A 15 años, el Plan Colombia ha cambiado el país
Mientras Fulgénico Quenguan caminaba por un estrecho camino de tierra en la finca que él llama el futuro de su familia, tropezó con un vestigio de su pasado: una saludable mata de coca, floreciente a pesar de años de fumigación, de arrancarlas y de descuidarlas.
“Estas cosas son muy testarudas”, dijo. “Si esto fuera un cultivo alimentario tendrías que tener un agrónomo aquí analizando el suelo y diciéndote cómo cultivarlo… Esto crece en cualquier parte”.
El presidente Juan Manuel Santos se encamina esta semana a Washington para celebrar los 15 años del comienzo del Plan Colombia, una iniciativa conjunta que se proponía robustecer las instituciones de Colombia, fortificar sus fuerzas armadas, y, sobre todo, erradicar la coca, la materia prima de la cocaína.
Década y media más tarde, se acredita a esa iniciativa con haber reformado el país. En Colombia, que en una época fuera sinónimo de derramamientos de sangre y secuestros, la violencia ha disminuido drásticamente, y el gobierno está muy cerca de conseguir un pacto de paz con el mayor grupo guerrillero del país, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
“Antes del Plan Colombia, todo el mundo, incluyendo Estados Unidos, creía que estábamos a punto de ser un país fracasado”, dijo el ex presidente Andrés Pastrana, quien inauguró la iniciativa con su homólogo estadounidense Bill Clinton. “Ahora Colombia es una nación viable, y eso es gracias al Plan Colombia”.
Estados Unidos ha metido alrededor de $10,000 millones en la iniciativa desde que fuera concebida en 1999, la mayor parte de ello en ayuda militar. Pero también se invirtieron millones en intentos de erradicar la coca a base de incentivos y amenazas: fumigar las cosechas con glifosato y brindar alternativas económicas a los campesinos. El programa ayudó a Colombia a reducir su producción de coca en más de la mitad del 2000 al 2014, pero, lo mismo que la planta silvestre de Quenguan, el problema persiste.
“Nuestro éxito ha sido relativo”, dijo el presidente Juan Manuel Santos la semana pasada en un simposio acerca del narcotráfico. “Pudimos acabar con los grandes carteles, y hemos eliminado más de 100,000 hectáreas de coca, pero seguimos siendo la exportadora de cocaína número uno en el mundo”.
Y mientras Colombia hacía progresos, el problema hacía metástasis en otras partes. “En la actualidad, el narcotráfico está afectando a todos los países de la región, sin excepción”, dijo Santos.
Putumayo, al sur de Colombia, bordeando con Ecuador, fue el punto cero del Plan Colombia. La provincia rural abundaba en sembrados de coca y escaseaba en presencia gubernamental.
Antes incluso de ser adolescente, Quenguan ya estaba trabajando en el campo, y para fines de la década de 1980 él y su familia tenían una finca de coca de 98 acres. Era dinero fácil, dijo. A diferencia de las cosechas de yuca y plátano que tenían que ser llevadas al mercado por malos caminos de tierra, los compradores venían a ellos a buscar la coca. Quenguan dijo que estaba ganándose unos 60 millones de pesos al año (alrededor de $30,000 en esa época).
Aun cuando las guerrillas empezaron a cobrar un “impuesto” a la coca a principios de los años noventa, había dinero de sobra, dijo.
Entonces, en el 2001, empezó el Plan Colombia y aviones de fumigación empezaron a caer del cielo, destruyendo las plantas y todo lo que las rodeaban. Casi a la vez, grupos paramilitares de derecha —a menudo en contubernio con las fuerzas armadas— empezaron a entrar a la fuerza en la región y la violencia alcanzó niveles astronómicos.
Del 2000 al 2004, la nación tenía el índice de asesinatos más alto del mundo, según la ONU. Y muchos críticos culpan a Estados Unidos de haberse hecho de la vista gorda ante los abusos que su dinero estaba ayudando a fomentar.
“Cuando llegaron los paramilitares, las cosas se pusieron muy duras”, dijo Quenguan. “Nadie en mi familia sufrió daños, pero vimos a muchas, muchísimas personas asesinadas”.
A pesar de que Putumayo nadaba en fondos del Plan Colombia, muchos continúan culpando a Estados Unidos por la pérdida de sus medios de subsistencia y por alimentar la violencia.
Miguel Alirio Rosero, quien fuera alcalde del municipio de Orito del 2001 al 2004, dijo que el programa de erradicación aérea era a menudo contraproducente, al matar sin querer cultivos alimenticios que estaban siendo donados por agencias de asistencia.
“La fumigación fue completamente irracional”, dijo. “En Putumayo nos quedamos literalmente sin comida”.
Y los proyectos alternativos de desarrollo traídos para llenar el vacío a menudo no eran viables. Los vecinos se quejaron de haber recibido razas de ganado y de pollos que no podían sobrevivir en las condiciones del lugar. Grandiosos planes para sembrar vainilla, cardamomo y otras plantas exóticas para la exportación fracasaron.
Fernando Palacios, alcalde de La Hormiga, dijo que lo que la provincia necesitaba entonces, lo mismo que ahora, eran caminos de las fincas a los mercados.
“A la región entró mucho dinero”, dijo del momento de mayor boga del Plan Colombia, “pero gran parte del mismo acabó en bolsillos en los que no tenía nada que hacer”.
En las afueras de Orito hay un almacén enorme que fue diseñado para producir alimento para el ganado para la región sur de Colombia y su vecina Ecuador. El gobierno estadounidense dedicó alrededor de $2.5 millones a construir esas instalaciones de último modelo, dijo Rosero, el ex alcalde.
La planta operó menos de un año antes de fracasar. Rosero dijo que había cerrado porque su sucesor le retiró su apoyo. Otros, no obstante, opinan que el proyecto estaba condenado al fracaso desde un inicio, pues subestimaba el costo de las materias primas necesarias para hacer el pienso.
De un modo o de otro, casi todo lo que podía ser robado de la instalación ya ha desaparecido, incluyendo una planta de purificación de agua, tanques y muebles. Una de las pocas cosas que quedan es una placa de mármol en la que se da las gracias a la Agencia de EEUU por el Desarrollo Económico (USAID) por su “valioso apoyo” a la construcción de la planta.
Un reporte del 2005 de la Agencia de Responsabilidad del Gobierno de EEUU (GAO) concluyó que, cinco años después del comienzo del Plan Colombia, y luego de que USAID había metido $500 millones en proyectos alternativos de desarrollo, la agencia no había “supervisado los indicadores necesarios, y por lo tanto [no podía] determinar hasta dónde dichos proyectos están contribuyendo a reducir el cultivo de la coca o a aumentar la estabilidad”.
La agencia reformó más tarde su estrategia para asegurarse de que los proyectos sean sostenibles.
El mundo de Quenguan volvió a cambiar de arriba abajo una vez que el Plan Colombia se hizo fuerte. A través de un programa llamado Familias Guardabosques, el pueblo entero de Los Laureles donde él vivía erradicó voluntariamente su coca a cambio de apoyo financiero y técnico.
El usó su dinero para poner una piscifactoría. Ahora, vende cada día unas 50 libras de tilapia y mojarra en su tienda. A fin de mes, le quedan alrededor de 800,000 pesos en ganancia ($250 dólares), más o menos la décima parte de lo que él hacía en el narcotráfico.
“No hay nada que pueda reemplazar a la coca”, dijo, pero también tiene paz de espíritu.
El viaje de tres días de Santos a Washington incluirá una visita a Barack Obama el jueves. Según expertos consultados por McClatchy, Santos pedirá $500 millones en asistencia anual para la próxima década, unos $200 millones más de lo que Colombia recibe ahora. El martes, funcionarios del gobierno de EEUU confirmaron que Obama pedirá al Congreso que aumente la asistencia el año próximo, pero no quisieron dar una cifra específica.
Es probable que Colombia firme un tratado de paz con las FARC ya en marzo, lo cual pondrá fin al conflicto civil más antiguo y sangriento del hemisferio. Funcionarios del gobierno estadounidense dijeron que los fondos de EEUU reforzarían los esfuerzos después del conflicto: eliminar las minas terrestres, reintegrar a los guerrilleros desmovilizados y ayudar al estado colombiano a extender su control de áreas aisladas ahora en manos de las FARC.
“Queremos asegurarnos de que las inversiones que hemos hecho en los últimos 15 años sean consolidadas, y que no perdamos eso”, dijo el director principal de Asuntos del Hemisferio Occidental Mark Feierstein.
Pastrana, quien estará asimismo en el evento de la Casa Blanca, teme que el Plan Colombia esté siendo ya debilitado por el proceso de paz. Según los términos del posible acuerdo, los rebeldes han acordado combatir el tráfico de coca, pero también son elegibles para una amnistía por sus delitos anteriores relacionados con la droga.
Pastrana dijo que es inconcebible que se deje sin castigo a los que él llama “los mayores narcotraficantes del mundo”.
(El ex presidente Alvaro Uribe, acerbo crítico de Santos y de los planes de paz, dijo que él no asistirá al evento).
“Tenemos que asegurarnos de no perder todos los adelantos que hemos hecho bajo el Plan Colombia”, afirmó Pastrana. “Tenemos que ser muy cuidadosos sobre la preservación de nuestro futuro”.
Quenguan, quien tenía un camión de $40,000 durante el boom de la coca, dijo que su sueño de ahora es expandir su venta de peces a los pueblos vecinos.
“El futuro de mi familia está ligado a este negocio”, dijo. “En tres o cuatro años, todo esto será distinto”.
Esta historia fue publicada originalmente el 2 de febrero de 2016, 10:18 p. m. with the headline "A 15 años, el Plan Colombia ha cambiado el país."