Cuba

Los cruceros de EEUU crearon un auge en Cuba. Ahora algunos negocios pequeños la pasan mal

Hace unos meses, muchas veces había dos barcos de crucero atracados en la terminal junto al Malecón habanero. Una flotilla de autos clásicos estadounidenses y guías de turismo esperaban a los pasajeros que pasearlos por la ciudad.

Pero todo eso terminó abruptamente el 4 de junio de 2020 con el anuncio de la administración del presidente Trump de que se prohibían todos los viajes en barcos de crucero de Estados Unidos a Cuba, así como la popular categoría de viajes de pueblo a pueblo, que permitía a los pasajeros de esos cruceros visitar legalmente la isla a pesar del embargo.

Hasta entonces, los cruceros eran el sector de crecimiento más rápido en el mercado de visitantes extranjeros de la isla y había significado una adición bienvenida no solo para las arcas del gobierno de La Habana, sino también para algunos emprendedores privados.

Unos pocos pescadores son la única señal de actividad junto a la terminal de cruceros del Puerto de La Habana después que Estado Unidos prohibió los cruceros estadounidenses a la isla.
Unos pocos pescadores son la única señal de actividad junto a la terminal de cruceros del Puerto de La Habana después que Estado Unidos prohibió los cruceros estadounidenses a la isla. Mimi Whitefield

Después de cinco meses sin un barco de crucero en el horizonte, el MS Hamburg, operado por la empresa alemana Plantours Kreuzfahrten, llegó a La Habana el 30 de octubre procedente de Montego Bay, Jamaica. El barco, que llevaba unos 400 pasajeros, hizo escala también en Cayo Largo, María la Gorda, Cienfuegos, Trinidad y Santiago.

Otro barco de crucero, esta vez griego, visitó La Habana en noviembre.

Plantours ofrece otros dos cruceros de 11 días a Cuba en 2020. El Marella Discovery 2, operado por la firma británica Marella Cruises, también tiene programado hacer escala en La Habana en enero como parte de un recorrido por el Caribe que comienza en Montego Bay. El barco más grande de Marella, el Marella Discovery 2, con capacidad para casi 2,000 pasajeros, solo tiene programados tres itinerarios con escalas en La Habana en 2020.

Puede decir que los cruceros han vuelto a la isla, pero las compañías europeas del sector no pueden compensar la pérdida del dinámico mercado de cruceros desde Estados Unidos.

Turistas recorren la ciudad en autos clásicos estadounidenses, mientras pasan frente a n barco de crucero en el Puerto de La Habana, Cuba, en una imagen del 17 de enero de 2018.
Turistas recorren la ciudad en autos clásicos estadounidenses, mientras pasan frente a n barco de crucero en el Puerto de La Habana, Cuba, en una imagen del 17 de enero de 2018. Ramon Espinosa AP

Los cruceros eran una forma sencilla y legal para que los estadounidenses pudieran visitar Cuba antes del cambio de reglas. Aunque Cuba recibió 4.7 millones de visitantes internacionales en 2018 y había esperado 5 millones este año, pero autoridades del Ministerio de Turismo han revisado la proyección de 2019 a la baja, a 4.3 millones de turistas internacionales.

Hasta el 11 de diciembre, dijo Manuel Marrero Cruz, ministro de Turismo de la isla, Cuba había recibido 4 millones de visitantes internacionales, y había más en camino, lo que acerca la cifra a la proyección menos ambiciosa.

Durante la primera mitad del año, el economista cubano José Luis Perelló calcula que 372,857 viajeros que llegaron por aire y mar fueron estadounidenses. Durante la segunda mitad del año, Perelló calcula que la cifra bajará a unos 100,000 visitantes estadounidenses. (Los visitantes cubanoamericanos se cuentan aparte).

Aunque la industria estadounidense de cruceros cabildeó intensamente para conservar el derecho de viajar a la isla, las nuevas normas entraron en vigor el 5 de junio.

“Nadie esperó que [el presidente Donald Trump] prohibiera los viajes de crucero porque las compañías de crucero son las que salen perdiendo”, dijo Perelló. Las nuevas medidas significan 30,000 pasajeros de cruceros menos solamente en junio y echaron por tierra las esperanzas cubanas de un nuevo récord de visitantes este año.

Desde mayo de 2016, cuando el Fathom Adonia, de Carnival Corp., se convirtió en el primer crucero estadounidense en tocar puerto en Cuba en más de 50 años, al menos nueve líneas de cruceros establecieron itinerarios que incluían una o más escalas en la isla. El cambio de política hizo que tuvieran que apresurarse a agregar más escalas en puertos caribeños para compensar.

La Asociación Internacional de Líneas de Crucero dijo que casi 800,000 reservaciones programadas o ya de viaje fueron afectadas por el imprevisto cambio.

Eso también significó un golpe financiero a las líneas.

Otra cosa que complica aún más los viajes a la isla es una nueva sanción estadounidense que prohíbe los viajes aéreos desde Estados Unidos a cualquier ciudad que no sea La Habana, que entró en vigor el 10 de diciembre.

Muchos emprendedores y artistas cubanos dicen que la limitación a los viajeros estadounidenses los afecta.

En las semanas posteriores a que se prohibieron los cruceros estadounidenses a la isla, la única actividad cerca de la terminal de cruceros del Puerto de La Habana eran los pescadores que lanzaban sus avíos en busca de pescado desde el Malecón.

José Carlos Melo González, administrador de Café Bohemia, un restaurante privado cerca del puerto, dice que trabaja en una nueva estrategia de mercadotecnia desde que los pasajeros de los cruceros estadounidenses desparecieron.
José Carlos Melo González, administrador de Café Bohemia, un restaurante privado cerca del puerto, dice que trabaja en una nueva estrategia de mercadotecnia desde que los pasajeros de los cruceros estadounidenses desparecieron. Mimi Whitefield

En la cercana Plaza Vieja, otrora llena de pasajeros de los cruceros, José Carlos Melo González observaba las mesas vacías en el Café Bohemia, de propiedad privada. Los estadounidenses, dijo el administrador, llegaron a ser casi el total de su clientela. Eso bajó a 10% después que las nuevas normas entraron en vigor. Ahora el hombre trata de formular estrategias creativas para atraer a otros clientes.

“Casi 99% de los restaurantes en la zona del puerto son privados; las artesanías que se venden son totalmente cubanas”, dijo Giulio Ricci, un economista cubano. “El impacto real lo han sentido los emprendedores, que están tristes o muy molestos”.

En el Taller Experimental de Gráfica en La Habana Vieja, un grupo de artistas gráficos estaba sentado hablando durante la escasez de viajeros de los cruceros. Al lugar no entraba ningún cliente.

El artista gráfico Julio César Peña Peralta, del Taller Experimental de Gráfica en La Habana Vieja, dice que echa de menos la actividad comercial que generaban los pasajeros de los cruceros estadounidenses.
El artista gráfico Julio César Peña Peralta, del Taller Experimental de Gráfica en La Habana Vieja, dice que echa de menos la actividad comercial que generaban los pasajeros de los cruceros estadounidenses. Mimi Whitefield

“Cuando venían los cruceros, había una avalancha de gente. Ahora estamos como antes de eso”, dijo Julio César Peña Peralta, quien vendió una de sus obras a Michelle Obama cuando el presidente Obama visitó la isla en marzo de 2016.

“Cualquier medida que tomaron para afectar el gobierno, también han afectado a las familias cubanas”, dijo. “Las personas del gobierno también tienen familias e hijos”.

Melo, el administrador del Café Bohemia, dijo que el restaurante/pastelería privada, que está en el patio interior de un edificio del siglo XVIII que también alquila habitaciones privadas a visitantes, tuvo que despedir empleados después que las sanciones entraron en vigor.

“Estamos a dos cuadras del puerto. A veces había mil personas caminando por las calles de La Habana Vieja”, dijo Melo. “El día después [del cambio de normas], no había nadie”.

Cuando bajó la cantidad de clientes, no solo sufrieron las consecuencias los empleados, sino toda una red de trabajadores privados, dijo Melo. “Yo compro la comida del restaurante a campesinos privados. Una mujer me trae el agua filtrada; otra se ocupa de lavar, otra limpia las habitaciones. Y otra familia es la que trae los vegetales al restaurante”.

Para atraer clientes, que estos días son en su mayoría europeos y mexicanos, Melo ha colocado más mesas afuera de las robustas puertas de madera que dan acceso al patio interior, contrató a un grupo musical y ha mejorado el alumbrado para que el restaurante sea más visible. Los especiales del día se anuncian en una tablilla que se puede ver desde la calle.

“Estoy tratando de ver dónde está el mercado. Tengo que hacer algo”, dijo.

Esta historia fue publicada originalmente el 20 de diciembre de 2019, 6:00 a. m. with the headline "Los cruceros de EEUU crearon un auge en Cuba. Ahora algunos negocios pequeños la pasan mal."

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