Las próximas elecciones presidenciales son una prueba para la alianza entre EEUU y Colombia
De pie junto al presidente de Colombia, Iván Duque, durante una reunión en la Casa Blanca en marzo, el presidente Joe Biden elogió la relación con la nación sudamericana— a la cual acababa de designar como “aliada importante no perteneciente a la OTAN”— como “la base de la seguridad y la prosperidad regionales”.
La designación, concedida solo a Brasil y Argentina en la región, reconocía la asociación militar y de seguridad entre las dos naciones a lo largo de los años, centrada en la lucha contra el narcotráfico, y supuso una importante victoria para el conservador Duque durante sus últimos días en el cargo.
Pero la incertidumbre se cierne sobre el futuro de la relación de 200 años entre los dos países ante una de las elecciones más importantes de los últimos años para los colombianos: un candidato de extrema izquierda que va por delante en las encuestas ha prometido reevaluar la cooperación en torno al narcotráfico y al comercio con Estados Unidos.
La preocupación por las próximas elecciones del domingo afloró durante una audiencia del Comité de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos el jueves, cuando su miembro republicano de mayor rango, el senador floridano Marco Rubio, preguntó a un panel “qué pudiera pasar, para nuestros intereses, por no mencionar la estabilidad de la región, si Colombia se perdiera hacia una dirección que se parece más a la inestabilidad que hemos visto en lugares como Venezuela”.
En una región en la que el retroceso democrático ha sonado las alarmas, “uno de nuestros grandes éxitos es nuestra compromiso con Colombia”, dijo. “Siempre me preocupa que haya un cambio en Colombia”.
El rostro de ese cambio es Gustavo Petro, de 62 años, quien no es un recién llegado a la política colombiana, pero que nunca ha estado tan cerca de convertirse en presidente. Esta es la tercera candidatura presidencial del ex senador, ex alcalde de Bogotá y ex militante de la guerrilla del M-19. Perdió ante Duque en 2018, pero esta vez va por delante del candidato de centroderecha, el ex alcalde de Medellín Federico Gutiérrez en las encuestas, 37% contra 25%, según un rastreador de sondeos del Council of the Americas/Americas Society.
Admirador de Fidel Castro y Hugo Chávez, Petro ha hecho campaña con políticas progresistas como la prohibición de nuevas exploraciones petroleras y el abandono de los combustibles fósiles, la lucha contra la pobreza, la reforma agraria y el aumento de los impuestos a los ricos. Sus promesas han encontrado un cálido apoyo entre muchos en un país que ha sufrido mucho debido a la pandemia. También han asustado a los inversionistas.
En cuanto a la política exterior, ha cuestionado varios de los principios clave de la relación del país con Estados Unidos.
Ha criticado la “guerra contra las drogas” de Estados Unidos, que califica de “fracaso”, y ha dicho que quiere renegociar el acuerdo de libre comercio que está en vigor desde 2012. Petro también prometió restablecer las relaciones con el hombre fuerte de Venezuela, Nicolás Maduro, y reabrir las fronteras con esa nación.
Precisamente la semana pasada, el ministro de Defensa de Colombia, Diego Molano, dijo durante un evento en el Wilson Center de Washington que asegurar la frontera con Venezuela, donde organizaciones terroristas como el ELN lanzan operaciones contra Colombia, es uno de los mayores retos de seguridad que enfrenta su país.
Una victoria de Petro “cambiaría completamente la relación entre Estados Unidos y Colombia”, dijo Francisco Santos, ex embajador colombiano en Estados Unidos. Él cree que temas como el cambio climático y la protección del medio ambiente podrían ser áreas de cooperación que sobrevivirían a las tensiones políticas. “Pero la relación en todas las demás áreas se enfriaría mucho”.
También le preocupa que China llene el vacío dejado por Estados Unidos si se redujera la escala de la la relación.
Respondiendo a la pregunta de Rubio durante la audiencia en el Senado, el vicepresidente del Council of the Americas/Americas Society, Eric Farnsworth, dijo que si Colombia siguiera el mismo camino que Venezuela, las consecuencias se extenderían mucho más allá de la relación con Estados Unidos, ya que “es fundamental para nuestra capacidad de avanzar en los intereses democráticos y de seguridad en todo el hemisferio, no solo en Colombia”.
En una región en la que crece la sensación de que esta y anteriores administraciones estadounidenses no le prestaron suficiente atención, Colombia es un caso atípico. Estados Unidos ha enviado $12,000 millones en ayuda a Colombia desde el 2000 para apoyar la lucha contra el narcotráfico. Tanto la administración de Trump como la de Biden también han aportado millones de dólares en ayuda para que Colombia soporte la carga de absorber 40% de los seis millones de venezolanos desplazados que han abandonado su país huyendo del gobierno de Maduro.
En el aspecto militar, Colombia está considerada el socio más cercano de Estados Unidos en la región. Su ejército y sus fuerzas de seguridad han recibido un amplio entrenamiento y armamento estadounidense, y este mes recibieron 12 helicópteros Black Hawk para uso de la policía, según la embajada de Estados Unidos en Bogotá.
La nueva designación de “aliado importante no perteneciente a la OTAN” permite a Colombia comprar munición de uranio empobrecido y almacenar reservas estadounidenses, según el Departamento de Estado. La designación, que entró en vigor esta semana, también se inscribe en la estrategia más amplia de Washington para contener las incursiones de Rusia en América Latina, un objetivo de seguridad que ahora se ha convertido en una prioridad en medio de la guerra de Vladimir Putin contra Ucrania.
El Departamento de Estado dijo que espera que la cooperación con Colombia continúe, independientemente de los resultados de las elecciones.
“Estados Unidos apoya las fuertes instituciones democráticas de Colombia y espera con interés las próximas elecciones presidenciales libres y justas de Colombia”, dijo un portavoz. “Estamos dispuestos a trabajar con el próximo gobierno colombiano, sea quien sea que el pueblo colombiano elija para ser su presidente”.
“Esperamos celebrar los 200 años de relaciones bilaterales y trabajar con la nueva administración en Colombia, independientemente del resultado”, añadió el portavoz. “Tenemos toda la confianza en que la administración entrante verá en Estados Unidos un socio fuerte y confiable en varios temas importantes para nuestras sociedades”.
El Congreso también está trabajando para asegurar que, gane quien gane, encuentre escrita en la ley una plataforma de política estadounidense que incluya temas de interés mutuo que puedan ser atractivos para el nuevo gobierno colombiano.
El presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, el senador demócrata Bob Menéndez, de Nueva Jersey, presentó el jueves la Ley de Alianza Bicentenaria Estados Unidos-Colombia de 2022, que codifica la designación de aliado importante no perteneciente a la OTAN y amplía el apoyo al crecimiento económico, la seguridad, la implementación de los Acuerdos de Paz de 2016 y las oportunidades para las mujeres emprendedoras, los afrocolombianos y las comunidades indígenas.
“Hoy, demócratas y republicanos se unen para iniciar una nueva era en las relaciones entre Estados Unidos y Colombia que refleje mejor las complejidades, los desafíos y las oportunidades del mundo moderno”, dijo Menéndez, y agregó que el creciente apoyo bipartidista demuestra “nuestro reconocimiento de la prominencia de Colombia como un actor clave en el escenario mundial y nuestro aliado más importante en América Latina”.
Pero las tensiones con la campaña de Petro emergieron tras las declaraciones del embajador de Estados Unidos en Colombia, Philip Goldberg, quien mencionó la necesidad de estar en alerta “y cuidar el proceso electoral porque hay países como Rusia que se han entrometido en las elecciones”.
La compañera de fórmula de Petro, Francia Márquez, abogada y activista negra feminista, respondió desde Washington, donde asistía a un evento, acusando a Estados Unidos de intervenir en las elecciones colombianas. También dijo que la extrema derecha estadounidense ha difundido desinformación sobre Pacto Histórico, el partido político de Petro y Márquez, mediante “la narrativa del castrochavismo y haciendo creer a Estados Unidos que nuestra presidencia es una amenaza para Estados Unidos y Colombia”.
Uno de los jefes de campaña de Petro, Roy Barreras, intervino rápidamente para bajar el tono, escribiendo en Twitter que la relación entre Estados Unidos y Colombia “es una fortaleza que debe ser manejada con el mayor tacto, experiencia y profesionalismo”.
Asimismo, algunos analistas creen que si Petro gana, tendría que moderar sus opiniones en muchas otras áreas y enfrentarse a un Congreso colombiano dividido.
En definitiva, no hay nada seguro en las elecciones. Petro ha perdido tres puntos porcentuales en las últimas encuestas, y un candidato menos conocido, el ingeniero Rodolfo Hernández, está ganando impulso. Si ningún candidato alcanza más del 50% de los votos, los dos primeros se enfrentarán en una segunda vuelta prevista para el 19 de junio.
Por parte de Estados Unidos también hay confianza en que las instituciones democráticas de Colombia perdurarán.
Hablando de la asociación militar estratégica este mes, el almirante Craig Faller, ex jefe del Comando Sur de Estados Unidos, dijo que debido a la creencia compartida en los valores democráticos y la profesionalización de las fuerzas colombianas, la relación soportaría los altibajos de la política.
“Soy un creyente”, dijo.
Rubio hizo un comentario similar durante la audiencia del jueves.
“Mientras haya democracia, Colombia estará bien”, dijo. “Pueden elegir a alguien con quien no estemos de acuerdo, pero en última instancia tendrían que gobernarse a sí mismos dentro de las limitaciones del electorado”.
Esta historia fue publicada originalmente el 27 de mayo de 2022, 11:00 a. m..