América Latina

Nacido dominicano, pero excluido por raíces haitianas

Niños del Batey Naranjo, una comunidad de trabajadores agrícolas de ascendencia haitiana, en Santo Domingo, República Dominicana.
Niños del Batey Naranjo, una comunidad de trabajadores agrícolas de ascendencia haitiana, en Santo Domingo, República Dominicana. NYT

Una mañana cualquiera entre semana, los niños en la capital se apilan uno detrás del otro sobre motoconchos, o mototaxis, con sus uniformes escolares en azul pálido que parecen coletas ondulando en el aire cuando pasan volando en autobuses, camiones y automóviles.

Rubén Chery, de 33 años de edad, barbero en un barrio llamado Pequeño Haití, recuerda haber asistido a la escuela pública como cualquier otro niño nacido dominicano. Recuerda la emoción de despertarse y dirigirse a clases. Pero sobre todo, como una fuerte bofetada, recuerda el amargo momento en que su maestro de primero de secundaria le dijo que él no podía continuar con su educación, que nunca más pasaría a la preparatoria.

“Yo no tenía un solo documento que me identificara; no pude terminar mi educación secundaria”, dijo Chery. “Estoy atascado en primero de secundaria para siempre”.

Durante años, asistir a la preparatoria en la República Dominicana requería de prueba de ciudadanía, obstáculo con el que decenas de miles de personas de ascendencia haitiana –incluso muchos que nacieron aquí, como Chery– han luchado durante toda su vida por superar.

Obtener esa prueba casi puede ser imposible, legado de una burocracia que, dicen académicos, ha buscado impedir que los hijos de emigrantes haitianos obtengan un asidero oficial en el país.

Los migrantes que vienen de Haití han tenido dificultades para obtener actas de nacimiento para los hijos nacidos en este país durante generaciones. Después, cuando esos niños nacidos dominicanos crecieron lo suficiente para tener sus propias familias, tampoco tienen documentación para demostrar su nacionalidad.

“Esto perpetúa el ciclo de una población de segunda clase o población de clase más baja en el país”, dijo Shaw Drake, coautor del libro Rezagado: Cómo la falta del estado en la República Dominicana limita el acceso de los niños a la educación.

Acceso a la educación primaria y secundaria

En el 2012, había 48,000 estudiantes en el sistema educativo de la República Dominicana en riesgo de no ser capaces de cursar la preparatoria porque carecían de un carné de identidad apropiado, estima Drake.

Se supone que las cosas son diferentes ahora.

El Ministerio de Educación informa que envió memorandos en el 2013 a todos los directores regionales de educación, directores de distrito y directores de centros educativos dándoles instrucciones de que permitan la matrícula de todos los estudiantes de educación primaria y secundaria, sin consideración a si los menores tenían o no documentos de identidad.

“Ahora podemos asignar un número único a los estudiantes”, dijo Víctor Sánchez, viceministro de educación. “Con este número, tenemos un sistema y podemos llevar un registro de los estudiantes permitiéndoles progresar con su educación”.

Sin embargo, Wade McMullen, quien ha estudiado estos temas como abogado administrador en la organización por los derechos Robert F. Kennedy Human Rights y representa directamente a dominicanos afectados por las políticas de desnacionalización, no cree que el problema se pueda resolver enviando tan solo un memo.

“Lo que ocurre con frecuencia es que el gobierno emite un memo, pero no le da seguimiento para ver si es puesto en marcha”, destacó McMullen. “Un memorando es un gran comienzo, pero no es suficiente; ellos van a necesitar que se haga valer ese memo para contrarrestar la discriminación sistemática que ha estado arraigada en la República Dominicana”.

A Chery ahora le preocupa si su propia hija chocará con los mismos obstáculos que él enfrentó. Sus padres –Elviro Chery y Zoraida Félix– llegaron a la República Dominicana en 1960 como trabajadores migratorios para los campos de caña de azúcar.

“Trabajaban como esclavos en los cañaverales, y nunca les pedían identificarse”, dijo. “Tan solo les ordenaban cortar caña y vivir cerca de los campos si querían, y eso fue lo que hicieron”.

“Mi madre no podía conseguirme una partida de nacimiento”, agregó. “Nunca pudo registrarse porque era indocumentada”.

El padre de Chery murió en el 2002 y su madre en el 2005. Esto incluso dificultó más que Chery fuera capaz de obtener documentos de identidad, para garantizar que la siguiente generación de la familia Chery no tuviera que lidiar con las mismas dificultades.

La hija de Chery, Rubencia, actualmente cursa el segundo grado.

“Hice un trato con su maestra”, dijo Chery, que le pidió a la maestra que le permitiera a la niña entrar a la clase de primer grado, aun cuando tiene 9 años de edad. “Empezó un poco tarde”.

Bajo la nueva política, se supone que Rubencia debe ser capaz de asistir a la preparatoria, pero no sería capaz de seguir a educación superior porque esas instituciones siguen exigiendo documentos de identidad para inscribir a los alumnos. “Ella estará limitada porque no tiene una identidad”, dijo Chery.

“Existen muchas personas que aún no reciben educación superior”, dijo McMullen. “Lo que tenemos es una solución propuesta del gobierno, diciendo que esta ley los aparta a ellos de cualquier responsabilidad”.

Chery sigue queriendo estudiar de alguna forma y tener una profesión. Aparte de la necesidad de un ingreso constante, dijo, él también se siente “inferior, me siento inseguro, inválido. No siento que sea la persona que deseo ser”.

Los que no pudieron registrarse

Chery vio las largas filas de inmigrantes haitianos y haitianos nacidos dominicanos esperando a registrarse con el gobierno hace unos meses. Cualquiera que no se registrara, advirtió el gobierno, podría ser expulsado del país.

El plazo terminó en junio, y con base en el gobierno, 40,000 haitianos decidieron por propia voluntad dejar el país antes que enfrentar la agitación de una repentina deportación y perder todas sus pertenencias en el proceso.

República Dominicana ha informado que ya empezó a deportar indocumentados que siguen en el país y no están registrados. Alrededor de 4,650 personas han sido expulsadas hasta ahora, según el gobierno.

“No habrá nada de cacerías de brujas”, dijo Washington González, el viceministro del Interior y la policía. “Queremos un proceso normal”.

Decenas de miles de personas se registraron con el gobierno, abrigando la esperanza de permanecer en el país, informó el gobierno. Chery no fue uno de ellos. Sin documentos que mostrar, decidió que no tenía sentido.

“El gobierno no me reconocerá como ciudadano”, dijo.

El gobierno estima que 100,000 inmigrantes no se registraron. Con todo, incluso personas que creen que sus papeles están en orden pueden encontrar obstáculos que ponen de cabeza su vida.

Formena Michel, de 56 años de edad, dijo que había ido a conseguir el carné de identidad cuando tenía 14 años, usando su acta de nacimiento como prueba. El encargado le dio un carné de identidad, dijo Michel, pero se quedó el acta de nacimiento y nunca la devolvió.

El gobierno informó a Michel que el carné de identidad que ella estaba usando no era suyopropio, sino más bien pertenecía a alguien más. Preocupada de que la deportenaran, ella está asistiendo a audiencias para intentar probar que es suyo.

Esta historia fue publicada originalmente el 2 de noviembre de 2015, 2:47 p. m. with the headline "Nacido dominicano, pero excluido por raíces haitianas."

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