Cuba

En su primera visita a Nueva York, Díaz-Canel mostró dos facetas como político

En su primer viaje a Estados Unidos, para participar en la Asamblea General de las Naciones Unidas la semana pasada, el nuevo gobernante cubano Miguel Díaz-Canel dijo públicamente que no era un reformista aunque en privado, el mandatario ofreció una imagen diferente de su nuevo estilo de liderazgo.

En un encuentro con menos de un centenar de cubanoamericanos, con posturas cercanas al gobierno cubano o que apoyan la normalización de las relaciones entre entre EEUU y Cuba, varios se mostraron sorprendidos de que después de dar un discurso, el mandatario bajara del podio y estuviera el resto de la noche conversando con los presentes.

“Me llamó la atención que se quedó a saludar a cada una de las personas”, dijo la profesora Isabel Alfonso, invitada por sus actividades como parte de Cuban American For Engagement (CAFE). “Es un líder carismático con gran interés en acercarse a la gente”.

“Es un cubano de a pie, se comporta como si fuera parte del grupo”, comentó el empresario cubanoamericano Saul Berenthal, quien dijo que un encuentro similar con el exgobernante Raúl Castro en el 2015 fue “completamente diferente”.

En su discurso el viernes en la sede de la misión permanente de Cuba ante la ONU, varios invitados notaron un énfasis especial en “la apertura al pueblo cubano en el extranjero”, dijo Berenthal.

El mandatario concluyó con un “contamos con ustedes. Somos Cuba”, en un discurso en el que aún dejó claro que las relaciones con los cubanomericanos pasan por el prisma político.

“La emigración dejó de ser políticamente homogénea y dejó de llamarse en bloque ‘exilio’, con el impulso de nuevos migrantes y nuevas generaciones de cubanos y muy a pesar de la corriente minoritaria y extremista que aún promueve la confrontación entre los cubanos residentes en el exterior y su patria”, dijo. “Nuestro gobierno quiere reiterarles la voluntad de continuar desarrollando un diálogo franco y amplio con nuestros connacionales en el exterior, sobre la base del respeto mutuo, del respeto a la soberanía y la independencia de Cuba y con el compromiso de poner fin al injusto bloqueo impuesto contra nuestro pueblo”.

La reunión también dio algunas pistas sobre la complicada política interna que navega Díaz-Canel, quien logró ser nombrado sucesor de Raúl Castro en abril de este año.

En un video filtrado en agosto del año pasado, el entonces vicepresidente Díaz-Canel arremetió contra la oposición y la prensa independiente durante una reunión con miembros del Partido Comunista, considerada el ala más conservadora del gobierno. Allí, Díaz-Canel aseguró que censuraría a los medios independientes en la isla, incluido el sitio digital de noticias OnCuba, un medio con corresponsalía en La Habana y Miami, presidido por el empresario cubanoamericano Hugo Cancio.

El gobernante Miguel Díaz-Canel saluda al empresario cubanoamericano Hugo Cancio en un evento en Nueva York.
El gobernante Miguel Díaz-Canel saluda al empresario cubanoamericano Hugo Cancio en un evento en Nueva York. Cortesía

“OnCuba, en su plataforma digital es muy agresiva contra la revolución. Se la vamos a cerrar”, aseguró en esa ocasión Díaz-Canel. Pero en Nueva York, el mandatario cubano saludó efusivamente y conversó con el empresario, quien ha promovido el intercambio cultural con La Habana.

“Asistir a un evento con el presidente de tu país es es más que una oportunidad, es una responsabilidad . Los que asistimos, teníamos un denominador común, nuestro amor por Cuba. Este sentimiento es más fuerte que cualquier diferencia”, dijo Cancio. “Me conmovió la sencillez y capacidad de escuchar del presidente Díaz-Canel”.

En otro evento en la misión de Cuba ante la ONU, Díaz-Canel tocó las tumbadoras y bailó casino con su esposa, Lis Cuesta, que lo acompañó en el viaje, en un esfuerzo por parecer un líder de carne y hueso.

Pero en sus actividades públicas, el gobernante no se salió del guión oficial y asumió un discurso de línea dura en el que aseguró representar la “continuidad” de la revolución cubana.

En la ONU, el gobierno de Cuba demostró cuán eficientemente navega los entresijos de esa organización. Díaz-Canel dio discursos en casi todas las sesiones en el programa, aunque todos fueron variaciones de los mismas temas de la política exterior cubana: la denuncia del embargo (el “bloqueo”) y de la política “agresiva” de EEUU; su apoyo a los gobiernos de Venezuela, Nicaragua e Irán, al tiempo que aseguraba el compromiso de Cuba con la paz y el desarme nuclear.

Su momento más atrevido en la ONU fue quizá su respuesta a los comentarios del presidente Donald Trump sobre el socialismo, pero la sala estaba casi vacía y la crisis humanitaria y política en Venezuela, que centró gran parte de la atención de la Asamblea General, dejó pocos oídos dispuestos a escuchar una apología al socialismo.

Pero más allá de los medios de comunicación de Miami, el viaje del mandatario tuvo poca repercusión en la prensa de Estados Unidos, más interesada en las actividades de Trump en la ONU y la nominación del juez Brett Kavanaugh. Una supuesta entrevista con una cadena nacional de televisión de EEUU no parece haberse concretado. Tampoco una reunión con la junta editorial de The New York Times.

Con algunas excepciones, la delegación cubana no ofreció acceso a los medios de EEUU a las actividades de Díaz-Canel. El mandatario tampoco ofreció una conferencia de prensa en la ONU, que son abiertas a todos los medios internacionales. En el único evento donde pudo acreditarse con antelación la prensa estadounidense —organizado por Pastores por la Paz y celebrado en la iglesia Riverside— la seguridad cubana ordenó expulsar a varios periodistas de medios de EEUU y España, incluidos el Nuevo Herald y el Miami Herald, el New York Times, EFE e incluso OnCuba, a pesar del cálido intercambio de su dueño con el gobernante cubano.

Este evento, así como la agresión a un reportero de Univisión 23 por un periodista estatal cubano generaron amplias críticas en las redes sociales.

Pero la visita de Díaz-Canel tampoco movilizó al exilio cubano como en años anteriores, en ocasión de los viajes del fallecido Fidel Castro y su hermano Raúl a la ONU. Muy pocos activistas, casi todos residentes en Nueva York o estados cercanos, respondieron a la convocatoria de protestas frente a la misión diplomática de Cuba en esa ciudad. El número de activistas en una manifestación a favor del gobernante cubano también fue reducido, pero muchos simpatizantes se congregaron en la iglesia Riverside para aplaudir y aclamar a los gobernantes de Cuba y Venezuela, en una ciudad eminentemente liberal en la que Díaz-Canel fue recibido por su alcalde- Bill de Blasio —y su arzobispo— Timothy Michael Dolan.

El viaje tuvo otros resultados positivos para el gobierno cubano.

Aunque no hubo reuniones con el gobierno de EEUU, Díaz-Canel aseguró la visita del presidente español Pedro Sánchez a la isla, probablemente este mismo año.

El gobernante cubano sostuvo múltiples reuniones bilaterales en la ONU, con los aliados de siempre —Irán, Vietnam y varios países africanos— pero también con países de América Latina como Ecuador, El Salvador y Argentina, lo que ilustra que el gobierno de la isla está menos aislado en el hemisferio que su principal aliado, el gobierno de Maduro.

Más significativo es que en medio de una relación tensa con la administración de Trump y con escaso personal en la embajada de Cuba en Washington, los diplomáticos cubanos lograron encontrar varios grupos de empresarios, congresistas, políticos, académicos y religiosos estadounidenses dispuestos a reunirse con el gobernante cubano para explorar oportunidades de comercio, expansión del Internet o simplemente curiosos por saber qué cambios podría traer a Cuba un presidente que no tiene el apellido Castro.

El gobernante cubano Miguel Díaz-Canel y el actor Robert De Niro durante una recepción en Nueva York.
El gobernante cubano Miguel Díaz-Canel y el actor Robert De Niro durante una recepción en Nueva York. Dominio Cuba

Y al más puro estilo del exfallecido gobernante Fidel Castro, el nuevo mandatario también se codeó con actores de Hollywood y estrellas de la música, en una fiesta a la que asistieron los actores Robert de Niro, Katie Holmes y los músicos Pattie Smith, Harry Belafonte y Chris Martin, entre otros.

“Los buenos vecinos no levantan muros, que la cultura sirva para construir puentes”, dijo De Niro en el evento.

De vuelta a La Habana, Díaz-Canel fue recibido por Raúl Castro, quien se mantiene al frente del Partido Comunista.

La pregunta, se hicieron varias fuentes cercanas al gobierno de la isla que prefieron no ser nombradas, es cuánto podrá hacer Díaz-Canel bajo la tutela del Partido.

“Si en vez de hablar de continuidad hablara de evolución, [Díaz-Canel] tiene el carisma para ser un gran presidente... si tuviera el espacio”, dijo una de las fuentes.

Siga a Nora Gámez Torres en Twitter: @ngameztorres

Esta historia fue publicada originalmente el 1 de octubre de 2018, 5:40 p. m. with the headline "En su primera visita a Nueva York, Díaz-Canel mostró dos facetas como político."

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