Colombia

Mujer con sentencia de por vida sale en libertad con ayuda de quienes la enjuiciaron

Evelyn Bozon Pappa dice que fue víctima de violencia doméstica durante años por parte de su esposo, un ex piloto de helicóptero del capo del cartel de Medellín, Pablo Escobar.

El esposo pasaría a dirigir su propia operación narcotráfico que traía drogas desde una ciudad costera colombiana, y para ello, obligó a su esposa a manejar una red de pasajeros que llevaban maletas llenas de cocaína en vuelos comerciales que aterrizaban en Miami.

“Si no me ayudas, ya sabes lo que le pasará a tu madre”, la amenazó.

La pareja, Carlos Horacio Romero-Paez y Bozon, luego serían acusados de tráfico de drogas por la justicia estadounidense. Las autoridades nunca le capturaron a él. Pero las circunstancias terminaron destruyendo la vida de ella. Fue arrestada en Miami, declarada culpable y sentenciada a cadena perpetua a mediados de la década de los 1990, cuando el Cartel de Cali dominaba el comercio mundial de cocaína.

La sentencia conllevaba que ella pasara el resto de sus días tras las rejas, pero un repentino giro del destino le devolvió la libertad este mes, tras pasar más de 26 años en la cárcel, gracias a la dedicación de un improbable grupo de personas conformado por sus cuatro hijos adultos en Colombia, varios ex reos, un profesor de derecho de la Universidad Estatal de Florida, dos ex fiscales federales y un agente jubilado del Servicio de Aduanas, que se unió a su equipo de defensa después de haber participado en la investigación que condujo a su arresto.

Durante el Viernes Santo, un día después de que un juez federal de Miami le concediera una orden de “liberación compasiva” que le permitió salir de la prisión de Tallahassee en la que se encontraba, Bozon tomó un vuelo desde Orlando hasta Bogotá y luego hasta su ciudad natal, Barranquilla.

Los miembros de su familia lloraron al recibirla, saltando de júbilo, abrazándola y besándola, dijo Bozon al Miami Herald y al Nuevo Herald en una entrevista esta semana. Uno de sus cuatro hijos, le tocó la mano y el rostro, como si no pudiera creer que en realidad fuera su madre.

“Es real, es real”, le decía el hijo de Bozon. “Dios, gracias”.

Bozon dijo que tuvo que armarse de una fuerza aún mayor cuando vio a su madre de 98 años, quien sufre de pérdida de memoria. Le preocupaba que la madre no la recordara después de todos estos años.

“Ella tomó mis manos y las puso sobre su corazón”, relató Bozon. “Ella me decía, ‘¿Por qué me dejaste?’ Estaba tan feliz”.

Bozon, de 59 años y quien en la cárcel se ganó la reputación de ayudar a las otras reclusas sobrellevar la vida tras las rejas, dijo que nunca perdió la fe, incluso después que las administraciones de Obama y de Trump declinaran conmutar su sentencia en tres ocasiones.

Aunque todas las peticiones anteriores habían fracasado, Bozon dijo que estaba convencida de que una petición de “liberación compasiva” tendría éxito. La petición –que descansaba sobre una ley de 2018 que permite a los reclusos apelar las decisiones de los directores de prisiones negando ese tipo de mociones-- le sería concedida en esta ocasión por una juez federal, pensaba ella, debido a que su salud estaba siendo amenazada por una serie de enfermedades, incluyen diabetes, problemas de obesidad, y los riesgos generados por el coronavirus.

Igual de importante era el hecho de que Bozon ya había pasado mucho tiempo en la cárcel. Ella era una de las aproximadamente 3,000 prisioneras federales que estaban cumpliendo cadena perpetua sin libertad condicional. Esa condena contrastaba drásticamente con las penas mucho más leves que suelen ser asignadas por el mismo crimen, la conspiración para importar drogas, particularmente cuando los acusados que terminan alcanzando acuerdos con la fiscalía.

“Cuando recibí ayuda de FSU (Florida State University), estaba bastante segura de que ese era el camino”, dijo Bozon durante la entrevista a través de Zoom desde la casa de su hija menor en Barranquilla. “Esto es un milagro. Soy una mujer de fe. Creo en mi Dios. Me apoyó todos estos 26 años”.

Para que Bozon fuera liberada, la jueza de distrito de los Estados Unidos, Joan Lenard, debió encontrar “razones extraordinarias y convincentes” para poder emitir una nueva sentencia de tiempo cumplido.

La jueza le concedió la libertad después de que los fiscales originales en el caso, Jacqueline Arango y Paul Pelletier, y otras figuras clave apoyaron su liberación. La Fiscalía de los Estados Unidos se opuso a la moción, pero solo citó dudas sobre sus afirmaciones sobre su delicado estado de salud y el riesgo de contraer el COVID-19.

Un ex agente del Servicio de Aduanas de Estados Unidos que trabajó tanto en el caso inicial de tráfico de drogas contra Bozon como en su petición de liberación compasiva dijo que creía que el sistema judicial funcionó bien en la dos etapas, en la condena y en la posterior liberación por razones humanitarias de la mujer.

“La justicia ocurrió entonces y la justicia ocurrió ahora”, dijo Tobias Roche, quien también formaba parte del Equipo Especial de Florida que combatía el narcotráfico en esa época.

Durante la pandemia, cientos de presos federales como Bozon han solicitado la medida de liberación compasiva, incluyendo el exjefe del cartel de Cali, Gilberto Rodríguez-Orejuela. En general, se quejaron de tener problemas de salud en medio del riesgo de contagiarse con el coronavirus.

Pero al antiguo capo, después de cumplir aproximadamente la mitad de una sentencia de 30 años, se le negó la liberación compasiva, principalmente porque su cartel fue acusado de contrabandear 200.000 kilos de cocaína a Estados Unidos en las décadas de 1980 y 1990 y dejar un rastro de violencia que se extendía desde Sudamérica hasta el sur de Florida.

El caso de Bozon, en comparación, fue una mera anotación al margen en la guerra estadounidense contra las drogas, que en los noventas se encontraba en pleno apogeo con el Congreso aprobando severas leyes de encarcelamiento.

Bozon salió de Colombia con sus cuatro hijos para huir de su esposo violento en 1995. Tenía entonces 33 años y deseaba reiniciar su vida en Miami, pero él la siguió y continuó amenazándola y obligándole a seguir trabajando con él, dijo ella.

Las autoridades federales entonces pusieron la mirada sobre Bozon después que Álvaro Vélez-Camargo, uno de los hombres contratados por su esposo para transportar cocaína en vuelos desde Colombia, fue detenido en el aeropuerto de Miami por funcionarios de aduanas y decidiera de inmediato cooperar con los agentes.

Vélez-Camargo delató en ese momento al primo de Bozon, Luis Robert Castro, quien trabajaba como representante de servicio al cliente de United Airlines.

Después de ser detenido, el primo también aceptó colaborar con los investigadores tras quedar en evidencia que él estaba permitiendo a que viajeros provenientes de Colombia, como Vélez-Camargo, ingresaran al aeropuerto sin pasar por la aduana a cambio de recibir miles de dólares.

La cooperación de los dos detenidos condujo a Bozon, quien fue grabada hablando por teléfono con personas que se habían comprometido a transportar droga, así con su prima y otros miembros de la organización de su esposo.

Ambos detenidos también ayudaron a la fiscalía a construir el caso contra el esposo y contra otras seis personas en su red de contrabando de cocaína, lo que les permitió obtener sentencias relativamente indulgentes de unos cuatro años. Otros tres también llegaron a acuerdos con la fiscalía y fueron encarcelados de cinco a siete años.

El esposo y otros dos de los acusados evadieron a la justicia, buscando refugio en Colombia. Pero el marido, quien tenía afición por los coches de lujo como Porsche, Land Rovers y Mercedes-Benzes-- fue asesinado más tarde por hombres armados en su país de origen.

Al final, Bozon fue a juicio junto a otro acusado en 1997 y su caso terminó siendo un desastre para ella. Su abogado defensor trató de argumentar que era una esposa maltratada obligada a jugar un papel secundario en la red de tráfico de drogas de su marido.

Fue condenada por conspirar para importar más de 150 kilogramos de cocaína, así como otros delitos de tráfico y de lavado de dinero, lo que resultó en una sentencia de cadena perpetua obligatoria bajo estrictas pautas federales debido a la cantidad de drogas. El otro acusado fue absuelto.

Evelyn Bozon Pappa poses with retired U.S. Customs Service agent Tobias Roche at a McDonald’s after she was released from a federal prison in Tallahassee. Roche and several others helped Bozon, 59, who had been serving a life sentence for drug trafficking.
Evelyn Bozon Pappa poses with retired U.S. Customs Service agent Tobias Roche at a McDonald’s after she was released from a federal prison in Tallahassee. Roche and several others helped Bozon, 59, who had been serving a life sentence for drug trafficking.

Bozon, que hablaba español y muy poco inglés en ese momento, estaba desconcertada por la experiencia. “Hasta el día de hoy, nunca entendí lo que estaba pasando”, dijo en la entrevista. “Realmente no entendí la magnitud de la situación”.

Aun así, Bozon admite ahora fácilmente que estuvo involucrada en la organización de su esposo, aunque dice que fue bajo coacción.

Ella dice que terminó de entender realmente la dura realidad de sus circunstancias en la Institución Correccional Federal en Tallahassee.

Pero animada por su fe en Dios, Bozon se dedicó a ayudar a otros, ganándose una reputación como una figura maternal que escuchaba los problemas de los reclusos más jóvenes. Ayudó a coordinar los servicios religiosos con el capellán de la prisión, oró con otros reclusos, dio clases de rehabilitación y aprobó su examen de GED.

También ayudó a muchas reclusas a mantener la fe en que algún día superarían la dura vida tras las rejas. Entre estas se encontraba Liz Mendoza, quien conoció a Bozon en su segundo día en prisión.

“Cuando fui a la cafetería, vi a mucha gente, todos sentados con otros en grupos”, dijo Mendoza. “No conocía a nadie y me senté sola en una mesa. Ni siquiera podía tocar la asquerosa comida que me servían y me puse a llorar. Y de las 1.800 mujeres que había en esa institución, solo Evelyn [Bozon] se me acercó y me dio un abrazo. Y me dijo que todo iba a estar bien”.

Después de su liberación, Mendoza se unió a otras personas para ayudar a Bozon a obtener su libertad. En el grupo había otros ex reos, incluyendo a Damaris Ramos y Jason Hernández, quien cumplía con una cadena perpetua por distribución de crack cuando fue indultado por el presidente Barack Obama en 2013.

Aunque sus peticiones de clemencia fracasaron, la difícil situación de Bozon despertó el interés de la Clínica de la Justicia de Género y de la Familia de la Universidad Estatal de Florida, dirigida por la profesora de derecho Carla Laroche, cuya organización brinda apoyo a las mujeres que caen en una vida delictiva a temprana edad y han sufrido relaciones de violencia, como Bozon.

“Mis estudiantes trabajaron en el caso de la Sra. Bozon durante mucho tiempo”, dijo Laroche. “Muchos de mis estudiantes de este semestre y el semestre pasado entendieron que esta injusticia necesitaba ser corregida”.

“Pensamos en cómo podríamos humanizar a la Sra. Bozon, que no era simplemente otra prisionera que buscaba una liberación compasiva, sino una madre que había estado alejada de sus hijos durante 25 años”, dijo Laroche. “A pesar de que se enfrentaba a una cadena perpetua sin libertad condicional, obtuvo su GED. Incluso sabiendo que estuvo en una instalación por el resto de su vida, no se quedaría sentada ahí sin hacer nada”.

Bozon, ahora libre y reunida con su familia en Colombia, está consciente y agradecida con todas las personas que la ayudaron en su odisea legal. “Todos lucharon por mí”, dijo.

Ahora de regreso en Colombia y tras pasar una semanas en libertad, Bozon dice que se está adaptando lentamente a su nueva vida al lado de sus cuatro hijos, todos exitosos en el terreno de la medicina, arquitectura, diseño de roba y coordinación de logística. Lamentablemente, varios miembros de su familia extendida han sido infectados con el coronavirus, pero ella ya fue vacunada.

“Mi prioridad en este momento es estar con mi familia, hacerlos felices y sentirme a gusto con ellos”, dijo Bozon.

A largo plazo, dijo que espera unirse a una organización que ayuda a otras mujeres que han sufrido del abuso y la violencia doméstica. “Quiero involucrarme en eso porque ahora tengo el espíritu”, dijo Bozon. “Puedo darles muchas cosas positivas y hacerlas gratis”.

Esta historia fue publicada originalmente el 16 de abril de 2021, 7:00 a. m. with the headline "Mujer con sentencia de por vida sale en libertad con ayuda de quienes la enjuiciaron."

Antonio Maria Delgado
el Nuevo Herald
Galardonado periodista con más de 30 años de experiencia, especializado en la cobertura de temas sobre Venezuela. Amante de la historia y la literatura.
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