Doctora cubana: ‘Hace un año que murió Fidel y su joya más preciada está peor que nunca’
Debajo de una sombrilla estampada con una reproducción de la Gitana Tropical, María Elena ha dejado atrás su profesión de médico para dedicarse a la venta de productos de artesanía que ella fabrica para los turistas en Matanzas.
Se graduó en el año 1993 pero desde hace más de 10 años no ejerce. “Pagan muy poco [en el sistema de salud]. Te exigen demasiadas responsabilidades, más ahora que hay tantos médicos cumpliendo misión internacionalista. Te pasas la vida haciendo guardia y cubriendo a los que están fuera del país”, explica.
El sistema de salud nacional es uno de los motivos de orgullo del gobierno. Durante años, Fidel Castro lo expuso como uno de los más importantes logros del socialismo en Cuba. En 1984 creó la figura del médico de la familia y miles de consultorios-viviendas se construyeron en los campos y ciudades del país para extender la atención primaria preventiva personalizada. “Ha sido realmente una revolución”, alardeó Castro en 1984. Hoy, 30 años después, esas redes están en plena decadencia a raíz de la deserción de miles de sus médicos y el abandono de la infraestructura.
“Era un proyecto colosal y bueno, en principio. El problema era que no había forma de costearlo”, explica Julio César Alfonso, presidente de la red Solidaridad Sin Fronteras, una ONG con sede en Miami que abandonan las misiones internacionales y no quieren volver a Cuba.
“Miles de médicos que inicialmente formaban parte de esa red escaparon cuando tuvieron la oportunidad en misiones internacionalistas (más de 8,000 a Estados Unidos) y otros tantos sencillamente dejaron la bata blanca para convertirse en choferes, artesanos, artistas y hasta vendedores ambulantes”, agrega Alfonso.
A pesar de las directrices del Ministerio de Salud para reorientar el sistema de salud “hacia la atención primaria y su pilar fundamental, el médico y la enfermera de la familia”, solo en los últimos seis años su número se redujo en más de 23,000, según cifras oficiales. María Elena, la médico convertida en vendedora de artesanía, cree que la mayoría de sus colegas “se cansaron de tantos llamados al sacrificio”.
“El médico es el trabajador más explotado que tiene Cuba hoy. Le sacan millones de dólares haciendo que trabaje en el extranjero y pagándole un estipendio. Los que se quedan aquí ganan menos que un cochero o que un albañil. Conozco a cirujanos que todavía van en bicicleta al hospital a operar”, dice María Elena, que dice que la salud pública es “la joya de la corona de la revolución”.
“Hace un año que murió Fidel y su joya más preciada está peor que nunca”, agrega.
Según el artículo El estado actual del bienestar social en Cuba, del economista Carmelo Mesa-Lago, publicado por el grupo de estudios Cuba Posible, “en 1989 el bienestar social cubano superaba a muchos de los países socialistas y encabezaba a la mayoría de América Latina”, pero esto cambió con la desaparición de la Unión Soviética.
Mesa-Lago cree que tales niveles fueron posibles por “el compromiso social del gobierno y el apoyo de la Unión Soviética”, que según sus cálculos desembolsó unos $65,000 millones para sostener a su aliado en el Caribe.
La coyuntura económica actual no presagia mayores incentivos económicos para el sector de la salud. El Producto Interno Bruto cubano se contrajo 0.9 por ciento en el 2016, entre otras causas por la crisis en Venezuela y la reducción en 18 por ciento de la compra de servicios profesionales (especialmente los ofrecidos por médicos), el principal ingreso en divisas de Cuba.
“A pesar de las dificultades económicas, Cuba mantiene su sistema de salud universal y gratuito”, señala Mesa-Lago como un logro. Sin embargo, confirma que el número de hospitales, camas de hospitalización y personal médico ha caído abruptamente. En el caso de los consultorios médicos o casas del médico de la familia, pasaron de 14,007 en el 2007 a 10,782 en el 2016.
El número de hospitales bajó 46.6 por ciento y el de policlínicos 9.2 por ciento. Todos los hospitales rurales y los puestos rurales y urbanos fueron cerrados en el 2011. Los pacientes son referidos a hospitales regionales, pero el tiempo y costo del transporte aumenta y los casos de emergencia son más riesgosos”, agrega Mesa-Lago.
En cuanto a la calidad de los servicios, el economista plantea serias dudas por el deterioro de la infraestructura y la reducción de los diagnósticos y las pruebas costosas. “Hay una severa escasez de medicinas (falta el 92.3 por ciento de los productos básicos), insumos para operaciones, y los pacientes ingresados tienen que llevar sus sábanas, almohadas y otros artículos”, añade.
Según la Oficina Nacional de Estadísticas e Información, tras el inicio de las reformas de Raúl Castro entre el 2008 y el 2016 el personal total de la salud ha caído en más de 22 por ciento. La cantidad de técnicos bajó 54 por ciento y la de enfermeros en 16 por ciento. Por el contrario, el número de médicos aumentó 19 por ciento.
Más de 40,000 médicos están cumpliendo misiones internacionalistas, por lo que en vez de tener un médico por 127 habitantes, como presume el gobierno, Mesa-Lago calcula que en realidad hay uno por 234, un nivel similar al de 1993, el peor año de la crisis económica durante el Periodo Especial. La situación es peor aún en las especialidades que tienen más personal en el extranjero.
“La exportación de profesionales de la salud aporta al país un ingreso de unos $8,000 millones anuales, pero reduce el acceso a los servicios médicos dentro de Cuba”, resume Mesa-Lago. A esto se deben las largas colas de espera y la degradación del sistema de salud.
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Este artículo forma parte de un convenio entre el diario cubano 14ymedio y el Nuevo Herald.
Esta historia fue publicada originalmente el 23 de noviembre de 2017, 8:22 a. m. with the headline "Doctora cubana: ‘Hace un año que murió Fidel y su joya más preciada está peor que nunca’."