Las penuncias agregan necesidad a la bienal de arte
El hombre se acerca, arranca un tenedor de la obra Delicatessen, que se exhibe en el malecón habanero durante la XII Bienal de La Habana. Cerca de ahí, dos vecinas especulan que al terminar el evento, la arena empleada en Resaca se le regalará al vecindario para que repare sus viviendas. Las penurias le agregan ansiedad y atrevimiento a la apreciación artística, integran a los espectadores en una muestra que quieren hacer suya, llevarse a casa y reutilizar.
La llegada de la Bienal a nuestra ciudad es un buen momento para disfrutar de las sorpresas estéticas que nos aguardan en cualquier esquina, pero también permite constatar el choque del arte y la necesidad. Cerca de las obras con mayores recursos materiales siempre se asoma la inquisitiva mirada de un custodio. La obra vigilada, con su cartel de “no tocar” o su perímetro cerrado alrededor, abunda en aceras y parques, más de lo que debiera.
Un contraste entre la interacción que busca el artista al colocarla en espacios públicos y la excesiva protección a la que se les somete, precisamente para que ese público no termine llevándosela trocito a trocito en los bolsillos.
Esta historia fue publicada originalmente el 29 de mayo de 2015, 6:30 p. m. with the headline "Las penuncias agregan necesidad a la bienal de arte."