Ola represiva en Cuba frustra planes de marcha opositora del 15 de noviembre
Temiendo las imágenes que recorrieron el mundo el 11 de julio, cuando miles de cubanos salieron a las calles inesperadamente para pedir un cambio de sistema en la isla comunista, el gobierno de Cuba desató una ola de arrestos e intimidación para frustrar una marcha pacífica el lunes convocada por el grupo opositor Archipiélago en protesta contra la violencia del estado y para abogar por la liberación de los presos políticos
Para mantener a los cubanos en sus viviendas, el gobierno movilizó al Ejército, la Policía y unidades especiales conocidas como Boinas Negras para patrullar las calles. Camiones y carros de la policía estaban estacionados a lo largo de las principales avenidas, el Malecón de La Habana y otras ciudades, listos para bloquear calles. Los principales parques en las ciudades más grandes del país estaban llenos de partidarios del gobierno y agentes de Seguridad del Estado.
Trabajadores estatales y miembros del Partido y otras organizaciones políticas fueron enviados a realizar actos de repudio contra conocidos disidentes y activistas.
Los disidentes que se atrevieron a salir a la calle fueron detenidos, entre ellos Manuel Cuesta Morúa, Berta Soler de las Damas de Blanco, Ángel Moya y la historiadora del arte Carolina Barrero.
Las calles vacías también fueron el resultado de una campaña de hostigamiento durante varias semanas que utilizó los medios estatales para enviar el mensaje a la población de que el gobierno no toleraría las manifestaciones. Las detenciones preventivas comenzaron mucho antes del lunes. Los activistas y personas influyentes de las redes sociales que mostraron su apoyo a la iniciativa fueron interrogados por la seguridad del Estado, despedidos de sus trabajos y amenazados con cargos penales.
El amplio operativo de seguridad así como el tiempo y espacio dedicado a criticar la marcha y sus organizadores en los medios estatales, otorgándoles incidentalmente gran notoriedad interna a sus principales figuras, ha sugerido a la población que pese a la retórica triunfalista y las acusaciones sobre un supuesto plan de intervención de Estados Unidos, el gobierno de Miguel Díaz-Canel considera la marcha como un desafío significativo a su legitimidad.
Temprano en la mañana del lunes, una turba progubernamental compuesta exclusivamente por mujeres se reunió alrededor de la casa de Saily González, una emprendedora cubana que ha liderado los planes de la marcha en Santa Clara, en el centro de Cuba.
“Ninguna de estas personas son vecinos míos. Los trajeron aquí desde las 5:30 de la mañana ”, dijo González al Herald. “Lo que están intentando impedir es que yo que salga. Aún así, yo me mantengo firme para salir salir a las 3:00 de la tarde, vestida de blanco, pase lo que pase”.
En imágenes que recuerdan los actos de repudio que precedieron al éxodo del Mariel en 1980, la turba empezó a gritar “¡Pin, pon, fuera, abajo la gusanera!”. González respondió: “Gusana no, mariposa”.
Mientras la turba continuaba gritando insultos, González salió a su jardín para colgar sábanas blancas, muestra otro video. Archipiélago, el grupo formado por jóvenes intelectuales, artistas y activistas que convocaron la marcha, urgió a sus simpatizantes que fueran creativos y encontraran formas de mostrar su descontento como, por ejemplo, colgar sábanas blancas en ventanas y balcones. El grupo reconoció que la represión del gobierno probablemente evitaría que muchos se unieran a la protesta, que inicialmente estaba programada para las 3 p.m.
Como la turba no dio señales de irse a esa hora, González se sentó en el portal de su casa, vestida de blanco, y comenzó a aplaudir, otra forma en que los cubanos han estado expresando su apoyo al movimiento disidente. Más tarde dijo en un video que eventualmente marcharía.
La periodista cubana Yoani Sánchez dijo que su apartamento en La Habana, que también funciona como la redacción de sitio de noticias 14ymedio, estaba rodeado de agentes de seguridad del Estado, miembros del Partido Comunista y los Comités de Defensa de la Revolución. Luz Escobar, reportera de 14ymedio, y la reportera de Cubanet Camila Acosta estaban bajo arresto domiciliario.
El domingo, agentes de la seguridad del Estado también rodearon la vivienda de Yunior García, el actor y dramaturgo que ha servido de voz al grupo Archipiélago.
El gobierno cubano, sin saberlo, creó un poderoso símbolo de su temor a un creciente movimiento de oposición liderado por jóvenes cubanos, luego de que agentes de seguridad del Estado y simpatizantes del gobierno impidieran que García saliera de su apartamento en una caminata en solitario el domingo con una rosa blanca.
En cambio, García se vio obligado a mostrar la rosa a través de las persianas de su ventana a los periodistas que estaban lejos, creando una imagen icónica para el movimiento disidente.
La rosa blanca es un símbolo poderoso en la historia de Cuba, que se remonta a uno de los poemas más famosos del escritor cubano y héroe de la guerra independentista José Martí, quien escribió que cultivaría una rosa blanca tanto para amigos como para enemigos.
“En cualquier momento pueden tumbarme la puerta,” dijo García en una entrevista con el Herald el domingo.
En un momento, García intercambió palabras con simpatizantes y agentes del gobierno parados afuera de su apartamento, según un video que circuló el lunes por la mañana. Una mujer no identificada le dice: “Trabajas para los enemigos de nuestro gobierno”. Cuando él lo niega, ella continúa diciendo: “Estoy defendiendo mi historia, la historia de mis hijos”. García luego respondió, “pero lo estás haciendo frente a mi casa”. Ella se encoge de hombros y continúa: “Está bien, y te lo voy a repetir: no permitiremos esta actividad“.
Las escenas en La Habana y Santa Clara muestran un choque generacional en un momento en que los cubanos más jóvenes, con poco apego emocional a la ideología e historia revolucionaria, están presionando por cambios. Las protestas generalizadas del 11 de julio mostraron una fractura significativa en una isla que alguna vez fue gobernada con un puño de hierro por Fidel Castro.
Muchos artistas, intelectuales, músicos e incluso ex simpatizantes del gobierno se han sumado a las filas de la oposición, han criticado la violencia desatada contra los manifestantes o han mostrado algún apoyo público al Archipiélago.
Quien fuera una vez símbolo de la revolución cubana, el cantautor cubano Pablo Milanés, publicó un mensaje de apoyo a García el lunes.
“Mi apoyo a Yunior García Aguilera y todos los cuban@s que él representa y luchan dentro y fuera de Cuba” dijo en una publicación en su página oficial de Facebook. “Mi desprecio a esas turbas que usan para ‘representar lo mejor del pueblo’. Me da vergüenza ajena que gente de mi raza se preste a ser como los antiguos cazadores de cimarrones. ¡Despierten!”.
Videos publicados por activistas y promotores de la marcha muestran un amplio despliegue de policías y unidades especiales conocidas como “boinas negras” a lo largo del país. El parque central de Santa Clara estaba repleto de agentes de seguridad del Estado y simpatizantes progubernamentales vestidos de rojo, algunos con palos, según una imagen compartida en un chat de mensajes privados y vista por el Herald. Otra foto compartida con el Herald muestra varios camiones estacionados en una de las calles principales de Holguín. Los camiones pertenecientes a empresas estatales estaban posicionados en caso de que las autoridades quisieran bloquear una calle, dijo la persona que compartió la imagen.
El Herald otorgó el anonimato a los cubanos que han compartido imágenes e información y lo han solicitado por temor a represalias del gobierno.
La Casa Blanca observó de cerca los eventos durante todo el día.
“Si bien fueron tomados por sorpresa el 11 de julio, claramente han estado trabajando para intimidar a los cubanos para que no salgan a reclamar mayores libertades. Y creo que lo estamos viendo hoy“, dijo un funcionario de alto rango de la administración.
El funcionario dijo que la administración de Biden estaba monitoreando la violencia y estaba lista para sancionar a las personas involucradas y “expresar solidaridad con los que han sido detenidos”.
En Miami, decenas de exiliados cubanos se reunieron en el restaurante Versailles en La Pequeña Habana por la tarde, ondeando banderas cubanas y gritando “Patria y Vida”.
“Tenemos que estar aquí por nuestros hermanos en Cuba”, dijo Miguel Sánchez. “Tenemos que hacernos eco de los abusos que sufren todos los días de su vida”.
A medida que pasaban las horas sin grandes manifestaciones el lunes, los cubanos en la isla se volcaron a debatir las lecciones del día en chats en las redes sociales. Algunos dijeron que estaban decepcionados. Otros señalaron que no se esperaba una manifestación masiva dada la implacable represión y el imponente despliegue policial. Muchos creen que en el futuro, el gobierno no debería tener tanto tiempo de anticipación para preparar su respuesta, ya que el evento se anunció con varias semanas de anticipación.
Pero otro grupo se mostró más optimista, señalando que la iniciativa obligó al gobierno a movilizar su aparato de seguridad de una manera tan estridente “que la represión abrirá los ojos” de los cubanos y de la comunidad internacional, dijo uno de los usuarios del chat.
“No será hoy ni mañana”, dijo otro, “pero esto nadie lo puede parar”.
Antes de la marcha, García dijo que aunque el gobierno la impidiera, ya había cumplido con el objetivo de sacudir la sociedad cubana.
“Pase lo que pase, el mensaje tiene que ser que el pueblo cubano debe empezar a pensar como ciudadanos”, dijo García al Herald el domingo. “El civismo es lo que nos llevará a acabar con esta dictadura”.
El reportero de el Nuevo Herald Carlos Martínez contribuyó a esta nota.
Esta historia fue publicada originalmente el 15 de noviembre de 2021, 8:33 a. m..