderes autoritarios como a grupos violentos.

La superposición entre agendas políticas y criminales, argumentaron, ha transformado los desafíos de gobernabilidad tradicionales en un ataque directo contra la democracia. Países como Venezuela y Nicaragua, señalaron, se han convertido en “narcoestados”, donde las redes criminales operan bajo protección estatal.

Los participantes también destacaron el papel de la corrupción, la debilidad judicial y los actores extranjeros en la perpetuación de la impunidad. Sin una acción internacional coordinada, advirtieron, el hemisferio corre el riesgo de una generación de inestabilidad arraigada.

Un llamado a la acción colectiva

A lo largo del foro, un mensaje se repitió: la amenaza que enfrenta América Latina es transnacional, y solo la cooperación multilateral —que vincule gobiernos, sector privado y sociedad civil— podrá contrarrestarla.

Para Ellis, esto implica repensar las alianzas de seguridad y las estrategias económicas. Para Mahuad y Baki, significa reconstruir los fundamentos morales e institucionales de la democracia. Y para Gamarra, supone reemplazar regímenes que han normalizado la criminalidad por gobiernos que restauren el Estado de derecho.

Todos coincidieron en que la ventana para actuar se está cerrando. La advertencia de Baki —“los narcos están organizados y nosotros no”— resonó entre los asistentes mientras debatían cómo evitar una nueva captura del Estado por parte del crimen organizado.

Una región bajo presión

Las preocupaciones expresadas en el foro surgen en medio de un repunte regional de violencia e inestabilidad política. Las tasas de homicidio han aumentado en Ecuador, Honduras y Haití; la migración masiva continúa desde Venezuela y Centroamérica; y en varios países, las fuerzas policiales y militares han sido implicadas en corrupción ligada al narcotráfico.

Los analistas sostienen que estos fenómenos no solo han debilitado la confianza pública en la democracia, sino que también han abierto espacio para líderes autoritarios que prometen orden mientras consolidan el poder.

La referencia de Ellis a China subrayó la dimensión global de la crisis. Con Pekín ampliando su presencia económica en América Latina —a través de proyectos de infraestructura, inversiones energéticas y comercio—, funcionarios estadounidenses y expertos regionales han advertido que las redes criminales están explotando esos mismos canales para lavar dinero y traficar bienes ilícitos.

El creciente vínculo entre corrupción estatal, crimen transnacional y competencia entre potencias ha vuelto más compleja la coordinación de políticas, incluso entre aliados.

Advertencias para Washington

Aunque el foro se centró en América Latina, los oradores subrayaron repetidamente las implicaciones para la seguridad nacional de Estados Unidos. Ellis describió al crimen organizado como “la mayor amenaza —más allá de la República Popular China— para la seguridad y prosperidad de Estados Unidos”, vinculando el narcotráfico con la crisis doméstica del fentanilo y la inestabilidad fronteriza.

El flujo de drogas, dinero y personas a través del hemisferio, agregó, no solo está transformando la política latinoamericana, sino que también penetra profundamente en la sociedad estadounidense.

“La crisis económica y el colapso institucional abren la puerta a la captura del poder por populistas antiestadounidenses”, advirtió, subrayando que el retroceso democrático en el extranjero terminará por repercutir en casa.

La batalla que viene

Al cierre del foro, los participantes regresaron a la pregunta que había abierto la jornada: ¿podrán las democracias del continente resistir las presiones combinadas del crimen, la corrupción y el autoritarismo?

La respuesta, coincidieron la mayoría, dependerá de la voluntad política. Se insistió en la necesidad de renovar la cooperación, fortalecer la transparencia y reformar la justicia. También se destacó la importancia del compromiso ciudadano y la rendición de cuentas, que los oradores dijeron están siendo socavados por el miedo, la apatía y la desinformación.

Pese al panorama sombrío, también hubo una nota de determinación. “Es vital no permitir que los regímenes sigan sirviendo como santuarios para grupos criminales”, reiteró Ellis.

Mahuad, evocando la célebre frase de García Márquez, cerró con un hilo de esperanza: que las generaciones de América Latina “todavía tienen una oportunidad en esta tierra.”

Antonio Maria Delgado
el Nuevo Herald
Galardonado periodista con más de 30 años de experiencia, especializado en la cobertura de temas sobre Venezuela. Amante de la historia y la literatura.
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