Raúl Castro sigue su propio rumbo
Raúl Castro, quien ha acompañado a su hermano Fidel prácticamente en todos los caminos desde la revolución cubana, ahora debe enfrentar el futuro solo.
Pero ya había salido de la otrora siempre presente sombra de su Fidel.
Raúl, de 85 años, ha dirigido los destinos de Cuba desde que Fidel, enfermo, cedió “temporalmente”el poder al entonces ministro de Defensa en julio del 2006, para después reemplazarlo como presidente de los consejos de Estado y de Ministros el 24 de febrero del 2008.
Raúl Castro navegó con éxito la potencialmente peligrosa transferencia de poder y comenzó una lenta ola de cambios económicos destinos a aliviar los muchos problemas económicos de la isla.
El cambio más dramático ocurrió el 17 de diciembre del 2014, cuando Raúl y el presidente Barack Obama anunciaron que Cuba y Estados Unidos reanudarían las relaciones diplomáticas después de más de cinco décadas de confrontación. El sorpresivo anuncio puso fin a 18 meses de negociaciones altamente secretas, facilitadas por Canadá, el Vaticano y otros, que resultaron también en un canje de prisioneros, la promesa de Castro de liberar a 53 presos políticos y el compromiso de Estados Unidos de liberalizar el comercio y los viajes a la isla.
Obama y Castro se conocieron oficialmente en la Cumbre de las Américas en Panamá en abril del 2015, y los dos países finalmente reanudaron las relaciones diplomáticas el 20 de julio de ese año. La visita de Obama a Cuba en marzo de este año fue el punto más destacado del acercamiento, pero el presidente estadounidense probó ser tan popular entre el pueblo cubano que los medios oficiales de la isla de inmediato se dieron a la tarea de restar importancia y criticar la visita.
Sin embargo, analistas de la situación en Cuba han dicho que dudan que ese camino a la normalización hubiera sido posible con Fidel Castro al mando.
Bajo Raúl, el gobierno cubano ha implementado reformas económicas como permitir cooperativas propiedad de sus trabajadores y el empleo privado, la venta de viviendas y vehículos, medidas de libre mercado en la agricultura, la entrega de restaurantes estatales a manos privadas y la modificación de la ley de inversión privada para atraer al capital extranjero.
Un cambio importante que ha sido muy popular en la isla es permitir que la mayoría de los cubanos puedan viajar libremente al extranjero y permanecer en otros países por un máximo de dos años sin perder los derechos de ciudadanía.
Pero a pesar de las reformas de libre mercado, Raúl ha dicho con firmeza que el modelo político cubano seguirá intacto.
“No debe pretenderse que para mejorar las relaciones con los Estados Unidos, Cuba renuncie a las ideas por las que ha luchado durante más de un siglo, por las que su pueblo ha derramado mucha sangre y ha corrido los mayores riesgo”, dijo en la sesión de clausura de la Asamblea Nacional en diciembre del 2014.
A pesar de los avances diplomáticos de hace dos años, Raúl ha mantenido sus críticas constantes al embargo estadounidense, que aunque debilitado, sigue en efecto y sólo el Congreso puede echar atrás.
En materia de cambios económicos, el lema de Raúl ha sido “sin prisa pero sin pausa”. A Raúl Castro “le gusta experimentar antes de avanzar y medir los resultados”, dijo Domingo Amuchastegui, ex analista de inteligencia cubano.
Antes de asumir el poder, Raúl era visto con inquietud y esperanza. Se esperaba que fuera más duro que Fidel en los frentes políticos y de seguridad, pero más pragmático en lo económico, y que buscaría mejores relaciones con Washington. Y eso fue lo que sucedió.
El fuerte control político del régimen se mantuvo, al igual que la continuidad y la estabilidad.
Raúl y su equipo hubieran tomado medidas más rápidas en el frente económico si su hermano Fidel no hubiera vivido tanto, dijo Brian Latell, antiguo especialista en temas cubanos en la CIA. Se sabía que Raúl Castro admiraba el modelo chino y vietnamita de reformas económicas.
‘UNA PERSONALIDAD DIFERENTE’
Pero hubo algo que probó ser cierto: Raúl, cinco años más joven que su hermano, gobernó primero como líder interino y después como presidente sin el estilo y la ampulosidad de Fidel, porque le falta la legendaria y magnética personalidad que su hermano usó para gobernar la isla durante casi 50 años.
Casi todos los que conocen a Raúl dicen que el aspecto más importante de su personalidad es la capacidad de organización, que lo hace más flexible que el testarudo Fidel y le permite buscar consenso y comprender lo que se puede, y lo que no se puede hacer.
Latell dijo en su libro del 2015 After Fidel: The Inside Story of Castro’s Regime and Cuba’s Next Leader (Después de Fidel: La historia íntima del régimen de Castro y el próximo líder) que Fidel probablemente no hubiera permanecido tanto tiempo en el poder si no hubiera sido por Raúl.
“Me di cuenta que Raúl era el único aliado indispensable de su hermano y que su brillante y estable liderazgo al frente de las Fuerzas Armadas cubanas aseguraron la revolución”, escribió Latell.
Después del triunfo de la revolución en 1959, Raúl usó a la Unión Soviética para convertir las Fuerzas Armadas Revolucionarias en una fuerza poderosa que combatió bien en Angola, Etiopía y otras guerras extranjeras. Y cunado el final de los subsidios soviéticos debilitaron significativamente las FAR a principios de 1990, Raúl las convirtió en un imperio económico dedicado a administrar hoteles para turistas, manejar importaciones y exportaciones, y a final de cuentas controla aproximadamente 60 por ciento de la economía de la isla.
Analistas de los líderes cubanos concluyeron que, en momentos de peligro, Fidel siempre confió en Raúl para tomar las decisiones duras que aseguraran la supervivencia de la revolución.
DISCIPLINADO
Analistas dicen que Raúl es una persona muy disciplinada, mucho más que Fidel.
Una descripción interesante de la personalidad de Raúl salió de Markus Wolf, el legendario jefe del espionaje de Alemania Oriental, en su biografía de 1997, Man Without a Face (Hombre sin rostro).
“Vi a un Raúl... firme, con buena formación y rasgos de estadista”, escribió Wolf. “A diferencia de sus colegas más emotivos, tenía una visión fría y estratégica de la situación cubana. Fue él que llegaba a las citas a la hora acordada, algo muy poco común entre los cubanos. Sus amigos le hacían bromas sobre la puntualidad, y le decían ‘El prusiano’ ”.
Pero Raúl, que en una ocasión se llamó a sí mismo “Raúl el Terrible”, también podía ser muy frío.
A los pocos días del derrocamiento del gobierno del presidente Fulgencio Batista en enero de 1959, mientras Fidel disfrutaba de la adoración de las multitudes, soldados de mando oriental bajo las órdenes de Raúl ejecutaron sumariamente a unos 100 seguidores de Batista.
Armando Lago, el fallecido economista cubano en el exilio que dedicó su vida a compilar una lista de todos las personas privadas de la vida en nombre de la revolución, dijo una vez que cuando era jefe de la provincia de Oriente, Raúl fue personalmente responsable de 550 ejecuciones sólo en 1959, unas 100 de ellas sin juicio.
Fue también Raúl el que ordenó el arresto del general Arnaldo Ochoa, uno de los oficiales militares cubanos más populares y condecorados, aparentemente por órdenes de Fidel, quien sospechaba que no le era fiel. Ochoa fue ejecutado en 1989 tras ser condenado por tráfico de drogas en un juicio televisado a todo el país.
Un ex asistente de la familia de Raúl, que ahora vive en Miami, dijo que su antiguo jefe tiene más de una faceta. “No es el monstruo frío que mucha gente cree que es”, le dijo al Miami Herald.
A Raúl le gustan las fiestas y disfruta de escuchar y contar chistes, es amistoso con sus empleados y asistentes y mucho mejor que Fidel para ocuparse de los asuntos de la familia, dijo el ex secretario. Aunque Fidel no fue al funeral de su madre, Raúl fue el que consoló al resto de la familia. Y casi nunca se olvida de un cumpleaños.
LA FAMILIA
Raúl se casó con Vilma Espín, ex guerrillera y durante mucho tiempo presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas, a principios de 1959. Espín, quien con frecuencia hizo las veces de primera dama cubana junto a Fidel en actividades oficiales, falleció el 18 de junio del 2007.
Raúl y Vilma tuvieron cuatro hijos –Deborah, Mariela, Nilsa y Alejandro– y varios nietos. Mariela Castro es una conocida activista de los derechos de la comunidad LGBT y a veces asumió el papel de portavoz de la familia durante la convalecencia de Fidel Castro.
Mientras fue ministro de las Fuerzas Armadas, Raúl estuvo junto a Fidel, y a veces varios pasos por delante, en virtualmente toda la historia revolucionaria cubana.
Fue el primero de los hermanos en estudiar el dogma comunista y el primero en viajar a los países comunistas de Europa.
Como miembro del Movimiento 26 de Julio, Raúl estuvo en la Sierra Maestra con Fidel y cuando declararon la victoria el 1 de enero de 1959.
Fidel nombró a Raúl su sucesor pronto después de esa fecha, pero era algo poco conocido hasta una entrevista en 1985 con la revista Playboy.
“Desde el comienzo de la revolución, desde el primer año, y particularmente desde que nos dimos cuenta que la CIA tenía planes para acortar mi vida”, declaró Fidel a Playboy, “sugerimos la nominación de otro compañero, Raúl Castro... quien asumiría la dirección de inmediato. En mi opinión, el compañero escogido es el más capaz, no porque sea mi hermano, sino debido a su experiencia y méritos revolucionarios”.
Fidel reiteró esa opción cuando enfermó en julio del 2006, y dejó a Raúl como primer secretario del Partido Comunista de Cuba, además de presidente de los consejos de Estado y de Ministros.
AL TIMÓN
Una vez que Raúl tomó las riendas del país, comenzó a trabajar rápida y calladamente en la larga lista de los graves problemas de la nación.
Los medios estatales cubanos comenzaron a cubrir de inmediato los problemas económicos y sociales de la isla, que los expertos tomaron como señal de una apertura de Raúl al debate público. En sus primeros seis meses en el cargo, despidió a cuatro ministros y colocó a un aliado al frente de la única central obrera del país.
En un esfuerzo por aumentar la débil producción de alimentos, Raúl pagó las deudas del gobierno a los pequeños agricultores y aumentó los precios que los productores reciben por la leche y la carne. También hizo menos estrictas las regulaciones aduaneras, permitiendo la importación de cosas como reproductores de video y piezas para vehículos, pero implementó nuevas leyes para combatir la profunda corrupción que mantiene viva la economía del país.
Sin embargo, esos cambios parecieron tentativos en ocasiones, quizás limitados por la abrumadora, aunque reducida, presencia de Fidel.
A diferencia de su hablador hermano, Raúl no ofreció una sola entrevista de televisión durante su primer año en el cargo, y habló con el diario oficial Granma sólo una vez.
Pero más recientemente, cuando Obama y Raúl hablaron por teléfono para poner a punto los detalles de su histórico acuerdo, el presidente estadounidense bromeó que la locuacidad es cosa de familia en los Castro.
Obama dijo que el gobernante cubano demoró 15 minutos en describir los puntos principales al principio de la conversación. Raúl le dijo a Obama que si hermano una vez habló siete horas seguidas, para entonces dedicar el doble de tiempo de Obama a sus palabras preliminares, lo que dio al presidente estadounidense la oportunidad de bromear que “obviamente esto es cosa de familia”.
Andy Gómez, analista de asuntos cubanos de Coral Gables, dijo que Raúl comenzó a actuar de manera más decisiva en el 2011, cuando se anunciaron los lineamientos de la reforma económica.
“Esto es ahora raulismo, la segunda parte de la revolución”, dijo.
Raúl incluso ha nombrado a un heredero aparente —el primer vicepresidente Miguel Díaz-Canel— para tomar las riendas cuando él se retire en 2018, pero observadores de la situación cubana dicen que dada la marginalización de algunas nuevas figuras en el partido esa sucesión no está asegurada.
Incluso después de muerto, dijo Gómez, Fidel probablemente siga siendo un símbolo al que Raúl eche mano para representar la resistencia de la revolución.
Esta historia fue publicada originalmente el 2 de diciembre de 2016, 11:18 a. m. with the headline "Raúl Castro sigue su propio rumbo."