Cuba

Envejecer en Cuba: los Círculos de Abuelos cuidan a la población más anciana de las Américas

Miembros del círculo de abuelos en la Iglesia Nuestra Señora de la Merced, en La Habana Vieja, brindan con café en la azotea del centro para ancianos. Cuba tiene la población más anciana de las Américas.
Miembros del círculo de abuelos en la Iglesia Nuestra Señora de la Merced, en La Habana Vieja, brindan con café en la azotea del centro para ancianos. Cuba tiene la población más anciana de las Américas. adiaz@miamiherald.com

Es la hora de merienda y una trabajadora social lleva yogur y pan con queso crema para cinco personas al salón con el televisor, donde un grupo de mujeres mayores miran la telenovela colombiana La Nocturna.

Otras personas que participan en este Círculo de Abuelos en la Iglesia Nuestra Señora de la Merced, en La Habana Vieja, detienen sus partidas de dominó y dejan de leer el periódico para ir a buscar su yogur. Después, muchos se sientan en sillones a disfrutar del fresco que entra por el balcón o regresan a sus juegos de mesa.

Félix Eulogio Abreu Herrera, de 93 años, juega dominó en un círculo de abuelos en La Habana Vieja.
Félix Eulogio Abreu Herrera, de 93 años, juega dominó en un círculo de abuelos en La Habana Vieja. MATIAS J. OCNER mocner@miamiherald.com

Estos círculos son parte de la respuesta del gobierno a un cambio demográfico sin precedentes: el envejecimiento de la población cubana. Se espera que para el 2025, el porciento de los cubanos de 60 años o más aumente al 30 por ciento. En este momento, 20.1 por ciento de la población de la isla tiene más de 60 años, lo que hace de Cuba el país con la población más anciana en las Américas.

Una combinación de factores, como una larga esperaza de vida, baja tasa de natalidad y fertilidad, y factores sociales como la emigración de muchos cubanos jóvenes, significa que la población de la isla se reduce, al tiempo que la cantidad de personas mayores aumenta.

El sistema universal de salud pública de Cuba, combinado con el énfasis en la atención preventiva, ha llevado a que la gente viva más tiempo. La esperanza de vida promedio de los cubanos en la isla es de 76.8 años en el caso de los hombres, y 81.3 años entre las mujeres, según información del 2018 de la Organización Mundial de la Salud. Las dos cifras son ligeramente mayores que las de Estados Unidos.

Entre el 2010 y el 2017, la población cubana se redujo de 11.26 millones a 11.22 millones, y la tasa de fertilidad se mantuvo en menos de 2 hijos por mujer, lo que significa que la población ni siquiera crece al ritmo necesario para compensar los fallecimientos de una generación a otra.

Inés María Viena Rodríguez, de 80 años, en un sillón en el centro de atención de ancianos en La Habana Vieja, Cuba.
Inés María Viena Rodríguez, de 80 años, en un sillón en el centro de atención de ancianos en La Habana Vieja, Cuba. MATIAS J. OCNER mocner@miamiherald.com

Eso significa además que una cantidad cada vez menos de jóvenes activos en la fuerza laboral deben mantener a una cantidad cada vez mayor de jubilados, algo que demógrafos afirman no es sostenible.

Hace varios años, el gobierno cubano comenzó a aumentar progresivamente la edad de retiro, de 60 a 65 entre los hombres, y de 55 a 60 en el caso de las mujeres. También autorizó que los jubilados trabajaran a la vez que cobraban sus pensiones.

En diciembre del 2018, en medio de los cada vez mayores problemas económicos en la isla, el gobierno aumentó la pensión mínima de 200 a 249 pesos, lo que significa un alza de menos de 10 dólares. Muchos jubilados se quejan de que la pensión apenas les alcanza para sobrevivir.

Unido a obstáculos físicos como calles y aceras en mal estado, edificios medio derruidos y otros donde los ascensores no funcionan desde hace años, envejecer en La Habana Vieja es difícil.

Dora Eusebia González Hernández, de 92 años, descansa en un banco dentro del centro La Merced, en La Habana Vieja, Cuba.
Dora Eusebia González Hernández, de 92 años, descansa en un banco dentro del centro La Merced, en La Habana Vieja, Cuba. MATIAS J. OCNER mocner@miamiherald.com

En un estudio titulado “Envejeciendo en una Ciudad Envejecida” Miguel Coyula, arquitecto y planificador urbano cubano, dice: “Desde la perspectiva de la equidad y la inclusión social, la infraestructura y los servicios en La Habana son inadecuados, más aún para los adultos mayores.

“A esto se suman las barreras arquitectónicas representadas por edificios con entradas de sólo escaleras, sin instalaciones de baño diseñadas para personas mayores o discapacitadas, limitando su acceso y contribuyendo al aislamiento social”, indica Coyula.

“No sé cómo algunos de ellos se las arreglan. Tenemos una mujer que llega aquí en muletas, y vive en un edificio muy alto”, dijo Diamela Vidal Granda, la trabajadora social del programa de la parroquia de la Merced. “Cuando fui a visitarla un día y tuve que subir las escaleras llegué sin aire”.

Yolanda Montané (izq) y Juana Alemán, participantes de un círculo de abuelos, caminan a la Iglesia de Nuestra Señora de la Merced para escuchar misa, en La Habana, en una imagen del 21 de septiembre del 2015.
Yolanda Montané (izq) y Juana Alemán, participantes de un círculo de abuelos, caminan a la Iglesia de Nuestra Señora de la Merced para escuchar misa, en La Habana, en una imagen del 21 de septiembre del 2015. AL DIAZ adiaz@miamiherald.com

Para Juana Alemán, el Círculo de Abuelos de la Merced es un salvavidas. Su esposo murió hace más de 40 años y dijo que ella no tiene hermanos, “no tiene a nadie”.

“Como estaba tan sola, decidí unirme. Al menos aquí puedo hablar con otras mujeres. Nos cuidan muy bien”, dijo Alemán, quien tiene más de 90 años. “Me siento feliz porque estoy compartiendo con otras mujeres”.

Unas 35 o 40 personas van regularmente al círculo, y otras 20 o 25 están inscritas en el programa de la iglesia, pero están demasiado enfermas para ir a menudo. El círculo ayuda a esas personas llevándoles alimentos, dijo Héctor Luis Camarero, administrador del programa. Este día el menú del almuerzo era picadillo de pescado, arroz y frijoles negros, boniato y arroz con leche de chocolate.

Muchas comunidades cubanas tienen estos círculos, y una de las señales más visibles de su actividad es ver a adultos mayores haciendo ejercicios por la mañana en los parques y otros espacios públicos.

Al igual que otros Círculos de Abuelos, el programa de la Merced financia los alimentos, los salarios y algunos otros gastos con dinero del Ministerio de Salud Pública. Pero también recibe fondos de la Orden de Malta, una antiquísima orden de la Iglesia católica, y otras donaciones que le permiten ofrecer servicios adicionales.

Hay un área de duchas y un salón de belleza donde a los participantes les lavan el cabello y a las mujeres les pintan las uñas. Algunas veces estudiantes de una escuela de belleza vienen a ayudar.

Los participantes también hacen trabajo voluntario en un almacén de ropa, donde separan prendas donadas por género, tamaño y estilo. Todos los que participan en el programa tienen derecho a recibir ropa periódicamente.

También hay un servicio de lavado y planchado que atiende Yolanda Paredes González, de 66 años.

En la azotea del edificio, Paredes cuelga sábanas, camisetas y unos pantalones a secar. Es un servicio importante para personas mayores que no pueden hacerlo en su casa.

Yolanda Paredes González, de 66 años, lava y plancha para los integrantes del Círculo de Abuelos en La Habana Vieja.
Yolanda Paredes González, de 66 años, lava y plancha para los integrantes del Círculo de Abuelos en La Habana Vieja. MATIAS J. OCNER mocner@miamiherald.com

En el espacio donde lava hay una imagen de Jesucristo, colocada en la pared por encima de la lavadora. “Todo es como debe ser. Jesucristo está presente”, dijo Paredes. Trabajar en el programa es parte de la misión de la Merced de servir a los pobres.

Los participantes también se mantienen activos dibujando, cantan en el coro y ocasionalmente participan en bailes, sesiones de cuentos y recitales. También hay un espacio para coser y tejer.

“Estamos viendo más alianzas entre el Ministerio de Salud Pública e iglesias y sinagogas que tratan de responder a las necesidades de los ancianos. Es un reto para el gobierno porque Cuba tiene la población más vieja de las Américas”, dijo el reverendo Gilbert Walker, rector de la Iglesia de la Merced.

Irma Pérez recibe la comunión del reverendo Héctor Farfán en la Iglesia la Merced en La Habana, Cuba.
Irma Pérez recibe la comunión del reverendo Héctor Farfán en la Iglesia la Merced en La Habana, Cuba. AL DIAZ adiaz@miamiherald.com

“Gracias a Dios que la Iglesia católica tiene este programa”, dijo Marcos Reyes, de 64 años, quien viene al círculo de 8 a.m. a 2 p.m., de lunes a viernes, donde participa en el programa de ejercicios y disfruta conversando con sus contemporáneos.

“Es como un grupo de terapia. En la casa no tengo nadie con quién hablar. No tengo televisor y el radio que tengo es de la era soviética”, dijo Reyes. Aquí puede jugar dominó, bingo y otros juegos de mesa, le lavan la ropa y participa en la distribución periódica de prendas de vestir donadas. (El día que visitamos el lugar tenía puesto un pulóver amarillo donado de un centro Jobs Corps de Nueva York).

Reyes se retiró hace dos años y no tiene familia. “Nunca me casé y no tengo familia, ni aquí ni en Estados Unidos, que me ayuden”, dijo. “Mis condiciones de vida no son buenas, vivo en un edificio que está en muy malas condiciones”. Reyes vive en una habitación con un baño compartido en un edificio de La Habana Vieja.

Reyes, quien se retiró debido a problemas de circulación que le impedían trabajar, vive con una pensión de 270 pesos mensuales, equivalente a unos 10 dólares.

“Las medicinas y la ropa son muy caras en Cuba, así que este programa es una gran ayuda”, dijo Reyes con lágrimas en los ojos. “Le debo mucho a la iglesia por este programa”.

Esta historia fue publicada originalmente el 7 de marzo de 2019, 8:00 a. m. with the headline "Envejecer en Cuba: los Círculos de Abuelos cuidan a la población más anciana de las Américas."

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