El tortuoso camino que llevó a la paz en Colombia
En momentos en que Colombia se prepara para firmar el próximo lunes un histórico acuerdo de paz con las guerrillas de las FARC, un pacto que pondría fin al conflicto armado más largo y sangriento de toda la historia del continente americano, tal vez no exista nadie que haya dedicado más años a lograr el ansiado compromiso que Frank Pearl.
Las negociaciones oficiales con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) se iniciaron en La Habana en noviembre del 2012, pero Pearl comenzó a tener contractos secretos con los líderes de la guerrilla desde el 2009, a nombre del entonces presidente Álvaro Uribe.
Entrevistado en su apartamento de Bogotá antes de viajar a Miami esta semana, donde se reuniría con líderes empresariales y comunitarios colombianos que han expresado su escepticismo sobre el acuerdo de paz, Pearl, de 54 años, dijo que comprende los temores que sienten sus compatriotas.
En el 2000, Pearl y su familia tuvieron que mudarse a Miami luego de que las guerrillas de las FARC secuestraran al abuelo de su esposa y después trataran de hacer lo mismo con ella. Pearl, sin embargo, piensa que 52 años de guerra con las FARC dejan al país pocas opciones, salvo la de darle una oportunidad a la paz.
“Ya es hora de pasar la página y dejar atrás la furia, el miedo y la sed de venganza”, dijo. “Sé que son sentimientos humanos legítimos porque somos de carne y hueso. Pero estos mismos sentimientos no nos dejarán construir el futuro de nuestro país”.
Pearl (nacido de padre canadiense y madre colombiana) trabajaba por esa época en dos puestos para el presidente Uribe: como el Alto Comisionado para la Reintegración, la agencia del gobierno responsable de hacer que los ex combatientes de las FARC se reintegraran a la sociedad, y como Comisionado para la Paz. Fue entonces que el presidente le pidió que en secreto comenzara a hacer contactos con las FARC.
Con la ayuda de Henry Acosta, negociante del pequeño pueblo de Génova, Quindío, quien casualmente creció junto al comandante de las FARC Pablo Catatumbo, Pearl comenzó a enviarle mensajes al alto mando de las guerrillas.
Se enfrentan Uribe y Chávez
Para el 2010, la correspondencia entre Pearl y los jefes de las FARC ya había sentado las bases para llevar a cabo una reunión secreta en Brasil.
“Todo estaba listo y acordamos verbalmente reunirnos”, dijo Pearl. “Sin embargo, desafortunadamente, en ese momento ocurrió el rompimiento”.
El llamado “rompimiento” fue el enfrentamiento entre Uribe y el presidente venezolano Hugo Chávez. Colombia acusaba al gobierno socialista venezolano de hacerse el de la vista gorda con los campamentos que las FARC tenía en Venezuela. Entre las tensiones, los rebeldes cancelaron la cita de Brasil y dijeron que la paz podría esperar hasta que llegara el próximo gobierno.
Cuando Colombia acusó públicamente a Venezuela durante una reunión especial de la Organización de Estados Americanos (OEA) en julio de 2010, Chávez rompió las relaciones diplomáticas y militarizó la frontera.
Pearl dijo que en ese momento pensó que las negociaciones con las FARC habían provocado un daño colateral en la pelea entre Chávez y Uribe.
“Tenemos la hipótesis de que Chávez, al ver que lo eliminaban de la primera reunión, usó la influencia que tenía en las FARC para escabullirse de la reunión”, dijo Pearl.
Aunque Uribe es uno de los oponentes más fervientes del actual acuerdo de paz, Pearl dijo que su antiguo jefe actuó de forma genuina cuando intentó iniciar las negociaciones con los rebeldes. A pesar de que sabía que el tiempo se le acababa, “estoy seguro de que esperaba plantar la semilla” para discusiones futuras, dijo Pearl. De modo que la repentina cancelación fue algo “desconcertante”.
Santos entra a la escena
Ya para esas fechas, Juan Manuel Santos, el duro ministro de Defensa de Uribe, había ganado las elecciones presidenciales el 20 de junio tras hacer campaña como un verdadero halcón. Al día siguiente de su victoria, Santos llamó a Pearl para que le diera un informe detallado de cómo iban los debates sobre la paz.
Pearl cuenta que se reunió con Santos y compartió sus cuatro puntos de negociaciones: había necesidad de una fase secreta de las conversaciones donde una orden del día debía seguirse; las conversaciones no podrían celebrarse en Colombia, bajo la inquisidora mirada de los medios de prensa y la vista pública; las fuerzas armadas tenían que participar en la mesa de negociaciones; y había que buscar el apoyo de los países de la región, sobre todo dos vecinos como Venezuela y Ecuador.
Cuando Santos juró como presidente el 7 de agosto, le dijo al país que guardaba en el bolsillo “la llave para alcanzar la paz” y tenía esperanzas de poder usarla. También le envió una rama de olivo a Chávez.
El fin de estos anuncios era salvar los avances hechos hasta ese momento con las FARC, dijo Pearl.
El 7 de septiembre, de nuevo con la ayuda de Henry Acosta, Santos le mandó un mensaje a Catatumbo para reanudar las charlas. Con el tiempo, ambas partes accedieron a reunirse en La Habana, no en Brasil, como se había planeado en un principio.
“Cuba era básicamente un lugar seguro para las FARC”, explicó Pearl. “Para entonces, las conversaciones habían madurado al punto de que no había necesidad de reunirse durante tres horas ni tres días, sino iniciar una fase secreta donde pudiéramos establecer una agenda”.
El primero de esos encuentros secretos tuvo lugar en febrero del 2012, en el centro diplomático del Laguito, en las afueras de La Habana. Del lado del gobierno se hallaban Pearl, Enrique Santos, hermano de Santos, y Sergio Jaramillo, el alto comisionado para la paz y jefe del equipo negociador del gobierno durante la etapa preliminar. Entre los líderes de la guerrilla estaban Mauricio Jaramillo, Andrés París y Rodrigo Granda.
Hubo mucha tensión en las reuniones, recordó Pearl.
“Había muchas emociones mezcladas, ya que estábamos sentados frente a gente que había cometido enormes atrocidades”, dijo. “Y ellos, por su parte, tenían enfrente a representantes de un gobierno que consideraban ilegítimo e injusto”.
Batalla verbal
En esas primeras conversaciones ambas partes atacaban al tiempo que analizaban a sus oponentes. Las discusiones no eran fáciles.
“Cinismo, silencio, tozudez, ira –verdadera o fingida– humor: todo servía como herramienta avanzar en las negociaciones”, dijo Pearl. “En ese momento era una verdadera guerra y si las conversaciones hubieran fracasado no había entonces nada más que decir adiós y vamos a seguir matándonos unos a los otros por el resto de nuestras vidas”.
Pero afortunadamente eso no ocurrió. El 4 de septiembre de 2012, Santos le anunció al mundo que, por primera vez en más de una década, podrían empezar las conversaciones de paz con las FARC.
Durante los siguientes cuatro años, el principal negociador del gobierno colombiano, Humberto de la Calle, y Jaramillo, serían el rostro público de las reuniones, aunque Pearl seguía en el equipo. Las conversaciones continuaron a través de un sinfín de altibajos, estallidos de violencia y reveses. El pasado 24 de agosto, ambas partes anunciaron que habían terminado las negociaciones.
La firma del lunes
El lunes, Santos y Rodrigo Londoño, máximo líder de las de las FARC, mejor conocido como Timoleón Jiménez, se reunirán en la ciudad colombiana de Cartagena para firmar el histórico acuerdo.
El 2 de octubre, los colombianos, tanto los que viven en Colombia como en el extranjero, tendrán la oportunidad de aceptar o rechazar el pacto durante un plebiscito. Según indican las encuestas, la mayoría de los colombianos están preparados para aceptar el acuerdo pese a las preocupaciones de que el pacto permite que los líderes de las FARC salgan del banquillo de los acusados con demasiada facilidad.
Pearl dijo que entiende esas inquietudes.
“Tenemos una solución que no es perfecta pero es buena, y es mucho mejor que como hemos estado viviendo hasta ahora”, dijo.
El conflicto de Colombia ha dejado como saldo más de 220,000 muertos y más de seis millones de personas sin hogar, además de haber sido particularmente devastador para las poblaciones rurales pobres.
“No parece muy justo vivir en otro país y al mismo tiempo oponerse a las personas que están atrapadas en medio del conflicto y ahora tienen una vía para salvar sus vidas y tener un mejor futuro”, dijo Pearl.
¿Apuesta empresarial?
Para los exilados colombianos de la comunidad empresarial, dijo Pearl, la paz es un buen momento.
“Es un país más seguro y más tranquilo, donde la mitad todavía está por descubrirse”, dijo. “Tenemos oportunidades de negocios. Los exilados deberían contemplar a Colombia como los cubanos esperan ver a Cuba: un país con muchas oportunidades”.
En cuanto a sí mismo, Pearl dijo que no sabe qué le reserva el futuro. Cuando regresó a casa tras su último viaje a Cuba dijo que le sorprendió ver tan crecida a su hija de 10 años, mientras él estaba ocupado viajando una y otra vez a Cuba.
Cuando se le preguntó si consideraría aspirar a algún cargo público, dijo que todavía tenía mucho que hacer para pensar en ello.
“La única campaña en la que participaré”, dijo, “será la campaña que me permita volver a mi casa después de estar fuera por tanto tiempo”.
Esta historia fue publicada originalmente el 24 de septiembre de 2016, 6:49 p. m. with the headline "El tortuoso camino que llevó a la paz en Colombia."