Cuba

Gobierno de Cuba niega autorización a marcha pacífica pero activistas dicen que se realizará

Las autoridades locales cubanas denegaron el martes el permiso para una manifestación antigubernamental en toda la isla planificada para el 15 de noviembre por una amplia coalición de jóvenes cubanos, artistas y disidentes, argumentando que es una provocación respaldada por el gobierno de Estados Unidos con el objetivo de desestabilizar el país.

Los organizadores respondieron que mantienen la intención de marchar ese día, según un comunicado que publicaron en la tarde.

En una carta dirigida a uno de los líderes detrás de la iniciativa, el dramaturgo Yunior García, las autoridades locales de La Habana dijeron que la marcha es “ilícita” y que se concibió como parte de un plan apoyado por Estados Unidos para un cambio de régimen. El medio oficial de noticias estatal Cubadebate publicó la carta.

El llamado a una manifestación pacífica en noviembre está aumentando la presión sobre el gobierno cubano para que permita la oposición política en la isla comunista, en un momento en que la violenta represión de los manifestantes del 11 de julio ha provocado la condena internacional.

En un intento por mantener viva la chispa de las protestas del 11 de julio, un nuevo grupo de la sociedad civil llamado Archipiélago intentó poner a prueba la nueva Constitución de Cuba, cuyo artículo 56 reconoce el derecho a las manifestaciones pacíficas, y notificó a las autoridades de varias provincias su intención de marchar en las calles el 20 de noviembre. Según cartas entregadas a las autoridades locales, la marcha es “contra la violencia, para exigir que se respeten todos los derechos de todos los cubanos, por la liberación de los presos políticos y por la solución de nuestras diferencias por medios democráticos y pacíficos.“

El grupo, creado por una amplia y diversa coalición de artistas del Movimiento 27 N y San Isidro, jóvenes intelectuales, profesionales y activistas, y disidentes reconocidos como Manuel Cuesta Morúa, dijo en un comunicado en la tarde que mantenía su decisión de marchar pese a la negativa del gobierno.

“El 15 de noviembre nuestra decisión personal será marchar cívica y pacíficamente por nuestros derechos. Frente al autoritarismo responderemos con civismo y más civismo,” dice el comunicado publicado en Facebook, en el que se califica la respuesta del gobierno de “crimen”.

“La respuesta del régimen ha dejado en ridículo al propio presidente del Tribunal Supremo quien dijo que Cuba respetaría el derecho a la manifestación. La respuesta del régimen está llena de falsedades, difamaciones y mentiras”, añade la declaración.

En una llamada desde La Habana el martes, antes de la publicación del comunicado, García dijo que los integrantes del grupo, que radican en varias provincias, no habían podido reunirse virtualmente porque muchos no tenían acceso a internet.

“Pero hemos dicho que manifestarse lo consideramos un derecho y seguiremos dispuestos a ejercer nuestros derechos aunque el régimen, de manera dictatorial, quiera negarlos”, dijo.

“El gobierno ha dado la respuesta menos sensata que podía dar porque va contras ellos mismos,” agregó, “contra el mito en un sector de la población de que en Cuba hay un supuesto estado de derecho y han demostrado que son capaces de violar los derechos humanos y están dispuestos a pasar por encima de los derechos que se aprobaron en la Constitución”.

En la mañana, otro miembro de Archipiélago, la activista y emprendedora Saily González, también sugirió que el grupo continuaría en sus esfuerzos por reclamar la libertad de los presos políticos y negó que los organizadores de la marcha tuvieran conexiones con “organizaciones subversivas o agencias financiadas por el gobierno estadounidense”, como indica la respuesta oficial entregada en varias provincias.

“Hay cientos de presos políticos en estos momentos en Cuba y no vamos a dejarlos solo”, dijo.

“¿Cómo van a decir que las razones para convocar la marcha no son lícitas cuando hay cientos de madres con hijos presos injustamente por un código penal que no responde a la justicia sino que responde al gobierno cubano, cuando miles de personas salieron el 11 de julio a pedir libertad?” preguntó en un video que publicó en Facebook.

Inicialmente, el gobierno no respondió a la solicitud de Archipiélago, pero luego declaró el 20 de noviembre como el Día de la Defensa Nacional y anunció ejercicios militares ese día, un gesto que muchos interpretaron como una amenaza de violencia. Luego, los activistas respondieron cambiando la fecha de la marcha al 15 de noviembre, el día en que las autoridades anunciaron que levantarán muchas restricciones relacionados con la pandemia de COVID-19.

“Hicimos una llamado pacífico y su respuesta fue una respuesta militar”, dijo García en una conferencia de prensa vía Telegram la semana pasada. “Ya basta de que se pisoteen los derechos de los ciudadanos cubanos”.

“Dentro de Cuba se comportan como un Goliat abusivo, despótico, que aplasta a sus propios ciudadanos, que camina con botas militares y quiere aplastar a todo ciudadano que no piense como ellos”, prosiguió. “Dentro de Cuba aplican la hegemonía de un solo partido y un solo pensamiento. Y eso tiene que acabar, basta de hipocresía”.

Su voz se cortó repentinamente porque la empresa estatal de telecomunicaciones bloqueó su acceso a internet y teléfono y el de sus familiares, explicó luego durante la conferencia.

“No importa que nos corten el Internet; buscamos alternativas ”, dijo. “Ellos se pasan la vida hablando del bloqueo”, dijo, refiriéndose al embargo de Estados Unidos. “No hay peor bloqueo que el bloqueo interno que tiene cada ciudadano cubano dentro de este país”.

Donde otros han fracasado, estos jóvenes activistas creen que pueden tener éxito con la ayuda de las redes sociales.

“No es que antes no hubiera acciones similares. Tenemos el precedente del Proyecto Varela y otras acciones que hicieron los disidentes, pero esto ahora se puede hacer con un apoyo masivo”, dijo García al Herald desde La Habana en una entrevista la semana pasada. “El uso de las redes sociales ha creado una realidad diferente”.

En 1998, el prominente disidente Oswaldo Payá del Movimiento de Liberación Cristiana comenzó a reunir las 10,000 firmas necesarias para introducir enmiendas a la Constitución cubana y consagrar las libertades económicas y políticas. Además, propuso realizar un referéndum para que los cubanos pudieran decidir sobre su futuro. Pero la iniciativa fue aplastada por Fidel Castro, quien cambió la Constitución para hacer el socialismo “irreversible”, con la aprobación de la Asamblea Nacional, y encarceló a 75 líderes de la oposición en 2003. Payá murió en un accidente automovilístico en 2012 en circunstancias poco claras y su familia cree que fue un asesinato político.

Pero muchos años después, el país ha cambiado de manera significativa. Muchos cubanos están cada vez más exhaustos y frustrados por la escasez generalizada, el aumento de la inflación y una economía dolarizada que, nuevamente, deja a vastas franjas de la población sin acceso a bienes esenciales. La pandemia de COVID ha demostrado que el sistema de salud estaba mal financiado, lo que ha roto uno de los últimos mitos de la revolución cubana. Cada vez más, la población culpa al gobierno de Miguel Díaz-Canel por lo que percibe son sus fallas, desde malograr la unificación monetaria hasta responder tardíamente al bajo suministro de oxígeno médico en el país en medio de lo peor de la pandemia.

El 11 de julio, cientos de cubanos salieron a las calles para pedir un cambio de régimen y expresar su descontento. Pero las protestas antigubernamentales que sucedieron en todo el país no podrían haber ocurrido sin las redes sociales, que han brindado un espacio para debatir y denunciar la represión del gobierno y un medio de movilización.

En las redes sociales, los cubanos dentro y fuera de la isla están entablando conversaciones que antes eran imposibles Un espacio de Twitter conducido por González se ha convertido en un lugar donde los cubanos emigrados y muchos latinoamericanos hacen preguntas a quienes se encuentran en la isla y hacen sugerencias sobre una variedad de temas relacionados con las manifestaciones pacíficas, las tácticas de oposición y cómo continuar con el impulso creado por las manifestaciones del 11 de julio.

Reflexionando sobre lo que es diferente esta vez, un usuario de Twitter dijo que eran los números, la idea que muchos jóvenes cubanos estaban dispuestos a apoyarse: “No tenía sentido hacerlo antes porque un solo buey no hala una carreta”.

Pero al igual que el Proyecto Varela en su momento, la convocatoria a una manifestación con tanto tiempo por delante y después de avisar al gobierno tiene sus detractores, sobre todo entre los exiliados cubanos. La idea ha provocado un debate similar al que ha dividido a los venezolanos con respecto al diálogo con el régimen de Nicolás Maduro. Las acusaciones contra los organizadores de ser “colaboradores” del gobierno cubano ya están sobrevolando el estrecho de Florida.

Algunos exiliados cubanos se oponen a la idea porque creen que pedir autorización equivale a un diálogo con una dictadura. Si las autoridades cubanas autorizan las manifestaciones, dicen, eso solo les ayudaría a salvar las apariencias. Si no, cuál era el punto, preguntan.

Los críticos han etiquetado a los organizadores como pseudointelectuales de izquierda, pero los miembros del Archipiélago creen que es precisamente la izquierda la que ha abandonado a los manifestantes.

“Hago un llamado a la izquierda mundial, que suele ser cómplice y lamentablemente suele comportarse de forma hipócrita, para decirles que no hay dictaduras de izquierda ni de derecha, buenas o malas, hay dictaduras, y debemos oponernos a todas, sean cual sea su signo político”, dijo García.

En la entrevista, García dijo que era consciente de que los cubanos residentes en Estados Unidos no necesitaban ser convencidos de que una dictadura gobierna el país pero que “hay una buena parte del mundo que tiene una idea romántica de lo que significa Cuba en su imaginario construido a partir de propaganda.”

Dijo que estaba consternado de que muchos en el extranjero creyeran en la versión del gobierno de que las protestas fueron violentas.

“Ahora, nadie les creería porque lo hemos hecho público, con anticipación, dejando en claro nuestro civismo”, dijo. “Alejándonos de cualquier violencia, hemos decidido actuar, y esa acción va camino del civismo”.

Esta historia fue publicada originalmente el 12 de octubre de 2021, 0:43 p. m..

Nora Gámez Torres
el Nuevo Herald
Nora Gámez Torres is the Cuba/U.S.-Latin American policy reporter for el Nuevo Herald and the Miami Herald. She studied journalism and media and communications in Havana and London. She holds a Ph.D. in sociology from City, University of London. Her work has won awards by the Florida Society of News Editors and the Society for Professional Journalists. For her “fair, accurate and groundbreaking journalism,” she was awarded the Maria Moors Cabot Prize in 2025 — the most prestigious award for coverage of the Americas.//Nora Gámez Torres estudió periodismo y comunicación en La Habana y Londres. Tiene un doctorado en sociología y desde el 2014 cubre temas cubanos para el Nuevo Herald y el Miami Herald. También reporta sobre la política de Estados Unidos hacia América Latina. Su trabajo ha sido reconocido con premios de Florida Society of News Editors y Society for Profesional Journalists. Por su “periodismo justo, certero e innovador”, fue galardonada con el Premio Maria Moors Cabot en 2025 —el premio más prestigioso a la cobertura de las Américas.
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