Colombia

Ex rehén americano enjaulado por FARC expresa dudas sobre acuerdo de paz

Marc Gonsalves (centro) es consolado por Keith Stansell (izq.) y Tom Howes (imagen parcial a la der.), cuando miraba un mensaje de video grabado por su madre, Jo Rosano, el 25 de julio de 2003. Los tres ciudadanos estadounidenses estaban secuestrados en un lugar no identificado en el sur de Colombia.
Marc Gonsalves (centro) es consolado por Keith Stansell (izq.) y Tom Howes (imagen parcial a la der.), cuando miraba un mensaje de video grabado por su madre, Jo Rosano, el 25 de julio de 2003. Los tres ciudadanos estadounidenses estaban secuestrados en un lugar no identificado en el sur de Colombia. ASSOCIATED PRESS

Durante cinco años y medio, Marc Gonsalves y dos de sus colegas —todos contratistas norteamericanos— fueron rehenes de la guerrilla colombiana Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Durante esos 1,967 días, Gonsalves vio cómo ejecutaban a varios amigos. A él lo tuvieron encadenado por el cuello, encerrado en una jaula y vivía con el miedo perenne de que su vida terminaría enterrado en una fosa solitaria en medio de la selva.

En momentos en que Colombia trata de salvar un acuerdo de paz con las FARC, Gonsalves, de 44 años, comparte muchas de las dudas que el país tiene sobre la organización guerrillera que el gobierno de Estados Unidos todavía considera un grupo terrorista.

“Estas son personas que me torturaron a mí y a muchos otros, y que han cometido crímenes terribles”, dijo acerca de sus captores Gonsalves, quien nació en Connecticut y en la actualidad vive en Port Charlotte, Florida. “De modo que no me siento bien verlos firmar un acuerdo en el que no son para nada castigados”.

Sin embargo, Gonsalves dice que al mismo tiempo comprende el deseo de paz que siente un pueblo que lleva sufriendo más de cinco décadas. “Es algo triste, porque la gente está cansada de más de más de 50 años de guerra”, dijo Gonsalves en una conversación telefónica. “Lo único que el país quiere es que se termine de una vez”.

Los colombianos salieron a votar el pasado 2 de octubre y rechazaron por un estrecho margen un plan de paz que le habría permitido a miles de combatientes de las FARC entregar las armas e incorporarse a la vida civil. El acuerdo de 297 páginas motivó elogios internacionales y gracias al documento, el presidente colombiano Juan Manuel Santos ganó el Premio Nobel de la Paz la semana pasada. El pacto parecía ofrecer una vía para terminar con un conflicto en el que han muerto más de 220,000 personas.

CASTIGO Y POLÍTICA

Sin embargo, hay dos temas en particular que le preocupan a los críticos y que de una manera u otra entorpecieron que el acuerdo fuera un éxito: el castigo y la política.

Las guerrillas acusadas de graves crímenes no cumplirán condenas de cárcel siempre que confiesen ante una Comisión de la Verdad y le den reparaciones a sus víctimas. En su lugar, cumplirían entre cinco y ocho años de “restricción efectiva de libertad”, un término que se encargaría de definir un tribunal especial. El encierro, sin embargo, “en ningún caso se entendería como cárcel ni prisión”, señala el documento.

Además, a las FARC se les permitiría aspirar a cargos públicos. Y durante los dos primeros ciclos electorales, al grupo se le garantizaría cinco escaños, tanto en la Cámara como en el Senado.

Las FARC han dicho que esas dos condiciones —justicia transitoria y participación política— no son negociables, en tanto los proponentes del acuerdo argumentan que se trata de lograr la paz, permitiéndole a la guerrilla defender sus ideas a través de los votos no con las armas.

Gonsalves dice que comprende por qué el pueblo no puede tolerar el acuerdo.

“¿Puede uno pensar tranquilamente que los mismos hombres que han estado aterrorizando al país durante más de medio siglo ahora ocupen un puesto en el gobierno?”, preguntó Gonsalves. “¿Dónde está la democracia aquí? Ni siquiera se les ha elegido mediante una votación, simplemente se les ha dado escaños. Y de la noche a la mañana se han convertido de terroristas en políticos”.

Muchos grupos de víctimas están a favor del acuerdo de paz, y dicen que es el perdón —de ambas partes— la única forma de acabar de una vez con la violencia. Aunque Gonsalves no alberga fantasías de venganza, sí piensa que hacer justicia verdadera es un importante ingrediente para que la paz sea duradera.

LA CAPTURA

La pesadilla y agonía de Gonsalves comenzó el 13 de febrero del 2003.

Trabajaba como contratista civil del Pentágono en la firma Northrop Grumman, una compañía global de seguridad, realizando vigilancia aérea de las montañas de Colombia cuando el avión Cessna de un solo motor se estrelló en un territorio dominado por las FARC.

Nuestros hombres siempre dijeron que estaban identificando sembrados de coca para luego acabar con ellos, pero la guerrilla los consideró prisioneros de guerra.

“Por suerte nosotros sobrevivimos, pero todos estábamos heridos y adoloridos”, recuerda Gonsalves. “Pero en vez de ayudarnos, las FARC ejecutaron a dos de nuestro grupo”.

El piloto norteamericano Thomas Jannis recibió un disparo en la cabeza, y el oficial de la inteligencia colombiana que los acompañaba, Luis Alcides Cruz, fue baleado a quemarropa en el abdomen.

Los tres norteamericanos sobrevivientes —Gonsalves, Keith Stansell y Thomas Howes— fueron llevados a una angustiosa zozobra en la selva que duró la mitad de una década.

“Trataban de hacernos daño, tanto psicológico como físico”, dijo Gonsalves. “No nos daban comida durante días. No nos dejaban ir al baño. Nos pusieron a vivir en jaulas y en cajas. Estábamos amarrados por el cuello y nos obligaban a caminar como si fuéramos perros. Eran castigos crueles e innecesarios”.

Los tres describieron sus tribulaciones en un libro publicado en el 2009: Out of Captivity, pero Gonsalves dice que hay un momento particular que no ha podido olvidar.

Fue cuando uno de sus captores, que era un adolescente, le dijo lo que le hacían a los rehenes que ya no tenían ningún valor: los guerrilleros cavaban un hueco en la selva y los obligaban a meterse en el agujero.

“Una de las cosas que los rehenes siempre hacen es llorar. No importa lo que pase, siempre lloran cuando los metemos en el hoyo”, recuerda Gonsalves que le dijo el guerrillero. “Los obligan a meterse en el hoyo, y luego les meten un balazo en la cabeza y los entierran”.

Gonsalves piensa en todos los que han desaparecido durante tantos años de conflicto y se pregunta si habrán corrido suertes parecidas.

“Hay miles de colombianos desaparecidos y nadie saben dónde están”, dijo. “La triste realidad es que es muy probable que los hayan metido en un agujero y pegado un tiro en la cabeza porque sus familias no pagaron el rescate que pedían”.

Las guerrillas dejaron de secuestrar en el 2012 cuando se iniciaron formalmente las conversaciones de paz. Y accedieron a ayudar a buscar y a contar las casi 45,000 personas que están en listas de desaparecidos. Además, le han pedido perdón a los familiares de las víctimas.

EL RESCATE

El 2 de julio del 2008, Gonsalves, Stansell, Howes y otros 12 rehenes, entre ellos la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt, fueron rescatados en una operación militar en la que no corrió la sangre y que parece salida de una película de Hollywood.

La mente maestra que organizó todo el operativo, llamado “Operación Chequeo”, fue Juan Manuel Santos, que entonces era el ministro de Defensa. En la actualidad como presidente de Colombia, Santos enfrenta una tarea igualmente difícil: salvar el acuerdo de paz. Para poder lograrlo, sus negociadores tendrán que poner al día el pacto lo suficiente como para tranquilizar a los críticos sin que las FARC abandonen la mesa de conversaciones.

En los días transcurridos desde la votación nacional, ha habido mucho debate sobre quién es el verdadero responsable del fracaso del convenio de paz. La semana pasada, decenas de miles de personas salieron a las calles exigiendo que el acuerdo se firme finalmente.

Gonsalves dijo que no se puede juzgar a nadie por votar en contra del pacto.

“No es justo culpar a nadie cuando los únicos y verdaderos culpables son las FARC”, dijo. “Son ellos quienes decidieron convertirse en terroristas, secuestrar a personas inocentes, colocar minas en un sinfín de lugares. La única culpa la tienen ellos”.

Gonsalves dejó de trabajar en Northrop Grumman hace ya algunos años y en la actualidad tiene propiedades de alquiler en Florida, en la zona de la Costa del Golfo. Trabaja de forma ocasional para la organización miamense Developing Minds Foundation que se encarga de ayudar a ex guerrilleros de las FARC menores de edad.

“Esto es otra forma de luchar contra las FARC”, dijo Gonsalves. “Tratar de educar a los muchachos que han pasado años en la selva y darles alguna esperanza y motivación para continuar con la dura vida que tienen ante sí y no volver a las guerrillas”.

En cuanto al futuro de Colombia, Gonsalves dijo que espera que el país encuentre una manera de volver a negociar el acuerdo y acabar de una vez y por todas con el viejo conflicto.

“Seamos honestos, ¿quién no quiere la paz?”, pregunta Gonsalves. “El pueblo colombiano quiere la paz, pero también quiere algo que sea justo”.

Esta historia fue publicada originalmente el 11 de octubre de 2016, 2:25 p. m. with the headline "Ex rehén americano enjaulado por FARC expresa dudas sobre acuerdo de paz."

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