Un político pragmático y heredero de Uribe
Cuando Juan Manuel Santos era ministro de Comercio Exterior en 1993 le dijo a un grupo de inversionistas japoneses en Tokio que los problemas de seguridad de Colombia habían sido exagerados por los medios y que "en cierta forma se están resolviendo''.
Pasados cuatro años, en una columna de opinión en el diario El Tiempo contra el tambaleante presidente Ernesto Samper, su impresión había sufrido una transformación radical.
Santos describió entonces a Colombia como "el país más violento del mundo'' con "un millón de personas desplazadas y 30,000 muertes violentas cada día''.
Este y otros cambios notorios de percepciones, lealtades y banderas le han valido a Santos las críticas más constantes y virulentas de sus oponentes.
"Camaleón'', lo llamó la semana pasada el candidato presidencial del Partido Verde, Antanas Mockus, al recordar algunos bandazos de sus posiciones frente a la guerrilla.
Pero el domingo Santos demostró que mimetizarse no es siempre un desacierto en el reino depredador de la política y que en su caso fue un recurso que le permitió sobrevivir más de 20 años y llegar a la presidencia aliado tanto con amigos de hoy como con enemigos del pasado.
Santos, de 58 años, obtuvo una apabullante mayoría de los votos de los colombianos sobre Mockus con un discurso de unidad nacional que se compromete a preservar el legado del presidente Alvaro Uribe y buscar salidas conciliatorias a las tempestuosas relaciones con los gobiernos vecinos de Venezuela y Ecuador.
"Demos la vuelta a la página de los odios y las divisiones, a Colombia le llegó la hora y es la hora de la unidad'', exclamó Santos en su discurso de proclamación de victoria en Bogota.
Fue el triunfo de una de las dos caras de la democracia moderna, una dicotomía que explicó esta semana el analista Eduardo Posada Carbó. Una cara, la redentora, fue representada por Mockus y la otra, la pragmática, la proyectó Santos.
"La primera se confunde con valores utópicos, atados a la soberanía popular. En la segunda se identifica sobre todo con la efectividad del uso del poder'', escribió Posada.
Santos es descrito por sus colaboradores como una persona simpática y cálida que, contrario a lo que dicen sus críticos, aprecia la lealtad.
"Tiene una especial capacidad para detectar a los honrados, a los leales y a los competentes. Huele quién es honesto y eficiente y aparta con desdén a los otros'', comentó el periodista Germán Santamaría, colaborador de su campaña.
"Es como un personaje de Sandor Marai [novelista húngaro]: un burgués culto, refinado, exigente y competente. También capaz siempre de pensar lo impensable'', agregó.
Entre sus mejores amigos están Felipe Jaramillo, uno de los mayores vendedores de equipo militar y de aviación al gobierno de Colombia, y Felipe López, editor y propietario de la revista Semana. Cuando Santos asuma la presidencia el 7 de agosto, los salones del Palacio de Nariño no le serán extraños. Santos creció en el poder y conoció su efectividad.
Durante más de un siglo la familia Santos ha ejercido una abrumadora influencia en la vida del país, ya sea desde las páginas del diario El Tiempo o desde las propias cumbres del poder.
Su tío abuelo, Eduardo Santos Montejo, un patriarca liberal que estudió Derecho en Colombia y Literatura en Francia, fue presidente de 1938 a 1942 y dueño de El Tiempo. Su abuelo, Enrique Santos Montejo, alias Calibán, fue senador además de influyente columnista del diario durante los convulsionados años de la violencia política.
Francisco Santos, primo hermano de Juan Manuel, es el vicepresidente de la república; su sobrino Alejandro Santos dirige Semana, el semanario más influyente del país; su hermano Enrique, ex líder estudiantil de izquierda y fundador de la desaparecida revista Alternativa, escribió durante 25 años en El Tiempo la columna de opinión más leída de Colombia y fue director del diario hasta febrero pasado.
Algunos miembros de familia mantienen un paquete de acciones en el conglomerado de medios Casa Editorial El Tiempo (CEET) que incluye, además del diario, varias revistas (Don Juan, Motor, Cambio). Los Santos son además dueños del canal de televisión de la capital CityTV.
La CEET fue comprada en el 2007 en un 55 por ciento por la editorial española Planeta. Con esta adquisición culminó una era de control familiar del diario cuyo poder resumió así la revista Semana, a mediados de los años 80, cuando el padre de Juan Manuel, Enrique Santos Castillo, era el editor, y el hermano de éste, Hernando, el director:
"En Colombia la gente no nace, no se casa y no muere a menos que aparezcan en El Tiempo [. . .] Hernando y Enrique Santos deciden quién nace, quién se casa y quién muere en este país''.
Los hermanos Santos, ya fallecidos, no decidieron que Juan Manuel fuese político. Hernando, en particular, se mostraba inquieto con las primeras incursiones de su sobrino y comentaba en privado que prefería que siguiera siendo periodista.
Enrique, el padre de Juan Manuel, miraba nerviosamente de reojo las inclinaciones políticas de su hijo, pero no se oponía del todo. Don Enrique, como se le decía en la sala de Redacción, era un editor impaciente que nunca fue reportero, pero a quien siempre se le reconoció un gran olfato periodístico y un extraordinaria capacidad de trabajo.
Liberal de posiciones radicales de derecha, Enrique no ocultaba su admiración por el ejército --llevaba a sus hijos a las revistas militares del Día de la Independencia de Colombia-- y los reporteros que trabajaron bajo su mando aseguran que ejercía un control férreo de las noticias que pudieran perjudicar a la institución.
Quizás por ello Enrique, quien falleció en el 2001, no pudo ocultar su emoción cuando Juan Manuel le dijo, a los 16 años, que quería enrolarse en la Armada Nacional.
" ‘Quiero irme para la Armada’, le dije. Mi papá se llenó de orgullo, le veía esos ojos irradiando amor y admiración'', recordó Santos.
Con la bendición de Enrique, Juan Manuel, quien se había graduado de bachiller en el colegio San Carlos de Bogotá, comenzó estudios en la Escuela Naval de Cadetes en Cartagena en 1967.
Su compañero de clase, Jorge Luis Arango, explicó a El Nuevo Herald que Juan Manuel fue el primero de la clase y durante los dos años que estudió en la escuela obtuvo el difícil título de "alumno distinguido''.
Allí también empezó a demostrar otras habilidades no premiadas, pero que aplicaría muchas veces en estrategias políticas: sus destrezas para el juego de póquer.
"Después de que todo el mundo se acostaba, nos levantábamos, sacábamos la baraja y jugábamos a escondidas'', explicó Arango.
Arango cree que los primeros gustos que le sacó al periodismo Juan Manuel los disfrutó como miembro del comité editorial de la revista La Corredera, de la Armada, donde se publicaban sátiras, apodos y anécdotas de los cadetes.
Juan Manuel estudió Economía y Administración de Empresas en la Universidad de Kansas, carreras que culminó con honores y que complementó con cursos de posgrado de Economía, Desarrollo Económico y Administración Pública en la Escuela de Economía de Londres y la Universidad de Harvard, según la escueta biografía oficial de su campaña presidencial.
Ha reconocido que en su época de universitario de Estados Unidos fumó marihuana ‘‘como fumaban casi todos los compañeros de las universidades'', dijo.
John McCormack, reportero estadounidense que lo conoció en 1988 en la prestigiosa beca de la Fundación Nieman de Harvard para periodistas, comentó a El Nuevo Herald que Santos tenía la personalidad menos periodística del grupo de becarios.
"Los reporteros siempre tenemos una opinión de todo y la decimos, pero Juan Manuel se cuidaba de lo que decía, pensaba lo que iba a decir' era buena gente, pero tenía una dimensión diferente, una parte de él que nunca entendimos'', dijo McCormack.
Los primeros cargos de Juan Manuel no fueron en salas de redacción sino en la distinguida burocracia del café, cuando la economía colombiana dependía de los ingresos por las exportaciones del grano. A los 24 años fue nombrado delegado de Colombia en Gran Bretaña ante la Organización Internacional del Café, donde se convirtió en un experto.
A principios de los 80 regresó a Colombia y se vinculó a El Tiempo, donde se dedicó a escribir editoriales. Años más tarde, a finales de la década, coordinó también el trabajo de la unidad investigativa del periódico, luego de que el director de este equipo, Daniel Samper Pizano, debió abandonar el país por amenazas.
Samper, quien se contaba entre sus amigos, se convirtió en uno de su más duros críticos a raíz de una campaña que Juan Manuel organizó entre bastidores políticos para precipitar la renuncia del presidente Samper, hermano del periodista.
"Mi lealtad por el país está por encima de la lealtad con el presidente'', escribió Juan Manuel al analizar la crisis por la que atravesaba Colombia tras conocerse que el mandatario había recibido dinero del narcotráfico para su campaña.
Según recientes denuncias, la cruzada de Juan Manuel para sacar a Samper del poder fue supuestamente más allá de las intrigas políticas.
Salvatore Mancuso, uno de los ex líderes de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), extraditado a Estados Unidos por cargos de narcotráfico, dijo ante un fiscal colombiano que Juan Manuel le había pedido ayuda para derrocar al presidente Samper.
Juan Manuel ha dicho que el motivo de la reunión con Mancuso ocurrió en el marco de un proceso de paz, pero negó que haya hecho semejante propuesta a los paramilitares.
"Varias veces he dicho que me asusta la falta de escrúpulos de Santos a la hora de procurar los medios para conseguir lo que se propone'', escribió Daniel Samper en mayo en El Tiempo. "El póquer, su actividad predilecta, no es afición de monjitas sino de quienes están dispuestos a convertirse en campeones del engaño''.
La primera oportunidad para dar el salto al gobierno se la ofreció a Santos el presidente César Gaviria cuando lo nombró en 1991 ministro de Comercio Exterior, una cartera que se estaba estrenando. Luego, y pese a su matrícula en el Partido Liberal, fue ministro de Hacienda del presidente conservador Andrés Pastrana.
Así comenzaba la carrera política de Santos, un viraje que tomó su vida después de que le diagnosticaron un cáncer en forma equivocada, según explicó a los medios colombianos
"Me acordé de lo que decía mi abuelo antes de morir'', dijo Santos. " ‘Mi chinito, arrepiéntase de lo que hizo pero no llegue a mi edad arrepentido de lo que no hizo'. Y eso es lo que he hecho''.
Esta historia fue publicada originalmente el 20 de junio de 2010, 10:11 p. m. with the headline "Un político pragmático y heredero de Uribe."