Fujimori trae de regreso al poder a una dinastía política en Perú
La esperada victoria de la derechista Keiko Fujimori, en su cuarto intento por ganar la presidencia de Perú, marca el regreso de una dinastía que ha suscitado el “amor y el odio” de los votantes y de una de las fuerzas políticas más dominantes y polarizadoras de las últimas tres décadas.
La hija del fallecido ex presidente Alberto Fujimori, que estuvo preso 16 años por abusos a los derechos humanos, obtuvo los votos suficientes para vencer al izquierdista Roberto Sánchez en una elección que tardó semanas en definirse.
Fujimori, de 51 años, gobernará por cinco años un país sacudido por una profunda inestabilidad política, debido a los escándalos de corrupción y el avance de la criminalidad.
El resultado electoral en Perú, luego de un apretado balotaje el 7 de junio, marca asimismo la consolidación de un giro a la derecha en América Latina, con una mayoría de mandatarios conservadores o liberales en la región.
Keiko Fujimori, la primera mujer presidenta en Perú que llegará al poder en una elección directa, había perdido en tres balotajes anteriores (2011, 2016 y 2021) por estrecho margen.
La contienda se desarrolló en medio de impugnaciones de votos, aunque observadores internacionales afirmaron que se desarrolló con normalidad. Al 98,86% de los votos escrutados, Fujimori logró una ventaja insuperable al final del martes.
Sánchez ha denunciado fraude, y ha dicho que no reconocerá un gobierno de Fujimori. La oficina electoral espera anunciar oficialmente al ganador más tardar a mediados de julio.
La política de derecha asumirá al poder el 28 de julio, reemplazando a un Gobierno provisional que siguió a otro presidente interino, tras la renuncia de la presidenta Dina Boluarte, una vicepresidenta que por línea de sucesión tomó la posta tras la expulsión del ex presidente izquierdista Pedro Castillo, que desde prisión apoyó a Sánchez.
Para estos comicios, Keiko Fujimori se presentó como una política con mano dura para restaurar el orden y la estabilidad, mientras Perú lidia con el aumento de homicidios y extorsiones, una de las mayores preocupaciones de los votantes.
La candidata ha prometido que los militares ayudarán a combatir el crimen, que expulsará a los migrantes ilegales y que buscará el regreso temporal de los “jueces sin rostro” para procesar criminales, un controvertido sistema utilizado en la década de 1990 en el gobierno de su padre para juzgar a acusados de terrorismo.
Fujimori ha cargado con el peso del apellido de su autoritario padre y con las críticas a su partido Fuerza Popular, que apoyó leyes en el Congreso que han debilitado la lucha contra el crimen, según sus críticos y algunos analistas.
El mayor escollo de Keiko durante su vida política ha sido el rechazo que suscita, aunque para esta elección se redujo frente a las anteriores, según encuestas. Durante la segunda ronda electoral cientos de simpatizantes izquierdistas marcharon en su contra, lo que subraya posibles desafíos en su mandato.
El legado de Fujimori padre ha dividido al país entre quienes consideran que logró derrotar a los rebeldes maoístas de Sendero Luminoso a fines del siglo pasado y sentar las bases de un auge económico, y los que lo responsabilizan de violaciones a los derechos humanos en su arremetida contra la guerrilla.
La candidata, que estudió administración de empresas en las universidades de Nueva York y de Boston, comenzó en la política activa hace dos décadas, cuando fue elegida legisladora con la más alta votación en la historia del país.
Su hermano Kenji Fujimori, el menor de los cuatro hijos del ex mandatario, llegó al Congreso con la votación más alta en el 2011 y fue reelegido en el 2016. Se alejó ese año de su hermana en una disputa por la herencia del legado político del padre.
¿SIN RENCORES?
El quiebre se calmó luego de que Kenji logró el indulto humanitario de su padre en víspera de la Navidad en el 2017, aunque poco después el partido fujimorista expulsó al benjamín de la familia porque ayudó a evitar, en ese momento, la destitución del ex presidente Pedro Pablo Kuczynski.
El indulto al patriarca de los Fujimori, hijo de inmigrantes japoneses y apodado “el chino”, fue anulado poco después, pero a fines del 2023 logró recuperar su libertad tras 16 años en prisión por abusos a los derechos humanos.
Fujimori padre murió a los 86 años el septiembre del 2024 tras sufrir en prisión úlceras en el estómago, pérdida de peso, hipertensión y hasta un cáncer en la lengua, según sus médicos.
Su muerte reabrió viejas heridas y el debate nacional sobre si merecía morir en libertad. Fujimori nunca expresó remordimiento público por los abusos cometidos.
Los partidarios de confianza de Keiko Fujimori dicen que ella ha cambiado, que apuesta por la “institucionalidad” y que no es una líder autoritaria como la acusan sus opositores.
“Hay una nueva Keiko, que ha estado injustamente presa”, dijo Luis Galarreta, su compañero en la fórmula presidencial.
La candidata, divorciada y madre de dos hijas, estuvo en prisión preventiva dos veces durante casi un año y medio, entre 2018 y 2020, cuando se la investigó por supuestamente recibir fondos irregulares de la brasileña Odebrecht. En octubre del año pasado, el Tribunal Constitucional desestimó el caso por el delito de lavado de activos alegando vicios procesales.
“Ha salido sin rencor de la prisión”, agregó Galarreta.
La candidata ha alegado ser víctima en los últimos años de una “guerra sucia” de sus opositores, que la acusan de haber promovido junto con su partido en el Congreso la destitución o renuncias de hasta ocho presidentes desde el 2018.
En estas elecciones, el partido Fuerza Popular de Fujimori obtuvo el mayor bloque minoritario con 22 de 60 escaños en el Senado; y 41 de 130 Diputados para un nuevo y fragmentado Congreso, que vuelve a tener dos cámaras luego de tres décadas.
El enfoque político de Keiko Fujimori difiere al de su padre, que era escéptico con los partidos y no tenía un apoyo estable. El partido Fuerza Popular de la candidata ahora elegida es el único en el país que ha sobrevivido en las últimas dos décadas.
Pero “no está claro que sus rivales de extrema derecha y centroderecha estén dispuestos a aliarse formalmente con Fuerza Popular”, dijo la analista Eileen Gavin, de Verisk Maplecroft, advirtiendo que las divisiones podrían complicar el gobierno.
“Las esperanzas de que Perú finalmente salga de su círculo vicioso de presidentes, con puertas giratorias, pueden estar tristemente equivocadas”, añadió Gavin.