Ascensoristas del Senado, testigos invisibles de la política en Brasil
Todo el día, sube y baja con los senadores… Y con cada cosa que escuchan, los ascensoristas del Congreso brasileño están convencidos que estos políticos están llevando el país en una sola dirección, hacia abajo.
Estas personas humildes van literalmente hombro a hombro con parte de la clase más poderosa del país, con un acceso extraordinario en el Senado, donde esta semana la presidenta Dilma Rousseff es sometida a un juicio político.
Pero ellos son casi invisibles.
Y lo que ven y escuchan en esta institución, manchada de mucha corrupción, no es nada alentador.
“Nuestros políticos son muy sucios”, dijo el operador de un elevador, que pidió el anonimato por miedo a perder su trabajo.
La organización Transparencia Brasil reveló que un 59% de los 81 senadores, que decidirán si la mandataria es destituida definitivamente de su cargo, han sido condenados, acusados o investigados por crímenes en algún momento.
“Nunca he visto en el Senado o la Cámara de Diputados que se vote algo por el pueblo. Todo lo que veo son peleas y gritos entre ellos, pensando sólo en sí mismos”, zanjó.
El ascensorista habló con la AFP cuando el elevador estaba vacío y rápido se calló cuando entraron algunos senadores.
Dijo antes que no era fanático de Rousseff, pero de Michel Temer -el exvicepresidente que tomará el poder definitivamente si la mandataria es destituida- estimó que no es mejor.
“Lo que veo es un montón de gente sucia juzgando a una mujer que también está sucia”, lanzó. “Hoy no tenemos una opción decente para presidente”, añadió.
Un colega que opera otro de los viejos elevadores ThyssenKrupp en el elegante edificio del Senado fue igualmente mordaz.
“Substituir a Dilma por Temer no es la solución. Si hubiera una elección real, él nunca ganaría”, dijo también bajo reserva.
Los ascensoristas dijeron que algunos senadores los tratan con respeto.
“Otros no tanto, ni siquiera las buenas tardes”, fustigó el segundo.
Los meseros del restaurante del Senado también consiguen ver y oír a los parlamentarios de cerca, una experiencia que les deja un sabor amargo.
“Aprueban leyes a su medida, nunca para beneficiar al pueblo”, indicó un camarero, que miraba hacia todos lados para chequear que nadie lo viera hablando con un periodista.
“Hay sólo unos pocos buenos que vienen aquí, pero la mayoría son muy arrogantes y no nos tratan con respeto”, expresó.
El personal de limpieza destaca igualmente entre el grupo de brasileños de a pie que pasan desapercibidos en esta importante institución.
¿Y cual es su propuesta para la clase política? Limpieza total.
“No creo que podamos tener algún cambio sin elecciones”, dijo uno de los limpiadores, que como los demás, pidió no ser identificado. “El impeachment significa cambiar las caras pero las cosas seguirán igual. Necesitamos comenzar de nuevo, un nuevo comienzo de cero”, añadió.
La idea de llamar a nuevas elecciones para renovar la clase política es altamente popular en Brasil. Un sondeo de Carta Capital-Vox Populi difundido en agosto indicó que 61% de los encuestados apoyarían la salida de Rousseff y Temer, seguida de comicios.
Rousseff ha dicho que apoyaría la idea si se aborta el impeachment. Pero Temer, que ejerce actualmente como presidente interino y está a punto de ser confirmado en el cargo hasta 2018, de momento quiere disfrutar el mando del gigante sudamericano.
Además, hay otro problema, puntualizó el segundo ascensorista. ¿Quién representaría esa alternativa supuestamente nueva y mejor?
“Para llegar lejos en política tienes que jugar sucio. Una persona 100% honesta nunca lo lograría”, lamentó.
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Esta historia fue publicada originalmente el 27 de agosto de 2016 a las 9:51 a. m. con el titular "Ascensoristas del Senado, testigos invisibles de la política en Brasil."