Cuba

La disidencia que le sobrevive a Fidel Castro

El disidente Yuri Valle Roca es arrestado en La Habana por la policía cubana durante una manifestación por el día de los derechos humanos el 10 de diciembre del 2015.
El disidente Yuri Valle Roca es arrestado en La Habana por la policía cubana durante una manifestación por el día de los derechos humanos el 10 de diciembre del 2015. AFP/Getty Images

Unos 44 años de disidencia separan al activista cubano por los derechos humanos Elizardo Sánchez Santa Cruz y a la disidente Sara Martha Fonseca –44 años de oposición pacífica a una dictadura que encarcela simplemente por “faltarle el respeto” a Fidel Castro.

En ese intervalo aparecieron las Damas de Blanco, la bloguera Yoani Sánchez, Estado de Sats, la Unión Patriótica de Cuba, grupos independientes de periodistas, bibliotecarios y abogados, activistas por los derechos de los afrocubanos y gays y todos los demás que luchan por sus derechos humanos y civiles.

El gobierno cubano los califica a todos como “contrarrevolucionarios” y “mercenarios” pagados por Estados Unidos para socavar al sistema comunista. Ha mandado a cientos de ellos a la cárcel, los ha liberado, los ha obligado a exiliarse y luego ha encarcelado a muchos otros.

Pero la disidencia no solo ha sobrevivido, sino que ha evolucionado hasta convertirse en el movimiento actual, con muchas cabezas y múltiples causas, que, aunque pequeño en número y poco conocido dentro de Cuba, ha ganado ayuda y respeto en el extranjero.

Yoani Sánchez ha ganado varios premios internacionales. El Parlamento Europeo le concedió el Premio Sajárov por los derechos humanos al difunto Oswaldo Payá en el 2003, a las Damas de Blanco en el 2005 y al disidente Guillermo Fariñas en el 2010.

Solo un puñado de ellos creen que pueden derrocar el sistema. Pero, a base de resistencia y persistencia han ganado espacios que antes se consideraban imposibles: en el caso de las Damas de Blanco, marchar abiertamente por las calles de La Habana; para los cubanos, tener acceso sin censura al blog de Sánchez.

“Lo importante es que en el 1987 éramos menos de 10 en La Habana, y ahora somos miles en todo el país”, dijo Sánchez Santa Cruz, quien ha pasado 45 de sus 70 años como activista de los derechos humanos, ocho y medio de ellos en prisión.

Sánchez Santa Cruz, ex profesor de filosofía marxista de la Universidad de La Habana, rompió con Fidel Castro en 1967 y fundó la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, que hoy en día lleva una minuciosa cuenta de los abusos del gobierno.

Comparen eso con Fonseca, de 46 años, quien no terminó el preuniversitario y ha llevado a cabo una serie de protestas asombrosamente audaces en lugares muy públicos, entre ellos el Capitolio en La Habana, con la intención expresa de provocar un levantamiento callejero.

Pero Fonseca no ve diferencia alguna entre las distintas generaciones de disidentes.

“Todos tenemos un mismo destino, oponernos al gobierno”, dijo. “Algunos con los derechos humanos, otros con tecnología como los blogueros. Lo mío es reaccionar en la calle, llevar nuestro mensaje al pueblo y buscar maneras de que el pueblo se nos una”.

Sánchez Santa Cruz señaló que él es el último de los fundadores del movimiento de derechos humanos en Cuba. Muchos otros, como Gustavo y Sebastian Arcos, han muerto. Y muchos más, como Ricardo Bofill, se exiliaron en el extranjero tras sufrir años de persecuciones.

Ellos fueron seguidos por disidentes de inclinaciones más políticas como Payá, cuyo Proyecto Varela reunió 25,000 firmas exigiendo un referéndum sobre el régimen comunistas, y Héctor Palacios, de la Unión Liberal Cubana, un partido político no reconocido por el gobierno.

Luego vinieron opositores de línea más dura como el ex piloto de MiG de la fuerza aérea cubana Vladimiro Roca y la economista Martha Beatriz Roque; activistas católicos como Dagoberto Valdés; y Oscar Elías Biscet, un médico que empezó denunciando los abusos en los procedimientos de aborto.

Diplomáticos estadounidenses en La Habana reportaron en el 2009 que los disidentes eran “la conciencia de Cuba” y culparon muchos de sus debilidades a la penetración de agentes de inteligencia del gobierno cubano diseñada para alimentar sus rivalidades intestinas. Y el monopolio mediatico del gobierno nunca menciona a los disidentes si no es para denigrarlos como “grupúsculos” inconsecuentes.

Pero el despacho diplomático, hecho público por Wikileaks, también reportó que los “disidentes tradicionales” ya eran viejos, tenían poca influencia en la isla y era poco probable que jugaran un papel significativo en su futuro.

“Hemos visto escasa evidencia de que las principales organizaciones disidentes tengan algún tipo de resonancia entre los cubanos comunes y corrientes”, agregó. Ellos tenían además “un contacto muy escaso con los cubanos más jóvenes, y, en cuanto a su mensaje. . . este carece de atractivo para ese segmento de la sociedad”.

El cable sugirió que la política de EEUU debería fijarse más en “la generación más joven de disidentes no tradicionales”, como blogueros y artistas, “que es más probable que tenga un impacto mayor a largo plazo en la Cuba postCastro”.

Fidel Castro trató de aplastar la disidencia de una vez por todas en el 2003, cuando sus fuerzas de seguridad arrestaron a 75 críticos del gobierno y sus tribunales les dieron condenas de hasta 27 años de cárcel en una racha de juicios sumarios conocida como la Primavera Negra. Todos ellos fueron declarados “prisioneros de conciencia” por Amnistía Internacional.

Pero, pocas semanas después, las esposas, madres e hijas de los presos, quienes se habían conocido mientras visitaban a sus hombres en una cárcel de la policía política, empezaron a llevar a cabo marchas dominicales por La Habana vestidas de blanco y con flores en las manos.

Las Damas de Blanco llegaron a ser el único grupo de oposición al que se permite llevar a cabo estas protestas callejeras — aunque solo en La Habana — y ayudaron a presionar a Raúl Castro a mediados del 2010 a liberar a los últimos de los 75 disidentes que quedaban en prisión.

Todos, con la excepción de 12, fueron llevados directamente de la cárcel al aeropuerto de La Habana para tomar vuelos al exilio en España.

En sus años finales en el poder, las tácticas represivas de Fidel Castro cambiaron de largas condenas de cárcel a arrestos a corto plazo, el acoso por turbas organizadas por el gobierno y presiones para que abandonaran la isla.

No obstante, el movimiento de oposición continuó evolucionando, conjuntamente con la tecnología.

Yoani Sánchez, quien empezó a publicar en internet entradas anónimas sobre las frustraciones de su vida cotidiana, se había convertido ya para el 2008 en el rostro mundialmente famoso de una disidencia digital por unos 40 blogs que van del suyo, Generación Y, a Cubanoconfesante, el blog de Mario Lleonart Barroso, un pastor protestante radicado en la zona rural de Taguayabón.

Tratando de combatir la nueva generación de blogueros– algunos prefieren ser llamados “independientes” o “alternativos” –, el gobierno desplegó escuadrones de blogueros prorrevolucionarios, la mayor parte de ellos empleados del gobierno, y páginas Web para enzarzarse en una “guerra cibernética” contra los “cibermercenarios”.

Sánchez siguió adelante, fundando una academia de blogueros, abriendo una cuenta de Twitter que alerta casi de inmediato de arrestos y otros abusos, y desde mayo del 2014, dirigiendo el sitio de noticias 14ymedio.

La Unión Patriótica de Cuba, la organización opositora más numerosa y activa en la isla, sobre todo en la región oriental, se ha trazado una estrategia aún más ambiciosa. Su líder, el exprisionero de la Primavera Negra José Daniel Ferrer, insiste en la “necesidad de coordinar más y más acciones por todo el país ” y en trabajar “con el pueblo, persona a persona”, Según el líder de UNPACU, la oposición necesita reinventarse.

“Cuando nos empecinamos en mantener los viejos paradigmas y estos demuestran patriotismo, heroicidad, sacrificio, pero no atraen pueblo, estamos obligados a modernizar nuestras estrategias”, dijo a el Nuevo Herald. En ese sentido, la UNPACU ha desarrollado una de las estrategias mediáticas más efectivas dentro de la oposición, con la publicación constante de noticias y videos en Internet.

Palacios, también uno de “los 75”, cree que el gran reto que tiene la oposición es lograr su “vinculación con el pueblo, el único que puede cambiar la situación en la isla. Hasta que ese pueblo no tenga fe en esa oposición y a la vez ésta no los eduque para los cambios, estos no ocurrirán”, enfatizó.

“Nadie se monta en un barco que le dicen se va a hundir a 15 millas de la costa”, advierte Ferrer. “Así anda el pueblo cubano, deseoso de montarse en esa expedición a favor de la libertad y la democracia, pero quiere ver una buena embarcación, en este caso el movimiento opositor, y quiere ver buenos capitanes que sepan cómo navegar”, comentó.

Pero incluso Fonseca admitió en el 2012 que la represión del gobierno podría obligarla a salir al exilio, la válvula de seguridad que ha ayudado a mantener relativamente pequeño y aislado al movimiento disidente durante las últimas cuatro décadas.

“Yo tengo dos caminos, y los tengo muy claros”, dijo a El Nuevo Herald en el 2011. “Por una vía puedo ir a prisión y no saldría viva. Sé que terminaría con mi vida. El otro es salir. No es lo que deseo. Pero es un camino”.

Fonseca se fue para los Estados Unidos el 7 de enero de 2014, señalando que tenía graves problemas de salud causados por golpes que ha recibido durante sus años en la disidencia. Ahora vive en New Jersey.

Elizardo Sánchez Santa Cruz, quien fue arrestado por primera vez en 1972, acusado de “criticar al comandante Fidel Castro”, dijo que acepta que el camino para los disidentes es largo y duro.

El propio Sánchez sufrió un duro golpe al ser acusado de agente de la seguridad del estado cubano tras la publicación de un video en el que un oficial le entrega una medalla. Las “infiltraciones” de agentes para promover conflictos internos ha sido un tema denunciado por los opositores, quienes han tenido que defenderse además de las acusaciones de ser “mercenarios” pagados por los Estados Unidos.

Antonio Rodiles, director del proyecto de debate Estado de Sats y principal promotor de una demanda para que el gobierno ratifique varios pactos de la ONU, ha insistido en que el estado cubano impide a los disidentes generar sus “propios recursos, mucho más para hacer un proyecto que pueda retar al poder vigente. Todo eso está fríamente calculado. Decir que el cubano puede internamente generar los recursos para poder contribuir a un cambio de régimen es totalmente absurdo”.

Rodiles también advirtió que el movimiento opositor debía ser más selectivo con sus militantes: “El movimiento opositor en Cuba tiene que tener un perfil muy claro de las personas que desea que estén dentro de él para que realmente se gane un prestigio dentro de la sociedad cubana. De lo contrario, el gobierno va a usar eso para tratar de denigrar al movimiento opositor”.

“El papel de la disidencia siempre ha sido presentar una alternativa al totalitarismo”, señaló Sánchez. “Lo mejor que podemos hacer es hacer nuestro trabajo, y dejar que la gente más joven asuma el papel que les corresponde”.

“La sociedad generará sus próximos líderes”, dijo. Refiriéndose al líder sindical polaco que ayudó a terminar con el régimen comunista en su país, agregó que “los Lech Walesas de Cuba están en el futuro”.

Esta historia fue publicada originalmente el 26 de noviembre de 2016, 10:41 a. m. with the headline "La disidencia que le sobrevive a Fidel Castro."

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