Cuba

Residentes de Cojímar lidian con penurias tras Irma, pero la parte turística ya está casi lista

Juan Carlos Cordero mira dos paredes y una escalera que no va a ninguna parte, todo lo que le queda de una casa frente al mar que estaba renovando.

Las paredes que levantó con sus manos se derrumbaron cuando el huracán Irma empujó una montaña de agua sobre las casas frente al mar en este poblado de pescadores inmortalizado por Ernest Hemingway en El viejo y el mar. Cordero vive con sus suegros y la casa de Cojímar iba a ser para él y su esposa.

Pero menos de un mes después que Irma descargara toda la furia del mar sobre este pueblo al este de La Habana, el monumento que tiene un busto de Hemingway hecho con hélices de barco fundidas que los pescadores donaron ya estaba pintado de azul cielo, el parque Hemingway tenía plantas nuevas y ya estaban colocando los cimientos para reconstruir parte del muro que se derrumbó durante la tormenta. Y La terraza, el bar que Hemingway solía frecuentar, está abierto.

Aunque Hemingway no vivió en Cojímar, mantuvo allí su barco pesquero Pilar. También es el lugar donde vivió Gregorio Fuentes, el pescador que se cree inspiró la famosa novela y la batalla épica por pescar una aguja enorme. Fuentes murió en el 2002.

La parte turística de la localidad, una escala obligatoria para los aficionados a Hemingway, está casi lista. Pero un poco más lejos, siguiendo la costa, en la Calle C, las casas frente al mar quedaron destruidas.

Estos fueron los restos de la casa de Juan Carlos Cordero en la costa del pueblo de Cojímar.
Estos fueron los restos de la casa de Juan Carlos Cordero en la costa del pueblo de Cojímar. Emily Michot emichot@miamiherald.com

Dalay Menéndez y su esposo Juan Manuel Doncel vieron desde el segundo piso de la casa de unos amigos como el agua inundaba su casa. Arrancó el marco de la puerta de entrada, entró al cuarto de baño, destrozó el inodoro y la bañera. El muro que rodeaba la casa se cayó y la puerta del garaje está destrozada.

En días pasados, las paredes interiores de la casa tenían moho y la ropa que estaba en el closet está manchada. La pareja regresó a su casa un día después del paso de Irma para limpiar, y desde entonces vive allí.

“Vamos a tener que pintarlo todo, pero ahora parece un palacio comparado con como estaba después de Irma”, dijo Menéndez. Después de evaluar los daños, el Consejo Popular decidió que la pareja tenía derecho a recibir cemento gratis, dos puertas de exterior, una puerta interior y nuevo inodoro y bañera. Pero estos últimos y las puertas de exterior no están disponibles, de manera que la pareja ha echado mano a una puerta temporal y usan un inodoro y una bañera que les prestó un vecino.

El huracán dejó bloques de concreto, losetas, piedras y algas en las calles. Todo eso ya se ha limpiado y la electricidad regresó luego de una semana.

Estos fueron los restos de la casa de Juan Carlos Cordero en la costa del pueblo de Cojímar.
Estos fueron los restos de la casa de Juan Carlos Cordero en la costa del pueblo de Cojímar. Emily Michot emichot@miamiherald.com

En la calle frente a la casa de los Menéndez había mucha actividad. Las brigadas de trabajo del gobierno reconstruyeron las aceras y muros. Los hombres llevaban sacos de cemento para reparar grietas, y en los patios se escuchaba música a todo volumen. Una pareja de personas mayores estaba en una escalera haciendo reparaciones en el techo y un grupo de niños jugaba fútbol en las ruinas de una piscina.

Poco se quejaban.

“No hay nada más que hacer. ¿Qué otra cosa nos queda si no es repararlo todo?, dijo Menéndez, quien se emocionó por primera vez desde que comenzó a mostrar los daños de su hogar a la reportera. “Hay pérdidas que sabemos que no vamos a recuperar. No me puedo imaginar a los que lo perdieron todo. Deben de tener un corazón fuerte”.

En la acera de las calles, el gobierno montó una carpa que vende productos de limpieza, otra con alimentos a precios subsidiados, otra carpa que vende galletas y dulces, y la más popular de todas, la que tiene helados. Un hombre sacaba cucharadas de helado de piña y naranja mientras muchas personas con envases hacían una larga cola. El precio era equivalente a cuatro centavos de dólar.

Cuando preguntamos si el gobierno estaba haciendo lo suficiente para ayudar a las personas, Menéndez miró hacia arriba y dijo: “No sé que decirle”. Ella dice que está pensando en irse con su marido”.

Dianik Abril Martínez Fraga, de 5 años, se aferra a su abuelo, José Fraga, frente a su casa costera en Cojímar. El huracán Irma dejó un agujero en el techo de su casa, que ya ha sido remendado con materiales que obtuvieron del estado.
Dianik Abril Martínez Fraga, de 5 años, se aferra a su abuelo, José Fraga, frente a su casa costera en Cojímar. El huracán Irma dejó un agujero en el techo de su casa, que ya ha sido remendado con materiales que obtuvieron del estado. Emily Michot emichot@miamiherald.com

Mientras tanto, Cordero, de 48 años, ha logrado echar mano a bloques de cemento, algunas cabillas y losetas que piensa usar para reconstruir su casa. “Mira, este muro lo construí con mis propias manos. Eso fue lo que más me dolió cuando regresé y vi que ya no estaba. Pero quiero reconstruir esta casa. Es mi sueño. Hay quienes dicen que estoy loco, pero de todas formas...”

Aunque estaba lidiando con los destrozos de su casa, pensaba en las personas en Puerto Rico y el golpe directo que recibió del huracán María. “Este huracán ni siquiera golpeó directamente a Cojímar. Si lo hubiera hecho, creo que desde aquí podríamos ver hasta Miami. No hubiera quedado nada”, dijo Cordero.

Una casas más abajo, Tamara Valdés limpiaba obsesivamente el suelo de su casa. El agua llegó hasta su habitación, daño el colchón y se llevó las puertas a su paso. “La mayor parte de la ropa se estropeó”, dijo. Y las que pudo salvar las colgó en las ventanas y de un árbol frente la casa para que se secaran. Las zapatillas deportivas se estaban secando en la azotea.

El gobierno le proporcionó un colchón, jabón, detergente y paneles para reforzar el techo de la sala. “Poco a poco espero que nos vayan dando más cosas”, dijo. “La iglesia nos ha ayudado con latas de leche en polvo, arroz, granos, ropa y zapatos”, dijo Valdés. También ha logrado comer de lo que están repartiendo en las carpas de comida por la calle.

Varios hombres pescan sobre grandes trozos de poliespuma en el puerto de Cojímar, Cuba.
Varios hombres pescan sobre grandes trozos de poliespuma en el puerto de Cojímar, Cuba. Emily Michot emichot@miamiherald.com

En una casa que está construida en terreno alto en el Malecón, José Fraga se considera afortunado. Su casa, conocida como “la casa barco”, fue construida en 1826 y ha sobrevivido a muchos huracanes. Esta vez Irma le hizo un hueco en el techo, arrancó una ventana y tumbó la cerca de madera que rodeaba la casa.

Con la ayuda de su vecino, Fraga ha logrado hacer sus reparaciones. “Alguien vino por aquí del Consejo Popular a ver los daños”, dijo. Un programa de recuperación de huracanes permite a los cubanos comprar material de construcción a mitad de precio o gratis si son personas de bajos ingresos.

“Cojímar está avanzando. Hay entusiasmo y espíritu de trabajo para la recuperación”, dijo.

El Torreón de Cojímar, un fuerte de piedra en el Malecón que data de la colonia, probablemente se mantenga cerrado un tiempo. El mar arrancó parte de los cimientos debajo la escalera que lleva al fuerte.

Y aunque la tormenta destrozó partes del muelle de los pescadores y la marea los llevó a la orilla, había un hombre pescando en uno de los tramos que siguen en pie. En la bahía se podía ver a los pescadores sentados en pedazos de flotadores de espuma tirando la pita con la esperanza de pescar algo.

Siga a Mimi Whitefield en Twitter: @HeraldMimi

Esta historia fue publicada originalmente el 5 de octubre de 2017, 7:11 p. m. with the headline "Residentes de Cojímar lidian con penurias tras Irma, pero la parte turística ya está casi lista."

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