Colombia

Perros adiestrados luchan contra el tráfico de animales en Colombia


Dino, un perro negro mezclado con Labrador, ayuda a un oficial de policía a inspeccionar equipaje en la terminal de pasajeros de Bogotá, Colombia. Perros como Dino son usados para detectar el tráfico de carnes exóticas como la de tortuga e iguana, que crece en popularidad durante la Semana Santa.
Dino, un perro negro mezclado con Labrador, ayuda a un oficial de policía a inspeccionar equipaje en la terminal de pasajeros de Bogotá, Colombia. Perros como Dino son usados para detectar el tráfico de carnes exóticas como la de tortuga e iguana, que crece en popularidad durante la Semana Santa. Miami Herald

Mientras trota a través de la concurrida estación de buses de la capital, Dino, un perro negro mezclado con Labrador, se detiene ante un montón de equipaje y empieza a lloriquear y a empujar con la pata un saco lleno.

El carrocho de dos años podría ser confundido con uno de los cientos de perros de búsqueda de bombas y drogas que están aquí en todos los aeropuertos y terminales de buses, pero Dino está a la caza de una presa diferente: católicos fervientes.

La Semana Santa es en Latinoamérica uno de los festejos más concurridos del año, y millones de personas entran y salen de las ciudades huyendo del esmog y visitando a sus familias. Es además una semana en la que muchos en este país predominantemente católico no comen carne roja. Eso ha creado una demanda de temporada por la carne de animales exóticos — entre ellos tortugas, iguanas e armadillos — para que juegue el papel de proteína permitida.

Dino es uno de cuatro perros en el país entrenados para rastrear animales salvajes. Su hocico negro ha sido sintonizado para detectar los olores más exóticos. El puede identificar tortugas, huevos de iguana, cotorras, periquitos, monos y serpientes, y la carne de todo tipo de animales de caza.

En los últimos días, las autoridades en la estación de buses de Bogotá han confiscado casi 20 libras de carne de tortuga y cientos de huevos de tortuga e iguana destinados a platos de Semana Santa.

La Semana Santa es un doble golpe para el tráfico de animales salvajes, dijo Carmen Rocío González, vocera del secretariado medioambiental de la ciudad, el cual supervisa el programa. No solamente hay una demanda de carnes exóticas, sino que muchos viajeros, al regresar de sus vacaciones, traen consigo recuerdos inapropiados.

“La gente va de visita a las áreas rurales y regresan con animalitos para mascotas, como cotorras, monos o tortugas”, dijo.

Minutos antes de su descanso de almuerzo, un día de entresemana reciente, Dino hizo un descubrimiento involuntario: mientras olfateaba un montón de equipaje, destapó unas hojas de un verde brillante en una bolsa de plástico negra.

Al inspeccionarlas, Juan Camilo Ordóñez, a botánico de la ciudad, identificó las plantas como dos especies diferentes de orquídeas. Ambas están protegidas por las leyes colombianas.

La mujer que llevaba las plantas dijo que las traía de vuelta a la capital para preparar una infusión para un familiar suyo que tiene problemas del corazón. Ella afirmó que no sabía que estaba violando las leyes. La mujer sólo recibió una multa, pero Ordóñez puso su nombre en una lista de posibles contrabandistas de flora y fauna.

“Muchas personas están traficando porque eso da buen dinero”, dijo. “Ellos saben que están violando la ley, pero no les importa”.

A nivel global, el contrabando de flora y fauna tiene el tercer lugar como el más lucrativo, después de drogas y armas de fuego. Pero no está claro lo importante que es el problema en Colombia, rica en su biodiversidad.

El año pasado, durante una conferencia, el ministro de Ambiente, Gabriel Vallejo López, dijo que la policía había hecho más de 55,000 confiscaciones de plantas y animales durante el 2013 y el 2014, y que el tráfico tenía “las mismas dimensiones que la minería ilegal”.

Existen además indicaciones de que grupos guerrilleros y pandillas criminales, que han dependido por mucho tiempo del tráfico de drogas para llenar sus arcas, están diversificándose a la explotación forestal ilegal y el contrabando de flora y fauna.

Las tortugas están bajo una presión particular. El Ministerio del Ambiente estima que cada año se caza a dos millones de hicoteas colombianas (Trachemys callirostris). El 70% de las mismas se exportan a las principales ciudades de Colombia y Venezuela como alimento y con propósitos medicinales, lo cual hace que la especie pase trabajo para sobrevivir.

El gobierno ha sacado campañas publicitarias a nivel nacional para tratar de romper con las tradiciones, y de cierto modo parecen estar funcionando.

Un día reciente de entresemana, una madre y su hija entregaron una tortuguita que la niña había recibido como regalo. (Además de confiscar el contrabando, las autoridades medioambientales en la estación de buses también reciben animales).

La niña lloró al entregar a Morita, la tortuguita de una pulgada de largo, pero sabía que estaba haciendo lo correcto.

“Yo sé que no es una mascota”, dijo. “Nosotros no sabemos cómo cuidar de ella”.

Los animales vivos que hayan sido confiscados son rehabilitados y luego puestos en libertad en la naturaleza.

El día resultó ser difícil para Dino. No encontró cargamentos importantes de carne de tortuga, y lo despistó una caja de cartón llena de carne de res podrida.

No obstante, los resultados son lo bastante alentadores para que el gobierno planee expandir el programa en los próximos años, de modo que perros como Dino puedan seguir salvando a los reptiles de las garras de los seres humanos.

Esta historia fue publicada originalmente el 3 de abril de 2015, 8:33 p. m. with the headline "Perros adiestrados luchan contra el tráfico de animales en Colombia."

Artículos relacionados el Nuevo Herald
Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA