De Kuwait a Australia, el nombre de Pablo Escobar impulsa toda una industria de entretenimiento
El 2 de diciembre de 1993 es recordado como un día histórico para Colombia: en los tejados de una casa en Medellín fue abatido el temido narcotraficante Pablo Escobar. Su muerte esperanzó a un país entero que creyó que a partir de ese día sepultaba no sólo la cruenta guerra contra el capo más temido de la historia, sino su icónica imagen del Robin Hood colombiano.
Son ya más de tres décadas en las que Colombia ha luchado por cambiar el rostro de un país sangriento e inundado de droga que quedó plasmado en el resto del mundo luego de la década de los años 90. “Pablo Escobar y cocaína” es lo que aún suelen responder los extranjeros cuando se les pregunta qué saben de este país sudamericano.
Del capo de capos se dice que llegó a controlar el 80 por ciento del negocio mundial de la cocaína, fue el séptimo hombre más rico del mundo en 1989 —según la revista Forbes—, convirtió a Medellín en la ciudad más peligrosa del mundo y se estima que fue responsable de al menos 4,000 asesinatos.
“El Patrón”, como era conocido popularmente, puso a temblar al gobierno colombiano con despiadados actos narcoterroristas, como la voladura de un avión de Avianca que acabó con la vida de 107 personas, la bomba en el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), que dejó 70 muertos, y la explosión de más de 40 carros bomba, entre muchos más. Su crueldad no tenía límites.
Hoy, casi un cuarto de siglo después de su muerte y a pesar de su sangriento legado, la imagen del jefe del Cartel de Medellín se sigue dividiendo entre el repudio y la fascinación y se ha transformado en una leyenda popular, en una especie de Che Guevara colombiano.
Su nombre se ha convertido en toda una industria de entretenimiento que genera millonarias ganancias en Colombia y otros países. Muchos siguen lucrando con películas, telenovelas y series, y otros vendiendo artículos como camisetas, sacos, cuadros, llaveros y hasta los llamados narcotours, en una clara muestra de que el peligroso y popular narcotraficante es más popular que nunca.
La rentabilidad de su nombre es tal que en países como Estados Unidos, Argentina y Colombia, y en otros tan lejanos en Asia y Australia, varios negocios le rinden honor al que alguna vez fue el hombre más buscado del mundo.
En Kuwait, por ejemplo, está la Heladería Pablo Escobar. Sus dueños visten camisetas con una imagen que le ha dado la vuelta al mundo desde 1976, cuando el narcotraficante desafió a las autoridades con una sonrisa mientras era fotografiado tras ser arrestado en Medellín.
Europa no se queda atrás. En Brno, la segunda ciudad más grande de República Checa, un grupo de empresarios abrieron un bar que le rinde honor al capo colombiano y en el que se venden artículos con su cara como gorras, encendedores e incluso un café marca Pablo Escobar por $10.
Así mismo, el lujoso club de desnudismo Pablo Escobar Generation en Samara, Rusia, también parece rendirle honor al gusto del narcotraficante por las mujeres.
Muy lejos de allí, en Melbourne, Australia, abrió hace 10 años Pablo Honey, un exclusivo bar con cuadros que parecen más obras de arte sobre el capo y en el que sus dueños invitan a los clientes a unirse al “cartel”.
Y en Gualeguaychú, Argentina, se inauguró en medio de controversias en junio el bar Pablo Emilio, decorado con imágenes de Escobar, entre ellas una en la que se le ve sonriendo mientras dispara dos pistolas.
De criminal a ‘Santo Pablo’
Pero la escobarmanía —que se ha popularizado mundialmente en los últimos dos años gracias al éxito de Narcos, la serie de Netflix— va mucho más allá y en Internet son cientos los artículos que se consiguen con la imagen del capo.
En tiendas en línea como Amazon, eBay y de supermercados se venden libros, cuadros, afiches, gorras, camisetas, sacos y bermudas hasta cojines y protectores para el celular, todo relacionado con el capo.
En la página de Walmart hay más de 20 camisetas y sacos de Escobar por precios que van desde $15 hasta $30, algunos con estilos tan polémicos como uno navideño en la que el capo viste un gorro rojo y lleva impresa la frase: Let it snow, en un juego escondido de palabras entre cocaína y nieve.
El auge de esta nueva moda ha llegado al punto de vender artículos para bebés con el rostro del narcotraficante, y otros en los que lo convierten en santo, reemplazando la tradicional imagen del Sagrado Corazón de Jesús por la de Escobar.
Y como si se tratara de un filósofo del siglo XXI, también circulan artículos con sus frases más famosas —como “plata o plomo”, es decir: o acepta el soborno o lo mato— o notas sobre cómo disfrazarse como “el Patrón” para Halloween.
Por otra parte, basta con caminar por las calles de Miami Beach para conseguir la famosa camiseta de Escobar sonriendo en la cárcel —como si se estuviera comprando un valioso recuerdo turístico— o viajar a Medellín para recorrer los pasos del narcotraficante por algunos de los lugares más emblemáticos.
Los narcotours ofrecen a los turistas, en su mayoría extranjeros, paquetes que van desde $60 hasta $750 —esta última cifra equivale a tres salarios mínimos en Colombia—, en los que se visitan lugares como la Hacienda Nápoles, en la que el capo tenía una colección de animales exóticos como rinocerontes, hipopótamos y camellos que trajo desde África, Brasil y Estados Unidos; el edificio Mónaco, donde vivió Escobar y explotó el primer carro bomba en Colombia, y la vivienda donde fue abatido.
Escobar, ¿el Robin Hood colombiano?
La mayoría de los colombianos recuerdan a Pablo Escobar como el peor criminal de la historia del país. Sin embargo, otros lo veneran como a un santo, le llevan flores a su tumba y hasta le rezan oraciones, como los habitantes del barrio en el que el narcotraficante regaló 443 casas a indigentes que vivían en los basureros de Medellín.
“Él no hizo nada malo, y si lo hizo fue culpa del gobierno porque lo atacó”. “Fuera lo que fuera, hizo cosas muy bonitas”. “Él fue un benefactor para nosotros”, son algunos de los comentarios de quienes viven allí. A la entrada todavía está el contradictorio mural con la leyenda “Bienvenidos al barrio Pablo Escobar. ¡Aquí se respira paz!”
Ese espíritu “social” del capo lo llevó a regalar canchas de fútbol, comida, dinero y medicinas a los más pobres.
“No soy el Robin Hood antioqueño, pero es un calificativo interesante porque él luchó por las clases populares”, aseguró en una oportunidad el capo durante una entrevista concedida a un medio local.
Lo que muchos se preguntan es ¿en qué momento uno de los peores criminales se termina convertido en un ídolo popular?
A juicio de Alejandro Herrero, profesor de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Michigan, hoy existe “una especie de amnesia histórica” que termina convirtiendo a Escobar en un héroe criminal y en una leyenda popular.
“Las series que comercializan la imagen del narco como hombre fuera de la ley y que rompe las reglas generan morbo y fascinación entre la gente, pero le quitan todo el contexto político y sociohistórico que hay detrás”, aseguró.
En esto coincidió la colombiana Juliana Martínez, profesora la Universidad de Washington, quien lamentó el hecho de que los televidentes se diviertan viendo series como Narcos, que convierte la “violenta historia de Colombia en un producto suficientemente bueno para entretener” a sus seguidores.
“A pesar de lo que piensen los creadores de la serie, Pablo Escobar no es un personaje de ciencia ficción y Colombia no es la versión Disney de Persia”, aseguró en el artículo académico “ ‘Narcos’ de Netflix: ¿Peso ‘cultural’ o maquila cultural?”
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Esta historia fue publicada originalmente el 17 de septiembre de 2017, 4:13 p. m. with the headline "De Kuwait a Australia, el nombre de Pablo Escobar impulsa toda una industria de entretenimiento."