Cuba

Tras llegar a EEUU, miles de inmigrantes cubanos enfrentan nuevos obstáculos legales

Un ciudadano cubano camina por una carretera después de cruzar la frontera entre México y Texas en el Río Grande, el 23 de septiembre de 2021.
Un ciudadano cubano camina por una carretera después de cruzar la frontera entre México y Texas en el Río Grande, el 23 de septiembre de 2021. AP

Miles de inmigrantes cubanos están llegando a Estados Unidos todos los meses como parte de uno de los éxodos más grandes en las últimas décadas, pero un cambio de política durante la era de Obama a veces olvidado está haciendo que sea más difícil y más costoso para muchos obtener un estatus migratorio legal.

En los últimos días de la administración de Obama, funcionarios de la Casa Blanca y del Departamento de Seguridad Interna defendieron la eliminación de una política de parole especial conocida como “pies secos, pies mojados” en respuesta al aumento de la migración desde Cuba, como una forma de “igualar” las políticas de inmigración estadounidenses y de asegurarse que los jóvenes cubanos que podrían ser agentes de cambio permanecieran en el país.

En ese momento, los inmigrantes cubanos que recibían un documento conocido como parole válido por un año o más, tenían derecho a obtener permisos de trabajo y podían solicitar fácilmente la residencia permanente en virtud de la Ley de Ajuste Cubano. La ley de 1966 permite a los cubanos que han sido “inspeccionados y admitidos en los Estados Unidos”— o que obtuvieron un parole —solicitar una tarjeta verde después de vivir en el país durante al menos un año.

Seis años después, otra administración demócrata enfrenta una crisis migratoria aún mayor. Más de 177,000 cubanos han huido de la isla y se han dirigido a Estados Unidos desde octubre del año pasado, según muestran datos federales. Alrededor de 5000 han sido detenidos en el mar por la Guardia Costera estadounidense y devueltos a Cuba.

Y a pesar de las promesas anteriores de las autoridades cubanas, Estados Unidos todavía carece de un mecanismo para deportar a miles de ciudadanos cubanos a la isla, especialmente cuando llegan a las fronteras terrestres. Eso ha obligado a los funcionarios de la administración de Biden a implementar en la práctica una política similar a la de “pies secos, pies mojados”, ya que la mayoría de las personas interceptadas en el mar son devueltas a la isla, mientras que las que llegan a la frontera o tocan tierra tras una travesía marítima son admitidas bajo el entendimiento de que pueden solicitar asilo.

Pero en ausencia del parole automático, muchos inmigrantes cubanos ya no pueden contar con una forma relativamente fácil de establecerse en los Estados Unidos.

Los problemas comienzan en la frontera, donde los agentes tienen amplia discreción para liberar a los inmigrantes cubanos en diferentes circunstancias. La mayoría obtiene uno de dos documentos:

Parole: Es un documento emitido por el Departamento de Seguridad Nacional para permitir el ingreso y permanencia en el país de ciertos extranjeros que no tienen visa pero están solicitando admisión. Los inmigrantes cubanos que han obtenido un parole pueden obtener un número de seguro social, permisos de trabajo y solicitar la residencia permanente después de un año, en virtud de la Ley de Ajuste Cubano. Muchos refugiados y solicitantes de asilo reciben este documento.

Formulario I-220A: Una “Orden de liberación bajo reconocimiento” emitida por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos cuando los inmigrantes son sometidos a un procedimiento de deportación. El documento ordena su liberación siempre que cumplan con ser monitoreados (a veces con una pulsera en el tobillo o una aplicación de teléfono), no infrinjan la ley y se presenten a una audiencia en la corte de inmigración. Los inmigrantes que reciben este formulario de liberación no pueden trabajar y pueden enfrentar dificultades al intentar solicitar la residencia permanente bajo la Ley de Ajuste Cubano.

Ambos documentos deben contener el número de identificación de la persona para cuestiones de inmigración, conocido como número A (alien number) o número de extranjero.

Pero algunos inmigrantes cubanos están pasando por el peor escenario, como es el caso de un ingeniero de telecomunicaciones cubano de 36 años y su familia, quienes se entregaron a los agentes de la patrulla fronteriza en el puente internacional de Del Río, Texas, en junio del año pasado. Él creyó que habían tenido suerte porque fueron procesados y liberados en solo dos horas. Pero luego se dio cuenta de que el documento de liberación no contenía información crucial: el llamado “número de extranjero”.

“Me liberaron con un documento que dice que he sido liberado bajo la condición de que me presente en una oficina de ICE en mi destino final dentro de los 60 días, y ni siquiera me dieron un número de alien ni nada. Y ese ha sido mi mayor problema aquí en este país”, dijo el ingeniero, quien pidió no ser identificado porque teme criticar a las autoridades migratorias mientras aún se encuentra en un limbo legal.

A cada pasó, él enfrentó las consecuencias de un sistema de inmigración que está desbordado.

Él, su esposa y sus dos hijos se presentaron en la oficina de ICE en Miramar, como indicaba el documento. Sin embargo, no fueron atendidos y les dijeron que solicitaran una cita en línea. Al hacerlo, obtuvieron una cita para ocho meses después, en enero de 2022.

Preocupado por su situación, buscó la ayuda de un abogado en una organización benéfica. Pero el abogado dijo que poco podía hacer hasta esa primera entrevista con los funcionarios de ICE. El día de esa entrevista, los funcionarios de ICE le dijeron que se habían equivocado con su cita y la reprogramaron para 2024.

“Llevo más de un año aquí y nunca he visto a un funcionario de inmigración”, dijo el ingeniero cubano.

Al carecer de los documentos adecuados, su familia no recibió durante varios meses algunos beneficios de reasentamiento que pueden obtener los refugiados. Y todavía no puede trabajar legalmente, aunque él, como muchos otros inmigrantes cubanos, está trabajando en el mercado laboral informal.

Como no tenía el número de extranjero ni un documento que acreditara que había sido “inspeccionado y admitido o puesto en libertad condicional en los Estados Unidos”, no ha podido solicitar la residencia permanente bajo la Ley de Ajuste Cubano, a pesar de haberse radicado en los Estados Unidos durante más de un año, como exige la ley.

Con el asesoramiento de un abogado, finalmente solicitó asilo y todavía está esperando obtener un permiso de trabajo.

Obstáculos para obtener una tarjeta verde

Aunque extremo, su caso no es único. Según entrevistas con abogados de inmigración y cubanos que llegaron el año pasado, a los inmigrantes cubanos les resulta más difícil navegar por el sistema de inmigración porque muchos no reciben documentos de parole cuando son procesados en la frontera. En cambio, los funcionarios del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) emiten a la mayoría de ellos el formulario I-220A.

Al preguntársele cuál es el protocolo para procesar a los cubanos que llegan a la frontera o tocan tierra después de un viaje por mar, un portavoz de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos dijo que los funcionarios en la frontera tienen amplia discreción para tomar decisiones, y que estas se toman “caso por caso”. El funcionario dijo que los inmigrantes cubanos pueden ser “procesados” bajo diferentes programas, lo que puede resultar en “muchos resultados diferentes”.

“Es muy confuso y parece cambiar cada semana”, dijo David Claros, el jefe del equipo legal del sur de la Florida de Church World Services, que brinda asesoramiento legal de bajo costo a cubanos y otros inmigrantes.

Claros dijo que el formulario I-220A ha sido particularmente problemático para los inmigrantes cubanos porque algunos jueces de inmigración no lo consideran un documento que demuestre que fueron “inspeccionados y admitidos o puestos en libertad condicional en los Estados Unidos”, lo que les impide obtener una tarjeta verde bajo la Ley de Ajuste Cubano.

En febrero, el Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos (USCIS, por sus siglas en inglés) reconoció el problema y publicó una directiva que permite a los inmigrantes cubanos volver a solicitar la residencia permanente si esta les fue negada por no tener un parole. Pero la medida solo beneficiará a los cubanos que ingresaron al país entre el 12 de enero de 2017 y el 17 de noviembre de 2021, y poco beneficia a la mayoría de los cubanos que están llegando en el más reciente éxodo, quienes, dijo Claros, no son considerados como extranjeros que arriban a Estados Unidos (arriving aliens) porque no tienen visa ni parole.

Si la casilla de “arriving alien” no está marcada en los documentos, los inmigrantes no pueden presentar una solicitud para ajustar su estatus con USCIS y solo pueden hacerlo en la corte, explica Claros.

“En la corte, no hay consenso” sobre si el formulario I-220A puede considerarse un parole o no, dijo. “Tenemos jueces en Miami y otros lugares que lo aceptan como parole, pero muchos de ellos no”.

Claros dijo que el tema está actualmente bajo litigio pero, mientras tanto, aconseja a los inmigrantes cubanos que no tienen documentos de parole que busquen asesoría legal.

“No hay una respuesta clara a esto, por lo que es muy recomendable buscar asesoría legal porque muchas cosas pueden ser diferentes” en cada caso, dijo Claros.

Eso, a su vez, ha supuesto una carga adicional para los ya vulnerables inmigrantes cubanos. Muchos vendieron sus posesiones para pagar los costosos vuelos a Centroamérica y el largo viaje a la frontera, mientras que otros ya tienen deudas con familiares o amigos que pagaron el viaje.

Organizaciones como Church World Services tampoco tienen la capacidad ni los fondos para atender a tantos clientes.

Una pareja cubana de Mayabeque, provincia cercana a la capital, que cruzó la frontera el año pasado, intentó sin éxito conseguir una cita en la oficina de Doral de Church World Services durante dos meses. Ellos terminaron pagando $5000 a un abogado que aceptó llevar su caso. Ellos recibieron formularios I-220A y solicitaron asilo, con la esperanza de obtener un permiso de trabajo pronto. También dijeron que planean solicitar la residencia permanente bajo la Ley de Ajuste Cubano.

La pareja trabaja con el salario mínimo vendiendo frutas y verduras en Miami.

“Tenemos que pagar el alquiler, las facturas”, dijo el hombre, que pidió no ser identificado. “Y tuvimos suerte de que el abogado nos ofreciera un plan de pago mensual”.

Pero algunos abogados sin escrúpulos también están tratando de aprovecharse de la poca comprensión del sistema de inmigración por parte de los recién llegados.

Una abogado que encontró en línea le pidió al ingeniero de telecomunicaciones cubano $25,000 para tomar su caso.

Él se negó, pero la experiencia lo dejó más “pesimista”.

“En Cuba siempre tienes la esperanza de entrar [a Estados Unidos] y salir con un parole en la frontera”, dijo. “Pero si ese sueño se hace realidad, depende mucho de la suerte. Siento que el sistema no me quiere aquí”.

Nora Gámez Torres
el Nuevo Herald
Nora Gámez Torres is the Cuba/U.S.-Latin American policy reporter for el Nuevo Herald and the Miami Herald. She studied journalism and media and communications in Havana and London. She holds a Ph.D. in sociology from City, University of London. Her work has won awards by the Florida Society of News Editors and the Society for Professional Journalists. For her “fair, accurate and groundbreaking journalism,” she was awarded the Maria Moors Cabot Prize in 2025 — the most prestigious award for coverage of the Americas.//Nora Gámez Torres estudió periodismo y comunicación en La Habana y Londres. Tiene un doctorado en sociología y desde el 2014 cubre temas cubanos para el Nuevo Herald y el Miami Herald. También reporta sobre la política de Estados Unidos hacia América Latina. Su trabajo ha sido reconocido con premios de Florida Society of News Editors y Society for Profesional Journalists. Por su “periodismo justo, certero e innovador”, fue galardonada con el Premio Maria Moors Cabot en 2025 —el premio más prestigioso a la cobertura de las Américas.
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