La guerra contra las FARC se acerca a su fin en Colombia
El aparentemente interminable conflicto civil de Colombia –que ha costado cientos de miles de vidas y ha dejado desplazadas a millones de personas– podría tener fecha de terminación: marzo del 2016.
El miércoles, en La Habana, el presidente Juan Manuel Santos dijo que él y Timoleón “Timochenko” Jiménez, el comandante del mayor grupo guerrillero de la nación, habían acordado completar conversaciones extendidas de paz en un plazo de seis meses.
La fecha límite autoimpuesta fue acordada luego de que los negociadores anunciaron que habían conseguido un progreso significativo en cuanto a la justicia de transición, la cual se considera la pieza central de un pacto de paz permanente.
Representantes del gobierno y de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) han estado reuniéndose en La Habana durante casi tres años. Y, aunque el anuncio del miércoles fue celebrado, todavía quedan por responder preguntas difíciles, entre ellas cómo se desarmarán las guerrillas, cómo se supervisará la paz y cómo se podrá compensar a las víctimas.
Pero para muchos analistas, el tema de la justicia era el obstáculo principal. La importancia del subacuerdo fue enfatizada por la lista de invitados a su firma: Santos, Timochenko y el gobernante cubano Raúl Castro.
Santos y Timochenko, ambos en camisas blancas de manga larga, se sentaron en los extremos opuestos de la mesa. Pero eso constituyó un progreso de todos modos: los dos hombres nunca habían sido visto en la misma habitación antes del miércoles.
El acuerdo establecerá tribunales y fiscales especializados para procesar crímenes de guerra y otros abusos de los derechos humanos cometidos por ambas partes en el conflicto, incluyendo violaciones, muertes extrajudiciales, secuestros y desplazamientos forzados.
Aquellos que sean acusados de los crímenes más graves, pero que cooperen con los tribunales y testifiquen ante una comisión de la verdad, enfrentarán condenas de 5 a 8 años bajo condiciones especiales. Aunque esas condiciones no fueron especificadas, se ha especulado si se tratará de cárceles al aire libre, parecidas a granjas de trabajo.
Quienes no cooperen en absoluto y que sean hallados culpables de abusos de derechos humanos podrían pasar hasta 20 años en detención.
Pero los acusados de crímenes políticos menores podrían ser elegibles para una amnistía, según el acuerdo.
El tema de la justicia – cómo castigar a los comandantes guerrilleros, pero no tan duramente que no participen en el proceso de pacificación– se ha cernido sobre las conversaciones.
Santos volvió a asegurar a las víctimas del conflicto que el acuerdo “garantizará un máximo de justicia” y no dejará impune ningún delito grave.
“Somos adversarios en orillas opuestas del río”, dijo Santos refiriéndose a su homólogo guerrillero”, pero hoy ambos hemos tomado la misma dirección, la dirección más noble que cualquier sociedad pueda tomar: la paz”.
Timochenko, de quien se dijo que había llegado esta semana a La Habana proveniente de su reducto en las selvas de Colombia, habló brevemente después de la firma. Aunque no se mostró tan efusivo como Santos, dijo que las FARC, que se calcula son alrededor de 7,000, estaban decididas a ser agentes políticos, legítimos y no violentos.
Afirmó que el acuerdo sobre la justicia de transición “crea sin duda un ambiente favorable para progresar” con respecto a los demás temas pendientes en la agenda de paz. Y se comprometió a tratar de llegar a un acuerdo final “tan pronto como sea posible”.
Los negociadores ya habían llegado a acuerdos tentativos sobre la reforma de la agricultura y las tierras, la participación de los guerrilleros en la política, y en cómo los combatientes desmovilizados podrían convertirse en aliados del gobierno en sus programas de erradicación de la droga.
Las FARC han acordado asimismo deponer las armas en un plazo de 60 días a partir de la firma de un acuerdo de paz, dijo Santos el miércoles.
Aunque ninguno de esos subacuerdos entrará en vigor sin un acuerdo final, las conversaciones están teniendo resultados de muchas maneras. Según el Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (CERAC) de Colombia, la violencia ha alcanzado en las últimas semanas su punto más bajo en 40 años luego de que las FARC declararan un cese al fuego unilateral el 20 de junio, y el gobierno tomara medidas para minimizar las hostilidades.
El acuerdo del miércoles da a las conversaciones un impulso mayor.
“Como colomboamericana de primera generación, la noticia de hoy me llena de grandes esperanzas”, dijo en un comunicado Natalie Alhonte, directora asociada del Consejo Atlántico del Centro Adrienne Arsht de América Latina. “El viaje a Cuba del presidente Santos marca un gesto grandioso tanto en el proceso de pacificación como en su presidencia.
La Oficina sobre Latinoamérica de Washington (WOLA) elogió asimismo el progreso de las conversaciones, pero dijo tener la esperanza de que el acuerdo “incluya una rendición de cuentas verdadera para los individuos en ambos lados que han cometido crímenes de guerra”.
“Algunas reglas básicas de humanidad fueron violadas, y aun si el castigo es menos severo que el crimen, es importante que los responsables enfrenten las consecuencias de sus actos”, dijo el centro de expertos en un comunicado previo al anuncio. “Mientras tanto, nadie debería disfrutar de perdones o sentencias más leves sin confesar completamente sus crímenes, y sin compensar a sus víctimas”.
La noticia se dio a conocer pocos días después de que el papa Francisco diera un paso inusual: usar su primera misa en Cuba para hacer un llamado a la paz en Colombia, diciendo que “la larga noche de dolor y violencia” tenía que llegar a su fin.
“No tenemos derecho de permitirnos otro fracaso en este camino de paz y reconciliación”, añadió.
Haciéndose eco de ese discurso, Santos aseguró de nuevo al Sumo Pontífice de que “no fallaremos: ha llegado el tiempo de la paz”.
Aunque Colombia quiere paz por mayoría abrumadora, algunos críticos temen que el gobierno esté haciendo demasiadas concesiones en la mesa de negociaciones.
“Santos, no es la paz lo que se acerca”, escribió en Twitter el ex presidente y senador de la posición Alvaro Uribe, “es nuestra rendición ante las FARC”.
Alhonte, del Centro Arsht, dijo que el anuncio debería tranquilizar a los escépticos.
“Para Santos, el acuerdo inminente de paz silenciará a muchos de sus críticos en Colombia que nunca lo creyeron posible”, agregó.
El momento pareció particularmente bueno para Castro. La isla, que ha sido vista por mucho tiempo como exportadora de violencia de guerrillas a las Américas, está jugando ahora un papel de pacificadora como uno de los garantes del acuerdo colombiano. Y esa imagen se vio magnificada por el hecho de que Castro sirvió de anfitrión esta semana al papa Francisco.
“La paz en Colombia no sólo es posible: es indispensable”, dijo Castro. “Aún quedan dificultades enormes de superar. Tenemos la certeza de que serán vencidas”.
Esta historia fue publicada originalmente el 23 de septiembre de 2015, 11:05 p. m. with the headline "La guerra contra las FARC se acerca a su fin en Colombia."