Salvajes ataques con ácido roban a las mujeres de su identidad
Quizás nunca las vea porque muchas prefieren esconder su rostro en la oscuridad, tras máscaras, o resignarse a vidas aisladas para no ser juzgadas. ¿Cómo explicar al mundo que sus rostros quedaron desfigurados por los celos, la obsesión o el machismo de un individuo que decidió rociarles ácido en la cara dejándoles cicatrices en la piel y heridas en el alma?
Mas allá del glamour y la belleza que nos trajo la reciente Semana de la Moda de Nueva York, atiborrada de mujeres casi perfectas, se reveló al mundo la otra cara del rostro femenino. Reshma Qureshi, una joven hindú de 19 años, decidió destapar su rostro desfigurado por un ataque con ácido, y desde una pasarela de moda quiso compartir con el mundo su historia de vida e intentar frenar esta tragedia que cada vez cobra mayores víctimas.
Hace dos años, la joven, entonces de 17 años, caminaba al colegio cuando su cuñado y un grupo de hombres la agredieron violentamente rociándole ácido sulfúrico en la cara. Reshma perdió el ojo izquierdo, parte del derecho, y quedó con notables grados de deformidad.
Sentí como agua. No sabía qué era realmente, no me acuerdo ni del olor ni de nada. Entré a mi casa gritando. Se me empezó a deshacer la ropa, luego sentí ardor
Natalia Ponce de León
sobreviviente y activistaEste es sólo uno de los rostros visibles de esta agresión violenta que cada año cobra 1,500 víctimas en el mundo, de acuerdo con la Fundación Internacional de Sobrevivientes del Ácido (ASTI - Acid Survivors Trust International). India, Camboya, Bangladesh, Pakistán y Medio Oriente son los países de Asia con más casos de ataques con ácido.
¿Qué pasa en Colombia?
El fenómeno que se vive en Colombia es alarmante, los ataques con ácido se han ido incrementando durante los últimos años. Hasta el 2014 la Fiscalía reportó 926 casos denunciados.
La historia de Natalia Ponce de León, símbolo de supervivencia e inspiración de cientos de mujeres víctimas de este flagelo, es la más conocida en el país. Su vida se partió en dos cuando un vecino, Jonathan Vega, obsesionado con ella se presentó en su edificio haciéndose pasar por “su ex novio”, al tenerla en frente éste le arrojó un litro de ácido sulfúrico sobre el rostro y cuerpo ocasionándole heridas de tercer grado.
“Sentí como agua”, cuenta acerca del momento en que el ácido cayó sobre ella, “no sabía qué era realmente, no me acuerdo ni del olor ni de nada. Entré a mi casa gritando. Se me empezó a deshacer la ropa, luego sentí ardor”, dijo Ponce de León en entrevista con la BBC.
Desde ese 27 de marzo de 2014, en medio de su proceso de recuperación, Natalia ha dado todos sus esfuerzos por evitar que a nadie más le vuelva a ocurrir esta pesadilla. Así logró el 9 de septiembre que su agresor recibiera una pena de 21 años y 10 meses de prisión tras la aprobación este año de la Ley Natalia Ponce (Ley de víctimas de ataques con ácido y agentes químicos).
El Nuevo Herald habló con Alán Gonzalez, cirujano plástico y de reconstrucción colombiano, quien se ha convertido en el “ángel” para muchas de las sobrevivientes de ataques con ácido en el país. Luego de 176 procedimientos de reconstrucción facial y de haber ayudado, de manera gratuita, a 11 mujeres víctimas de este delito, ve con preocupación que el grado de depresión e intento de suicidio es una constante en todas las afectadas.
Uno de los casos que más lo impresionó fue el de una joven de 16 años a quien su novio mandó a quemar con ácido. Recuerda que la niña no quiso volver a estudiar, permaneció escondida en su casa y durante un año se cubrió el rostro con un pasamontañas mientras trabajaban en su recuperación.
Otra paciente rociada con ácido, también por su pareja, vivía con constantes ideas suicidas, que le fue transmitiendo a su hijo pequeño.
“Fue un momento difícil, pero luego de varios procedimientos fuimos viendo la evolución y pudimos lograr que volviera a sonreír”, recuerda González.
Tras decenas de procedimientos quirúrgicos las dos mujeres llevan en la actualidad una vida prácticamente normal. Ambas pudieron ser madres y encontraron la fortaleza en ellos para volver a empezar.
Lo que está sucediendo tiene aterradas a muchas colombianas que, como la estudiante Carolina Vargas, piensan que el número de víctimas superó al reportado por la Fiscalía.
“Faltan muchos casos por denunciar lo que pasa es que a las víctimas les da miedo hablar porque después el agresor toma represalias contras ellas o sus familias”, dijo Vargas.
Motivos de esta atrocidad
Para la psicóloga clínica María Helena Collazo, el común denominador en este tipo de agresores está relacionado con sentimientos de rechazo, un amor no correspondido, insinuaciones sexuales negadas, un componente emocional fuerte que hace que la persona, en la desesperación de calmar su dolor emocional llegue a estas medidas extremas de violencia.
“Me atrevería a decir que estos personas experimentaron grandes heridas emocionales en la niñez que los llevan a cometer actos de tal magnitud de crueldad cuando son adultos”, dijo Collazo.
De esta manera, la razón por la que el agresor abusa de su víctima podría ser un reflejo o el detonante de un pasado oscuro, resumido en carencia de amor y protección. Desde la experiencia de Collazo, un ser humano que haya sido aceptado, amado, respetado y protegido en su niñez no tendrá motivos para hacer daño y sentirse bien consigo mismo.
A éste componente emocional, hay que agregarle la puerta sin llave que dejó el vacío legal durante muchos años, poniendo a los agresores en una zona gris y a las víctimas sin justicia. El fácil acceso a estos ácidos (nítricos, sulfúricos y clorhídricos), debido a que representan un uso primordial en joyerías, mecánica automotriz y el último, como producto de limpieza en muchos países.
La facilidad de adquirir un ácido, a pesar de los controles, y sobre todo una persona que quiera hacer daño nunca encontrará un arma más económica en el mercado, por no más de $5, en América o en Asia se puede comprar un litro de ácido.
Si el común denominador en los atacantes es un sentimiento de rechazo y carencia de amor, la fuerza de superación que se despierta en sus víctimas no tiene límite. Una fuerza interior capaz de derrotar la soledad, el miedo, la depresión y la oscuridad que invadieron su vida desde el primer día después de la tragedia, después de que se vieron por primera vez al espejo tras el ataque.
Como si esto no fuera suficiente carga, la vida les pone en hombros una más pesada, enfrentarse a la discriminación social, a una reducida oferta laboral, a las criticas y susurros de la gente.
Casi como algo sobrenatural, sobreviven a estos balines y se convierten en musas de inspiración para cientos de mujeres alrededor del mundo víctimas de este flagelo, que no son visibles ante los medios.
Algunos las llaman mujeres de luz. Reshma, redefinió la belleza en la Semana de la Moda en Nueva York y hoy comparte por YouTube tutoriales de maquillaje para apoyar a las víctimas de la violencia de género. Natalia lidera una fundación con la que defiende y protege a otras sobrevivientes de ataques con químicos. Katie Piper, una modelo inglesa víctima de un ataque con ácido orquestado por un novio celoso en 2008 y quien se ha sometido a casi 100 operaciones, hoy es una activista que busca crear conciencia sobre el sufrimiento de otras sobrevivientes.
Memorable también el caso de la iraní Ameneh Bahrami, quien luego de quedar ciega por un ataque con ácido en 2004, y ante la posibilidad de decidir si se aplicaba la Ley del Talión (ojo por ojo, diente por diente) que funciona en Irán, mediante la cual pudo haber dejado ciego a su atacante, tomó la decisió de perdonarlo. Ella entendió que la venganza no cambiaría su destino ni sanaría sus heridas. Ameneh logró superar el más grande de sus miedos y abandonó cualquier sentimiento de rencor.
Siga a Silvia Parra en Twitter: @silvia_parra
Esta historia fue publicada originalmente el 15 de septiembre de 2016, 4:18 p. m. with the headline "Salvajes ataques con ácido roban a las mujeres de su identidad."