Colombia

Indígenas colombianos condenan a guerrilleros a prisión y latigazos


Autoridades indígenas realizan un juicio contra siete integrantes de las FARC el domingo 9 de noviembre de 2014 acusados de asesinar el pasado miércoles a dos guardias indígenas, en Toribio, departamento del Cauca (Colombia). La guerrilla de las FARC reconoció el asesinato de Manuel Tumiña (42) y Daniel Coicué (63), cuando perseguían a guerrilleros de las FARC que habían intentado atentar contra el líder comunitario Edgar Tumiñá y también habían tratado de retirar una valla con propaganda alusiva al que fuera el número uno de las FARC, Guillermo León Sáenz, alias "Alfonso Cano", muerto el 4 de noviembre de 2011 en una operación militar en Suárez (Cauca).
Autoridades indígenas realizan un juicio contra siete integrantes de las FARC el domingo 9 de noviembre de 2014 acusados de asesinar el pasado miércoles a dos guardias indígenas, en Toribio, departamento del Cauca (Colombia). La guerrilla de las FARC reconoció el asesinato de Manuel Tumiña (42) y Daniel Coicué (63), cuando perseguían a guerrilleros de las FARC que habían intentado atentar contra el líder comunitario Edgar Tumiñá y también habían tratado de retirar una valla con propaganda alusiva al que fuera el número uno de las FARC, Guillermo León Sáenz, alias "Alfonso Cano", muerto el 4 de noviembre de 2011 en una operación militar en Suárez (Cauca). EFE

Todo lo que hizo falta fue un rugido de una enojada multitud y una muestra de manos para que Carlos Iván Silva recibiera una sentencia a 60 años de prisión por asesinato. Minutos después, se sentenció a cuatro de sus colaboradores a 40 años. Dos menores, uno de apenas 14 años de edad, recibieron 20 latigazos en público y se les envió a detención juvenil.

No hubo abogado defensor, ni oportunidad de un arreglo extrajudicial, ni indulgencia de la multitud en los procedimientos del domingo.

Los grupos indígenas de aquí tienen el derecho a suministrar su propia justicia. Y los Nasa del suroeste de Colombia tienen gran orgullo en su sistema judicial comunitario - en el que toda la aldea impone la ley.

Los delitos de estos siete hombres parecieron agitar a una comunidad largamente afectada por la violencia. Los hombres - la mayoría adolescentes - estaban acusados de ser los guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) que el miércoles entregaron volantes y colocaron un cartel en una aldea cercana.

Cuando miembros de la guardia indígena Nasa - una fuerza policial voluntaria y no armada - trataron de obligarlos a retirar la propaganda, siguió una lucha y Silva mató a dos miembros de la guardia. Sin embargo, en vez de retirarse, unos 30 guardias indígenas y una multitud de aldeanos, con poco menos que palos, persiguieron durante tres horas a los guerrilleros hasta acorralarlos en las montañas.

Esta ciudad se ve a menudo atrapada en el fuego cruzado entre las guerrillas, los militares y grupos criminales, y ocho miembros de Nasa han sido asesinados este año. Pero el choque del miércoles mantuvo en vilo a la comunidad.

Olmedo Ramos, de 34 años, es uno de los coordinadores de la guardia indígena de 900 miembros que opera en tres comunidades cercanas. Después de sentarse en su segundo funeral durante el fin de semana, Ramos luchó para mantenerse en calma.

“Ellos actúan como cobardes y nos matan”, dijo Ramos de los guerrilleros. “Estuvimos allí como civiles, sólo con nuestros palos, que son símbolo del hecho de que somos personas pacíficas, y ellos simplemente nos dispararon”.

Fue ese enojo lo que pareció canalizarse durante el juicio. Mientras los siete hombres estaban sentados en sillas de plástico con sus manos detrás de la espalda, la audiencia gritó su decisión.

En un momento, los dirigentes comunitarios alegaron que las sentencias a 40 años para los hombres que no mataron a nadie podrían ser muy duras. Pero la multitud gritó su desacuerdo y eliminó la moción.

Gabriel Pavi, el moderador del juicio, dijo que las fuertes sentencias lo “sorprendieron”, pero que él confía en las masas.

“Las sentencias fueron muy duras y drásticas, y sirvieron como ejemplo a otras comunidades”, comentó Pavi. “Pero las personas son sabias y es la responsabilidad de la comunidad corregir cualquier error que pueda hacer algún aldeano”.

Sin embargo, para aquéllos que sus seres queridos fueron juzgados, los procedimientos no parecieron justos.

Marcela Dagna, la hermana de uno de los hombres que recibieron una sentencia a cuatro décadas, dijo que su hermano de 18 años había sido miembro de las FARC por menos de un año y no era un guerrillero endurecido.

“No nos dejaron hablar en su defensa”, dijo Dagna mientras luchaba con sus lágrimas. “El no sabía que pasaba, eso no es justo”.

Dagna agregó que las cortes nacionales habrían sido más justas, pero bajo la ley colombiana, se mantiene la decisión de los Nasa.

Edward, uno de los guerrilleros detenidos, tenía sólo 16 años cuando se unió a las FARC. Ahora de 18, y vestido con jeans y una camisa azul, parecía un adolescente cualquiera. En una entrevista en la cárcel antes del juicio, él sugirió que se unió a las guerrillas en un arranque, pero cuando cambió de idea, era demasiado tarde para irse.

Edward describió el choque del miércoles como algo confuso.

Cuando las FARC se encontraban en el pasado con la guardia indígena, eran capaces de evitar la violencia al conversar, dijo Edward. En esta ocasión, sus órdenes eran impedir que la comunidad bajara el cartel.

“No sé si nuestros superiores dieron las órdenes [de disparar]”, dijo Edward. “Realmente no sé cuál era el objetivo”.

El juicio ocurre en un momento delicado en Colombia. Incluso como partes enfrentadas, las FARC y funcionarios del gobieron se han estado reuniendo en La Habana durante los dos últimos años en busca de un acuerdo de paz para poner fin al conflicto civil de medio siglo.

Edward dijo que entre los guerrilleros, había muchas especulaciones sobre el proceso.

“Quizás ellos puedan alcanzar un acuerdo que ponga fin al conflicto”, manifestó Edward. “Quizás [las conversaciones] son la solución”.

Esas conversaciones podrían ser una de sus pocas esperanzas. Si los negociadores están de acuerdo en un sistema transicional de jusiticia que incluye términos reducidos de prisión para los rebeldes, los siete hombres también podrían ver reducidas sus sentencias, dijo Ezequiel Vitonas, alcalde de Toribio y experto en ley tribal.

“Si el gobierno alcanza un acuerdo donde todos tienen que cumplir ocho años, ¿cómo la ley indígena puede darles 40?” dijo Vitonas. “La ley indígena tiene que ajustarse a las realidades de la vida”.

La ley es simplemente parte de la forma única de los Nasa de controlar su territorio.

En el 2001, cansado de estar en el fuego cruzado, ellos formaron su propia fuerza de seguridad de la comunidad. Armados con nada más que bastones de mando - unos palos de madera con borlas verdes y rojas - ellos tratar de forzar a todos los actores armados, incluyendo los militares, a salir de su territorio.

Pero está claro que los esfuerzos no funcionan. No sólo son aún las FARC una presencia, sino que en el centro de la ciudad aún pululan soldados fuertemente armados.

Incluso así, muchos locales creen que la guardia indígena no armada es la mejor forma de traer la paz al área.

“La guardia ha salvado más vidas de las que hemos perdido”, dijo Pavi, el líder comunitario. “Es muicho más efectivo que ser simplemente otro grupo armado”.

El juicio del domingo podría hacer más peligroso el defender su tierra. Junto con las sentencias y los azotes públicos de los menores, la guardia indígena destruyó siete fusiles, dos pistolas, ropas militares y otros materiales de las FARC.

Mientras un miembro de la guardia partía a la mitad los fusiles con una sierra circular, miles aclamaban el espectáculo.

Las guerrillas han respondido a tales provocaciones en el pasado, dijeron los locales.

Ramos, el líder de los guardias, dijo que toda semana había recibido llamadas amenazantes anónimas.

“Dicen que somos responsables de las muertes de nuestroa amigos porque somos coordinadores”, manifestó Ramos. “Ellos también dicen que van a matarnos porque confiscamos siete de sus armas”.

Ramos agregó que los recientes asesinatos sólo han fortalecido la guardia. Algunos 600 miembros que habían pasado al semi retiro, están de nuevo activos.

“No les tememos, porque hay más de nosotros los buenos que de los malos”, dijo Ramos. “No nos pueden matar a todos”.

Esta historia fue publicada originalmente el 9 de noviembre de 2014, 5:31 p. m. with the headline "Indígenas colombianos condenan a guerrilleros a prisión y latigazos."

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